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Suplemento Día Crónica [policultura para armar]

El ciudadano confortable

Arturo Ramírez Culturas
Lunes 8 de Junio, 2009 | Hora de creación: 05:05| Ultima modificación: 05:22

Apenas quedó atrás la contingencia sanitaria que puso en cuarentena las actividades proselitistas, cuando una nueva amenaza recorre el proceso electoral: crece una suerte de campaña sucia que llama a no votar por partido alguno este 5 de julio, para hacer manifiesto el hartazgo que la sociedad tiene de la clase política de este país.

La propuesta no es nativa ni es nueva. Ciudadanos en Blanco, por ejemplo, es un movimiento español que desde hace tiempo persigue que los votos nulos se computen, y si con ellos se consigue un escaño parlamentario, éste debe quedar vacío.

En México, organizaciones como Vota en Blanco, Para Políticos Nulos, Votos Nulos, Anúlalos, Yo Anularé mi Voto y Tache a Todos, promueven la cancelación del voto

en internet, contando entre sus promotores connotados a estrategas de las campañas políticas del 2006. Pero también académicos, intelectuales y periodistas (sobre todo estos últimos), se han sumado a la campaña o por lo menos, han hecho explícita su simpatía por ella.

No se puede identificar a un grupo único detrás de la promoción del voto en blanco, pues en la propuesta convergen diversas posiciones políticas, desde aquella que rechaza la “patraña electoral”, hasta la que busca forzar una serie de cambios, la cual es mayoritaria. Lo cierto es que en los mensajes y en quienes difunden la propuesta, predominan los jóvenes, sector en el que normalmente se dan las mayores abstenciones.

Quienes creen que con su promoción al voto blanco han tomado como rehén a la sociedad para negociar con la clase política la recuperación de una supuesta legitimidad perdida, han dado a conocer sus demandas:

• Reelección de diputados.

• Desaparición de los diputados plurinominales o reducción del número de legisladores.

• Modificaciones a la ley electoral que impide contratar propaganda política a particulares.

Llama la atención que los promotores más activos de esa idea tienen una relación estrecha con los medios de comunicación electrónicos, a quienes se les prohibió el jugoso negocio de la propaganda electoral.

Si uno es sospechosista, diría que estas empresas se estarían montando en una corriente que se fue extendiendo mediante cadenas de correos, videos de YouTube,

blogs y demás, llamando a repudiar a la clase política.

En todo caso, los medios de comunicación han expandido los alcances de la promoción del voto en blanco.

Este abstencionismo “activo” beneficia a partidos que como el PAN y el PRI, más a este último, que cuentan con recursos y estructura para asegurar sus llamados votos duros. De hecho, una de las motivaciones de esta estrategia política, puede ser la de convertir la contienda en una elección bipartidista, dejando fuera a los partidos pequeños como el PSD, Convergencia e incluso el PRD, quienes no cuentan con un voto duro importante.

Lo cierto es que después del 5 de julio, las cabezas visibles de campaña por la anulación del voto, quienes saben que hay una tendencia que muestra un alza histórica de ese tipo de sufragios, verán cumplida su causa y prestigiado su perfil político como “líderes ciudadanos”. Los medios tendrán, por este mismo motivo, la excusa perfecta para continuar después de las elecciones su cuestionamiento a la clase política y forzar los cambios que desean.

Es claro que toda la clase política ha contribuido a que se llame a repudiarla, pero en la medida en que está sujeta a las leyes y a las instituciones, resulta más encomiable, frente a los promotores avezados del voto en blanco, pues esconden bajo la piel de oveja ciudadana la ganancia política que esperan obtener de los votantes nulos.

Su propuesta nos convierte en ciudadanos de segunda, sujetos que pueden pasársela confortablemente bien sin ningún compromiso y responsabilidad política.

Creo que lo que debemos hacer es votar y discriminar a partidos y candidatos, y creo también que después de esta elección debemos ir tras ellos para exigirles cambios en las instituciones del país que fortalezcan

nuestra ciudadanía, como por ejemplo, para que haya transparencia y rendición de cuentas en el Gobierno Federal, partidos políticos, sindicatos, gobiernos estatales y congresos. Para que se incrementen las atribuciones legales de las Comisiones de Derechos Humanos; para que se castiguen los feminicidios y se acabe con la impunidad (urge, duele, avergüenza), para exigir que el Ejército regrese a sus cuarteles, y sí, claro, para lograr que se permitan candidaturas independientes. Digo, para empezar...

 
 
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