La Crónica de Hoy | En el desfile-concierto ante la estatua de Cuauhtémoc se escuchó una vocecita: “Papá, álzame. Quiero ver a México”

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En el desfile-concierto ante la estatua de Cuauhtémoc se escuchó una vocecita: “Papá, álzame. Quiero ver a México”
Adrían Figueroa | Nacional | Fecha: 2010-09-16 | Hora de creación: 12:29:13 | Ultima modificación: 12:11:31
festejos.Lila Downs durante el concierto en la glorieta de Cuauhtémoc. Foto: Notimex

“Papá, álzame. Quiero ver a México”. Y Leo Muciño, de siete años, sobre los hombros de su padre, miró ese México que se reunió en Insurgentes y Reforma la tarde-noche de ayer para celebrar sus 200 años de libertad.

Ese México de cabezas de peluche tricolor, de orejas grandes luminosas con el escudo patrio, de playeras de la selección nacional, al envuelto en banderas, de bufandas con colores blanco, rojo y verde, de sombreros charros, a las chinas poblanas, a los zapatas y villas que mostraban orgullosos sus bigotes y las mujeres de pestañas pintadas con los tres colores patrios.

Al México de mejillas y cachetes colorados, blancos y verdes que fueron transformados por la magia de un gis tricolor de cinco pesos.

Pero sobre todo, Leo miró al México festivo, ese que reúne a las familias, a los jóvenes, a las personas de la tercera edad, de diferentes credos, de preferencia sexual distinta. A esos que se congregaron en ese punto para ver un desfile y luego escuchar el concierto de varios artistas.

EL DESFILE. Fueron seis horas, en las que Leo, a intervalos, subía a los hombros de su papá. En su posición privilegiada, conoció los carros alegóricos y descubrió al rey azteca Cuauhtémoc, cuando pasó sobre un carro-zompantli. “Él fue el último emperador y a quien los españoles le quemaron los pies”, le dijo su papá. Pero también al dios Quetzalcóatl.

Y pasaron los revolucionarios, los camellos, barcos, calaveras, toritos de fuegos artificiales que no fueron prendidos..., toda una serie de personajes, de símbolos y tradiciones del país.

Fue un florilegio de cuadros que fueron desde la época prehispánica, La Colonia, la Independencia, la Revolución, el baile, la música, lo actual. Y cada carro alegórico que pasaba, cada hombre, cada mujer, de los 5 mil voluntarios que dieron vida a distintos personajes, fueron vitoreados.

A algunos les pedían que bailaran y eso hizo una calavera. Se paró en medio del cruce. Realizó unos pasos poco comunes, entre una especia de jarabe y break. No importó su desincronización. Leo, al igual que todos los presentes, le aplaudió.

Poco más de dos horas duró el desfile. Y el padre de Leo recibió un descanso más largo: de casi 20 minutos, antes de que empezara el concierto donde actuarían Espinoza Paz, Lila Downs, Natalia la Fourcade y Eugenia León.

EL CONCIERTO. El jaranero Luis Domínguez comenzó con la música. Un verso suyo gritó, antes de dar paso a la actuación del grupero Espinoza Paz: “cumplimos 200 años y vamos por los 500”.

Y su tonada romántica caló hondo en el público, pero el júbilo se dio cuando cantó “El Sinaloense”. La energía de la tuba y los metales puso a bailar a todos: a los rockeros que esperaban a Natalia, a los seguidores de Lila y Eugenia. Era el son mexicano ahí, que cimbró los sentidos de la gente.

Luego vendría Lila. Con su voz, su aspecto, sus tonos. Sus canciones coreadas por los miles y el “¡Viva México!” se agrandaba en las bocinas y aire por donde circulaban las sonoridades de esas dos palabras.

Luego vino el Grito. El enlace con el presidente Felipe Calderón. Leo miraba y conocía a ese México festivo que había salido una noche...

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