TLC una negociación perdida de antemano

2017-09-28 23:25:52

La firma del TLCAN es parte de la estrategia de desmantelamiento de las instituciones del estado mexicano surgido de la revolución. Se inscribe en un momento de grandes cambios: ha terminado la etapa histórica del fin del colonialismo y de la guerra fría. Los países del centro y el este de Europa ha cambiado de régimen. El fin simbólico de una era es la caída del muro de Berlín.

Algunos filósofos hablan del fin de la historia. Algunos politólogos del triunfo irrebatible del capitalismo.

En México también parece haber un cambio radical de régimen, por medios pacíficos: el gobierno de Miguel de la Madrid integrado por un grupo de jóvenes tecnócratas abandona definitivamente los principios de la revolución mexicana y termina el proceso de destrucción de la estructura productiva del estado mexicano en el campo, manteniendo solamente dos grandes monopolios de estado: Pemex y la CFE y una cuantas empresas estatales y paraestatales y decide sumarse a la ola económica más conservadora: la que propone el neoliberalismo como eje económico.

Esta política significa en México una apertura unilateral a los procesos de libre comercio. La firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN / NAFTA) es parte de la nueva estrategia económica. El discurso dice que la libre circulación de mercancía crear más demanda, más empleo, mejores ingresos para los trabajadores.

Pues bien, no es así. En efecto ha habido crecimiento de los ingresos promedio de los trabajadores en los tres países integrantes del tratado, pero ese crecimiento ha sido asimétrico. Mientras los políticos mexicanos (particularmente los del PRI) mantienen un discurso triunfalista que habla de un crecimiento permanente y de mejores condiciones de vida para todos, las cifras del mismo gobierno desmienten ese optimismo: lo que ha crecido en México es la pobreza, hoy hay más pobres y son más pobres. Es decir, la población en pobreza es de más de 53 millones de personas, mientras en el otro extremo están los ganadores en la TLC: México tiene hoy más ricos en las listas de Forbes que Suecia, Francia y otros 20 países de la Unión Europea. 

Otra promesa del TLC era el mejoramiento del ingreso de los trabajadores. Al menos en México es otra promesa incumplida. El ingreso de los trabajadores, medido como suma total, PIB Per Cápita, de los trabajadores mexicanos ha crecido en los 23 años del TLC a un promedio anual de 0.3% mientras en los Estados Unidos crece 1.5% y en Canadá 1.6% (cifras y algunos criterios de análisis tomados de la ponencia de José Luis Calva en el Consejo Nacional de Universitarios por una nueva estrategia nacional de desarrollo); así las asimetrías de las tres economías se han profundizado. Quizá por esa razón más de 12 millones de mexicanos han optado por migrar a los Estado Unidos y un número creciente lo hace a Canadá.

Respecto a la inversión extranjera: en estos 23 años han llegado inversiones por 559,000 millones de dólares. Pero solo una parte menor de estas inversiones crea nuevos empleos, un porcentaje importante se ha enfocado a la adquisición de empresas ya establecidas, ya altamente productivas, por lo que solo han realizado transacciones financieras, sin aportar ni tecnología, ni nuevos puestos de trabajo. El superavit industrial es ficticio: exportamos mano de obra, porque la mayoría de las industrias manufactureras de exportación son extranjeras y en México solo se maquilan los productos. Así que exportamos mano de obra barata y de calidad.

Los problemas que encuentran (y tratan de ocultar) nuestros negociadores están fincados en esta asimetría que se hace cada vez más profunda.

Algo más: es necesario que se incluya en la negociación el tema del agro, más allá del discurso triunfalista del Secretario, y para el Consejo Universitario un invitación a abordar el tema de una nueva estrategia de desarrollo rural.

 

 

 
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