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El autor recuenta los errores y ambiciones del innombrable. El Regreso del PRI (y de Carlos Salinas de Gortari) presenta un escenario tambaleante para el futuro: ¿de qué tendríamos que cuidarnos?, ¿del regreso de la estructura amorfa tricolor o del regreso del jedi de la política en México?
El Regreso del PRI (Planeta, 2009) es un libro que recrea momentos difíciles, incluso anteriores a la llegada de Carlos Salinas de Gortari a la Presidencia en 1988. Explica cómo la carrera política de Salinas comenzó desde el vientre materno, hasta llegar a 1979, cuando de la Madrid –entonces secretario entrante de Programación y Presupuesto- designó a Salinas director de Política Económica y Social.
Y aunque él no era el favorito de papá, Carlos Salinas se impuso ante su hermano Raúl para timonear un barco muy pesado que no ha dejado de chapotear. Al respecto, Carlos Ramírez profetiza: “Los políticos viven del poder, no de los sentimientos. Por eso pudo llegar a la Presidencia, logró resistir la ofensiva del poder y revivir su propuesta de desarrollo. Así que habrá Salinas para rato”.
Pese a los complejos de un hombre “traumado por su tamaño, con tono tripulado de voz, calvo prematuro, orejas grandes y bigote espeso” llegó a ser un doctorado light en Harvard, con una facilidad de seducción a intelectuales que siempre fueron de izquierda, como Carlos Monsiváis y a otros, como Héctor Aguilar Camín, Octavio Paz y hasta Gabriel García Márquez, quien le presentó a Fidel Castro.
Tuvo enemigos (y los que tiene en su lista negra) como su entonces fraterno Manuel Camacho Solís, quien pudo haber sido su sucesor. Camacho fue “un intelectual molusco”, que se adaptaba a la forma del envase –dice Ramírez-, ya que su estado líquido le permitió estar en varios momentos conciliatorios: negociador con Miguel de la Madrid, neoliberal con Carlos Salinas, demócrata con los zapatistas, plural con su Partido de Centro Democrático y neopopulista con López Obrador. Sin duda, un tipo importantísimo durante el sexenio de Salinas, pero quien también le echó a perder su aspiraciones de reelección.
Ernesto Zedillo, otro enemigo, quien comenzó manso y honesto, pero “el poder cambia”. Carlos Salinas parecía no combatir a Zedillo a pesar de que éste lo desprestigió con sus amistades, lo apabulló en sus visitas a México mientras vivía exiliado en Europa, le sacó sus trapitos al sol y encarceló a Raúl Salinas, su hermano. Al final, cuando Zedillo entregó la Presidencia a un panista, la indiferencia no causó mella en él. Sin embargo, Salinas poco a poco iría reconstruyéndose y fortaleciéndose.
Por otro lado, Carlos Ramírez no olvida al crucial Joseph-Marie Córdova Montoya, quien fuera la conciencia de Salinas. Desde el primer momento en que lo conoció ya no lo dejó ir y entablaron una fuerte amistad, de tal manera que a él se le destinaron los asuntos relacionados con la seguridad nacional, otro error del salinato porque Córdova “careció de un sentimiento nacional de arraigo”.
Para el autor de este libro, el terrible deseo de reelección es lo que llevó a Salinas a perder visión, además de aferrarse a su mayor sueño: ser director de la Organización Mundial de Comercio. Por esta causa trataría solamente los aspectos económicos, sin prestar atención a cuestiones políticas y sociales, aunque finalmente en lo económico dejó mucho que desear y llevó al país a una gran devaluación que se conoció en el exterior como el “Efecto Tequila”.
Sabemos que gracias a Salinas cerca de mil 150 empresas de todo tipo fueron privatizadas. Además de la firma de un tratado que no ha alcanzado grandes logros: “La gran victoria de Salinas entonces, sería no la del TLC, sino el control de todas las áreas de la política económica en México”.
¿Qué significa entonces el regreso del PRI? Según Ramírez, que Salinas le apuesta a la desmemoria de la gente. En su capítulo “¡Uno, dos, tres, Salinas otra vez!”, destaca el papel de Andrés Manuel en la coincidencia de proyectos: “Salinas encabeza el neoliberalismo populista y López Obrador promueve el populismo neoliberal. Y ambos están encaminados hacia el 2012”.
Invariablemente, Carlos Salinas empleará a todo un equipo priísta para continuar en el mando. Estará tras bambalinas apoyando a figuras como Enrique Peña Nieto, quien ya se apuntala para el 2012, y con él a todo un séquito de personajes dañinos. Falta, quizá, que el autor proponga una salida exitosa para los mexicanos o una receta para estar preparados.
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