1985-2017 Dos grandes diferencias

2017-10-05 23:51:11

GRAL. DE DIV. SALVADOR CIENFUEGOS,

SECRETARIO DE LA DEFENSA NACIONAL:

+La civilización es una carrera

entre la educación y catástrofe

H.G.Wells

 

Es obvio que ignore si la siguiente historia es ya de su conocimiento, pero sea así o no, usted deberá estar orgulloso de haber comandado la acción que hizo el cambio:

Eran pocos minutos después de las seis y media de la tarde del 19 de septiembre de 1985 y ya se encontraban casi todos los colaboradores del Jefe del Ejecutivo, convocados para una reunión urgente del Gabinete Presidencial, cuando algunos se extrañaron por ver pasar, con gesto de preocupación, al entonces Jefe del Departamento del Distrito Federal, Ramón Aguirre, rumbo al despacho presidencial. Tocó, la puerta se abrió y se volvió a cerrar. Pasó un instante y se abrió de nuevo para que el regente entrara y escasos minutos después volviera a salir junto con el presidente  Miguel de la Madrid.

El trayecto terminó frente a una de las ventanas que miran a la Plaza de la Constitución, pletórica en aquel momento de vehículos militares y de soldados que bajaban de ellos. El presidente miró el espectáculo no más de un minuto. Miró a Ramón Aguirre y lo tomó del brazo derecho para volver a su despacho.

Pocos minutos después de las siete de la tarde, los vehículos militares fueron abordados nuevamente por los contingentes que habían conducido hasta ahí y lentamente bajaban de la plancha de negra piedra volcánica  rumbo a la calle 5 de Mayo.

—El Ejército no debía, de ninguna manera, participar y menos asumir el mando de las acciones para afrontar las consecuencias del terremoto de aquella mañana -me explicó, años después, el contador público Ramón Aguirre Velázquez, ya convertido en un civil deseoso de gobernar el estado de Guanajuato—.

A diferencia de lo anterior, en esta ocasión y en todos estados agredidos por los sismos de las últimas semanas, han participado los contingentes de la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina  en la primera línea de las diversas acciones que el país realiza para apoyar a los sobrevivientes de los sismos y a las familias de las víctimas y lo único que la Nación ha presenciado en su conducta es la que en todo momento cumple de acuerdo con sus responsabilidades constitucionales…

Otra diferencia que merece apuntarse entre los dos sismos que mayor daño le han provocado al país en las entidades afectadas durante las últimas décadas fue el hecho de que en 1985, transcurridos unos 8, 10 días de iniciarse la tragedia, se realizó una estrategia de difusión para informar a la población en general de los graves peligros con que amagaba el proceso de descomposición de los cadáveres enterrados bajo los escombros, que no se repitió en esta última ocasión.

Razones y justificaciones sin duda las hubo 32 años atrás, y fue necesario tomar las medidas conducentes a lograr la comprensión de las familias que no verían los restos de sus seres queridos cuya cantidad real jamás se conoció con precisión, pero sin duda fue superior en alto grado a las víctimas del 19 de septiembre pasado, ni el 10 por ciento de la cifra de tres mil que en 1985 se oficializó.

 

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