Sabina en el Auditorio: tan joven y tan viejo, “like a Rolling Stone”

2017-05-14 23:53:50

El pasado viernes por la mañana el cantautor español Joaquín Sabina dijo que una vez en Chile lo recibieron con el título de “profeta del vicio”; al sacar su más reciente disco Lo niego todo, en España la crítica lo encumbró como el mejor letrista hispano junto a su amigo Joan Manuel Serrat, sin embargo, en México ha llegado a negarlo todo, tal y como reza la letra del tema que le da nombre al disco. A este país llegó para enamorarse de El Tenampa en Garibaldi, para hacerse hermano de Chavela Vargas y amigo de Gabriel García Márquez; y la noche de ayer llegó al Auditorio Nacional para ser el protagonista de una película que rinde tributo a la vida en sus canciones.

Pasadas las 18:00 horas se apagaron las luces y mientras el público lo recibía con ovaciones y aplausos sonó la tonada con orquesta de “Y nos dieron las diez”, luego todo oscureció y en la pantalla aparecía Sabina en las portadas de un diario ficticio: “Imputado por pastillas para no soñar”, decía uno de ellos, al mismo tiempo que Pancho Varona, Antonio García de Diego y el resto de los músicos tomaban su lugar en el escenario y Joaquín Sabina salía de un lado del escenario, con su traje morado y la historia de su trayectoria debajo de su sombrero de bombín.

Después de siete años, el español lanzó un disco con temas nuevos, la primera etapa del concierto estuvo dedicada a mostrar sus divertidas y melancólicas letras. Comenzó con “Lo niego todo”, nombre a su disco de estudio número 18 y luego se quitó el sombrero para saludar a su público mexicano.

“Muchas gracias, este lugar nunca ha sido uno más, ha sido especial en muchos sentidos, fue el primero donde cantamos en Latinoamérica y ahora es especial porque es el primero de nuestra gira, este templo para nosotros es el más importante, es el más grande y eso en parte ha sido su culpa. Aquí en México estamos a una altura en la que me falta oxígeno pero los tengo a ustedes para el boca a boca”, expresó para cantar “Quien más, quién menos”.

“Desde aquella primera vez siempre que vuelvo a la madrastra patria, en mi maleta me llevo cosas de México, esta canción tiene algo de aquí aunque no lo diga explícitamente”, dijo para dar vida a “Postdata” y a ella se unieron después “No tan deprisa”, que es un homenaje a J. J. Kane, y luego el reggae de “Que estoy haciendo aquí”.

“En estos conciertos estaré mucho tiempo sentado por recomendación de mi doctorcita, pero también habrá algo de rock and roll que nos gusta tanto”, dijo en otro momento. Luego cantó “Lágrimas de mármol”, con la que le rinde homenaje a su amigo y fallecido Gabo al ritmo de “Vivir para cantarlo” y luego cerró la parte de su nuevo disco con “Noches de domingo”, mientras Pancho Varona se paseaba con su barba cana y guitarra por el escenario.

“Lo he contado muchas veces, pero lo seguiré repitiendo, los grupos no duran mucho, como los matrimonios. Solo los Rolling Stones, Les Luthiers y nosotros (...) En estos tiempos tristes para la música y la poesía se fue Juan Gelman, quien también vivía en México, y también mi amigo Gabo. La última vez que lo vi le pregunte ¿cómo estás Gabo?, y él me respondió: ‘hace tiempo que no me hago caso’, me dijo y me pareció un gran verso para una canción”, expresó el español para después darle el micrófono a la seductora corista Mara Barros, que cantó “Hace tiempo que no”. Entonces arrancó un recorrido por su historia.

“Las amarguras no son amargas, cuando las canta Chavela Vargas, y las escribe un tal José Alfredo”, cantó Sabina a dueto con 10 mil personas como parte del tema “El bulevar de los sueños rotos”; posteriormente Mara Barros volvió a atrapar el escenario con su efusiva voz en “Y sin embargo te quiero”, preámbulo perfecto desde hace algunos años para dar paso a su magistral “Y sin embargo” que elevó más el coro de los miles de espectadores.

La alegría llegó con “Ruido”, la solemnidad con “Peces de ciudad” con versos como “en Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver” y baile con “19 días y 500 noches”.

Se hizo el silencio unos instantes después de la ovación. Y luego se rompió con las notas de piano de Garcia de Diego. Comenzó “La Magdalena” y la voz aguardientosa de Sabina volvió a hacer hermosa la historia de una prostituta. Luego se despidió momentáneamente con “Medias negras” y el rock de “Princesa”, de hecho regresaron en el mismo tono con “El pirata cojo”, en la voz de Pancho Varona y luego “Seis de la mañana”, que puso a algunos espectadores a hacer air guitar en los pasillos.

Una nueva despedida llegó con la melancolía ranchera de “Noches de boda” unida a “Y nos dieron las diez”: “No se me mueran, carajo, gracias, México, gracias”, dijo. Pero la ovación del público de pie lo hizo regresar con tres canciones emotivas por demás.

Primero con Antonio García de Diego cantando, “Tan joven y tan viejo”, luego Sabina de vuelta al timón del micrófono para dar vida a “Contigo”, con su letra perfecta que conmovió a cientos y finalmente con la energía de “Pastillas para no soñar”.

 
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