Escasez de agua: detonante de conflicto social en la Ciudad de México

2017-10-04 22:08:16

Aleida Azamar Alonso*

México es una nación de grandes contrastes en cuanto al tema del agua, mientras que en las zonas urbanas se tiene acceso casi total (92%) para todas las personas a este bien, en las zonas rurales al menos uno de cada cuatro individuos no posee acceso a servicios básicos o a agua corriente (75%); además, se gasta 72% del total de agua disponible en el país para actividades agrícolas.

Sin embargo, debido a la falta de tecnificación en el transporte de este bien, menos de 50% del líquido llega a su destino final debido a que se derrama, evapora, filtra o se vende de forma ilegal durante el camino. Por otra parte, sólo 8% del agua se destina a uso doméstico, el restante se usa para actividades industriales. De hecho, las tarifas que se le imponen a las empresas pueden llegar a igualarse o ser menores que las de grandes consumidores domésticos. Es decir, la inmediatez y centralización del servicio hídrico responde a la concentración industrial en la zona urbana.

Es importante considerar que el gobierno mexicano ha fomentado una cultura de oferta del agua, por lo que se ha creado poco interés sobre la protección y cuidado de este bien, reflejándose en prácticas de desperdicio que en varios países del mundo ameritarían sanciones administrativas o incluso la cárcel. En parte, esto se debe a la ausencia de participación ciudadana. En cambio, varios países de América Latina que cuentan con una baja dotación del recurso hídrico han realizado grandes cambios sociales para que las comunidades puedan administrar junto con el gobierno dicho bien de forma que se entregue a todos los individuos, además la cuidan y apoyan el interés del buen uso (Boelens, 2005; Hall, 2002).

En México, no existen comités u organizaciones ciudadanas urbanas fuertes que dialoguen con el gobierno y que promuevan un uso adecuado del agua, tampoco se cuenta con planes de emergencia que orienten a los ciudadanos ante situaciones como las que acaban de ocurrir con los dos terremotos del 7 y 19 de septiembre pasado, los cuales dejaron en sequía a varias colonias de las delegaciones Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco en la Ciudad de México (CDMX),a pesar de que muchas de estas colonias ya carecían del suministro meses antes de los sismos (SinEmbargo, 2017).

Por otro lado, aunque la zona centro de la CDMX es la que más daños sufrió, la mayoría de los servicios básicos no se suspendieron o fueron restaurados rápidamente, mientras que, en colonias con una distancia de aproximadamente 40 kilómetros del centro de la ciudad, hay espacios que aún carecen de agua, luz o de servicio telefónico, lo cual ya sucedía antes de estos desastres naturales, pero se ha agravado y, desafortunadamente no obtienen atención por la falta de clústers relevantes.

Los pobladores en estas zonas se enfrentan a un escenario complejo, la carencia del bien y la ausencia de autoridades que respondan con estrategias o medidas adecuadas y claras ante el problema. Es de sabiduría popular que ante la falta de agua se puede acudir a la delegación a solicitar una pipa de agua; sin embargo, no existe información en los medios oficiales sobre este trámite. Las personas que lo han intentado se enfrentan a largas filas, en las que otros individuos están igual de confundidos y sin saber cómo solicitar una pipa y cuánto tiempo tardará en llegar al lugar donde la necesitan.

La disponibilidad de este recurso también es limitada para las autoridades de cada delegación por lo que son contados los vehículos que pueden auxiliar a los habitantes, de forma que la desesperación ha dado pie a diversas conductas, ejemplo de ello es el robo de pipas de agua (Huffingtonpost, 2017) y para sorpresa de algunos vecinos éstas no se han utilizado para repartirse entre ellos de forma gratuita, sino que se vende la carga a precios que oscilan entre mil y dos mil pesos, provocando enfrentamientos violentos entre la población por la escasez de agua, ya que en muchos casos se ha tenido que recurrir a fuentes de abastecimiento que no son aptas para consumo humano.

Las denuncias públicas se escuchan entre la población porque el problema aún no está resuelto, pero las autoridades señalan que el inconveniente ya está controlado y en breve se reanudará el servicio de forma normal (Radio Fórmula, 2017). Aunque la situación del centro de la CDMX es apremiante por la cantidad de vidas pérdidas y edificios dañados, en las delegaciones circundantes los riesgos no son menores, ya que muchas personas de escasos recursos perdieron su patrimonio, de forma que la opción que tienen es vivir en la calle y al estar sin acceso al recurso más básico se encuentran en peligro de cualquier infección sanitaria.

Es necesario plantear una estrategia que ayude a crear un órgano popular para la vigilancia en el uso del agua y de los recursos económicos que se les asignan a las delegaciones. Además, que apoye en la formulación de un plan de emergencia para orientar a los habitantes afectados por este u otros desastres naturales para que sepan a dónde ir a solicitar apoyo. En segundo lugar, promover conciencia social en el uso y consumo del agua, ya que, de otra forma, aunque regrese el servicio, este no será suficiente debido a que se le da prioridad a la industria y/o la cultura de oferta que existe en nuestro país.

El gobierno debe asumir su responsabilidad, además en esta ocasión la población quiere involucrarse, por lo quesería adecuado que existieran indicaciones claras ya que en caso de emergencia se sabría qué hacer disminuyendo notablemente la confusión que hoy se vive sobre todo en estas delegaciones —y que aunado a los daños de las viviendas que muchos sufrieron— genera un clima de malestar social.

* *Profesora-investigadora del Área de Análisis y Gestión Socioeconómica de las Organizaciones del Departamento de Producción Económica de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana

 
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