Wishful thinking

2017-09-25 22:42:10

Estamos a apenas cinco días del 1 de octubre, cuando está convocado en Catalunya un referéndum de autodeterminación unilateral, ilegalizado por el gobierno español.

En la última semana, se han recrudecido las represalias de la justicia española. Si en los días anteriores se esmeró en mandar confiscar material electoral, registrar imprentas y medios de comunicación y también en imputar 712 alcaldes por desobediencia; esta semana estuvo marcada por el registro de oficinas del gobierno catalán y el arresto de altos cargos del mismo, acusados de organizar el referéndum.

Además, la secretaría de Interior intenta tomar el control de los Mossos d’Esquadra, la policía catalana, bajo el mismo mando de la Guardia Civil y la Policía Nacional, algo a lo que de momento se resisten tanto el gobierno catalán como los propios Mossos.

Ayer mismo, el fiscal general español, Manuel Maza (que tiene pasado franquista y a quien sus amigos apodan Mazinger) aseguró que no descarta mandar arrestar al propio presidente catalán, Carles Puigdemont (les ayudo: se pronuncia Puchdamón en catalán barcelonés). Aunque, eso sí, dice que por ahora no está la idea encima de la mesa.

En cualquier caso, parece evidente que aunque sea a oscuras, sin internet y con pocas papeletas, millones de catalanes acudirán a las urnas este domingo, presumiblemente para votar a favor de la independencia. El margen de la victoria del ‘Sí’ será probablemente amplio, puesto que parece poco probable que el bando del ‘No’ acuda en la misma proporción que los independentistas a las urnas y no opte por tratar de boicotear la cita. La única manera de convencer a los unionistas de participar sería que temieran que de verdad el resultado será vinculante. Cosa que parece que no temen.

En cambio, buena parte del bando independentista parece estar convencido de que el resultado será en efecto vinculante. Según la convocatoria del gobierno de Carles Puigdemont, en caso de victoria del ‘Sí’, en los días siguientes al referéndum se declarará unilateralmente la independencia de Catalunya de España y se pondrá en marcha la (también suspendida) ley de transitoriedad jurídica.

Los diccionarios tienden a traducir el concepto inglés de “wishful thinking” como “pensamiento ilusorio”. La idea es la del razonamiento que atiende más a los argumentos de lo que nosotros queremos que ocurra, o que sea, que a lo que apuntan las evidencias. Creer que el 2, el 3 o el 10 de octubre, Catalunya será independiente en caso de victoria del ‘Sí’ este domingo es una mera ilusión.

Ni los más avezados videntes se atreven a pronosticar qué ocurrirá entre este domingo y la próxima semana, pero lo que es seguro es que no veremos una Catalunya independiente a corto plazo. Una independencia, además de declararse, debe llevarse a cabo, y ahí es donde empiezan los problemas para el gobierno de Puigdemont.

No contamos con la garantía de que la policía catalana, suponiendo que mantiene su propia dirección, se pondría de parte del Ejecutivo en un proceso de desconexión efectiva. Tampoco tenemos la garantía de que el gobierno catalán sería capaz de convencer a todos los contribuyentes de pagar sus impuestos en la nueva agencia tributaria catalana. Tampoco conocemos a ciencia cierta si habría empresas que se marcharían del territorio, ni cuántas.

Tampoco sabemos con qué facilidad podríamos seguir manejando el euro como moneda en una Catalunya independiente sin ser parte de la Unión Europea. Andorra, por ejemplo, lo hace, pero su economía es mucho más pequeña y vive del turismo de la eurozona. Finalmente, tampoco sabemos cómo la consejería de Economía que lidera el número dos del ‘govern’, Oriol Junqueras, podría negociar la compra de la deuda que tocaría por peso a Catalunya o la de las propiedades del Estado en el territorio catalán. No sin la disposición de la otra parte a negociarlo.

Por fuerte que sea la voluntad del pueblo de Catalunya de lograr la independencia de España, las cuestiones que pesan sobre cómo se ejecutaría una secesión unilateral son demasiado poderosas como para que el puro y duro wishful thinking pueda ignorarlas. Entre tanto, no existe otra opción para los independentistas que mantener el rumbo de esta misión kamikaze y rezar para que la providencia divina obligue a Madrid a sentarse a negociar.

marcelsanroma@gmail.com

 

 
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