“Yo me hago cargo”, odisea de un papá soltero

2017-10-05 23:53:12

José Carlos tiene 25 años y cría sin apoyo de la madre a dos niñas: Sharon, de 5 años, y Mía, de 3. Sonríe mientras cuenta que hace cuatro años conoció a Carmela y a su hija Sharon, “nos comenzamos a tratar y al poco tiempo ya estábamos viviendo juntos y como al año nos casamos”.

 “Al principio parecía que todo iba a funcionar, tan así que yo  registré a Sharon como mi hija… al año de casados quedó embarazada y nació Mía, pero la relación comenzó a tener muchos problemas”.

José Carlos, repartidor de la Coca Cola, cuenta que Carmela “era una chava buena, muy bonita, y me entusiasmé con ella, pero sí llevaba una vida desbalagada, la verdad es que yo pensé que iba a cambiar”.

 El gusto de Carmela “por las chelas y el relajo”, dice, fueron más fuertes que el amor que decía tenerle a su esposo, quien cansado de llegar a casa después de trabajar y encontrar a las niñas sucias y muchas veces sin comer, lo obligó a tomar una decisión que les cambiaría la vida a las niñas y a él.

 “Me armé de valor, un buen día, dije, ¡ya basta! Y agarré a mis hijas y la abandoné”, mientras con la vista fija en su cigarrillo, recuerda, se dibuja una sonrisa en su rostro y confiesa “me fui a casa de mi mamá, no tenía a dónde más ir con dos pequeñitas en brazos”.

–¿Cómo fue que te llevaste a las dos niñas? La mayor no es hija biológica tuya.

–¡Claro que es mi hija, las dos son mis hijas!, legalmente Sharon y Mía son hermanas.

Toma aire muy profundo, contiene la respiración y suelta: “¡no, no, no. No podía dejar a Sharon en esa casa, y no me las robé, eh!, –advierte–.

 José Ramón, hermano de José Carlos, es abogado, así que mientras Carmela pensaba que había sido un berrinche, que su esposo no podría sólo con las niñas y que pronto regresarían, se entabló una demanda, exigiendo la patria potestad de sus hijas.

 “Me duele confesártelo, pero fue relativamente fácil ganar. Tenía testigos y todos verdaderos, quienes pudieron constatar que Carmela no era la mejor de las madres, que no tenía un trabajo, no tenía cómo sacar adelante a las niñas, que se la pasaba como se dice, en el coto”.

 Mis primos y mis tíos me cuestionan que por qué no me busco una mujer para que me cuide a mis hijas mientras yo trabajo, hay quienes me reprochan que “para que te trajiste a la que no es tuya”.

 Yo les digo que “Dios nos tiene bien tomados de su mano a los tres, y él nos va a ayudar a salir adelante. Mientras yo siga contando con el apoyo de mi mamá para que me las cuide cuando yo me voy a trabajar, creo que no tengo de qué preocuparme”.

 Te repito, las dos son mías, ellas a final de cuentas son hermanas, y son mis hijas, porque yo las estoy criando, son ellas las que me dan la fuerza para seguir adelante, “son ellas mi primer pensamiento cuando mis compas de la chamba o de la cuadra me dicen que invite las chelas, nel, tengo que comprar leche y pañales, les respondo”.

 “No te voy a decir, que ya nunca, si me doy mis escapaditas, incluso con alguna chamacona, pero nada serio, ellas saben que soy papá soltero, que no tengo nada que ofrecerles, no por el momento, ya mañana, pues Dios dirá”.

“Mi jefecita es la única que me dice que primero me adapte bien a mis niñas, que las atienda, que vea por ellas siempre antes que por cualquier otra mujer, me dice que ahora Sharon y Mía son mis mujeres, son mis princesas, y como hacen muchas madres solteras me dice mi mamá: ahora tú tienes que ver primero por tus hijas”, y así lo voy a hacer, promete.

 
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