Fuerzas Armadas y democracia

2017-10-03 02:58:27

Cada aniversario de la masacre de Tlatelolco debería hacernos reflexionar seriamente sobre el lugar que corresponde a las Fuerzas Armadas en la sociedad democrática. Como se sabe, el día 2 de octubre de 1968, en la Plaza de Tlatelolco, se produjo el más grave desencuentro entre el Ejército y la sociedad civil de la época contemporánea.

Los hechos son más o menos conocidos: las tropas perpetraron un ataque brutal, a balazos, contra una reunión pacífica a la que asistían jóvenes estudiantes, maestros, padres de familia, mujeres, niños y ancianos. Se trató, simplemente, de una masacre.

Esa acción tuvo efectos cismáticos: simbolizó la declinación del viejo sistema político autoritario e inauguró la transición hacia la democracia. Hoy podemos decir que México cuenta con un régimen basado en elecciones democráticas, pero hay instituciones, normas, valores, usos y prácticas del viejo sistema que no cambiaron con la democratización del país.

Me pregunto: ¿Hasta qué punto las Fuerzas Armadas —Ejército y Marina—se rebobinaron para adaptarse al orden político democrático? El actual Ejército mexicano surgió de la revolución de 1910, vinculado a la cultura de los generales revolucionarios (se dice que el último representante de esa generación de militares fue, precisamente, Marcelino García Barragán, secretario de la Defensa en 1968).

Pero: ¿hasta qué punto las Fuerzas Armadas se han dotado de una filosofía y de una organización moderna en consonancia con las instituciones democráticas? No hay muchas evidencias de que eso haya ocurrido; en cambio existen datos que confirman, por ejemplo, que el Ejército (y no sé hasta qué punto la Armada) conserva su estructura antigua como corporación cerrada y opaca, que no se muestra mucho ante el público.

El principal ingrediente de una corporación armada en una sociedad democrática es su relación con las instituciones civiles. En primer lugar, el componente militar debe subordinarse ante el componente civil. ¿Sucede eso realmente en México? No es claro, desde luego. Los militares tienen un sistema de autogobierno y hasta la fecha no se ha admitido que un civil acceda a la Secretaría de la Defensa.

Un segundo elemento de la relación entre Fuerzas Armadas y democracia es la subordinación que debe existir de los militares hacia las instituciones de justicia civiles. Tampoco aquí hay un historial consistente, pero hay casos negativos. En 2015, por ejemplo, fuimos testigos de un acto de diáfana rebeldía de los militares contra la justicia civil. Me refiero, desde luego, a la negativa de la Secretaría de la Defensa a admitir que soldados de la zona militar de Iguala se presentaran a declarar como testigos en el proceso por la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa.

Esta franca ruptura del orden jurídico democrático por parte de los militares fue asumida con resignación, sin decir palabra, por las autoridades civiles. Esto ocurre porque el Ejército sigue siendo una institución con un enorme poder fáctico que cuenta, además, con altos índices de aprobación entre la población, como lo prueban numerosas encuestas.

Este prestigio creo que se desprende de las tareas de orden social que realizan las Fuerzas Armadas cada vez que ocurre un desastre natural, como ocurrió con los sismos recientes. En estas situaciones, las Fuerzas Armadas muestran su rostro amable, de generosidad, de entrega y de solidaridad, lo cual les concita la simpatía unánime del pueblo y les convierte en la institución social por excelencia.

 

 
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