La huelga nacional

2017-10-06 23:31:26

Estrada, siempre atento, comentó:

—El gobierno no reprimió la manifestación de estudiantes del 5 de agosto, pero debió responder de alguna manera, ¿no es cierto?

—Claro que hubo respuesta. La manifestación sorprendió a las autoridades; ellas advirtieron que lo que ahora se expresaba no eran los jóvenes que se enfrentaron con la policía ni tampoco eran representantes de una institución, se trataba de una fuerza, inédita, desconocida, autónoma, que los desafiaba. De hecho, la manifestación del CNH del día 5 de agosto fue el inicio de la primera insurgencia cívica y democrática del México moderno. Al amanecer del martes 6, el panorama se había complicado. El movimiento había cobrado una dinámica expansiva y los estudiantes comenzaron a preparar, con mucha energía, la huelga nacional de universidades que, de no resolverse las seis demandas, debía estallar el día jueves 8 por la noche. Las autoridades estaban emplazadas: la pelota estaba ahora en su cancha. En cualquier democracia la respuesta hubiera sido entablar un diálogo serio para resolver el conflicto, pero México no era una democracia, de modo que la respuesta que se produjo fue un engaño, un truco político con el cual se buscaba golpear y dividir a los estudiantes. El regente de la ciudad, general Alfonso Corona del Rosal, llamó a los estudiantes descontentos a dialogar, pero, ojo, no se dirigió al CNH, sino a la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) que, como antes dije, era una organización oficialista y dócil al gobierno. Los líderes de la FNET improvisaron un pliego petitorio y el regente dio solución inmediata a algunas peticiones anodinas. Antes de que se cumpliera la hora en que se agotaba el plazo, en un acto político con los barrenderos de la Ciudad, Corona pronunció un discurso en el cual, de manera perversa, buscó polarizar los ánimos de los humildes trabajadores contra los estudiantes: “¿A quién favorece el desorden en nuestra patria? ¿A ustedes? A nadie…y a quien más perjudica es a los pobres. Cada camión que se incendia deja de transportar al día a miles de humildes pasajeros; no son los ricos los que se perjudican, son ustedes, los pobres, los que viajan en camión, los que no tienen recursos económicos”. En otra parte de la intervención, el regente repitió la cantinela de que los enfrentamientos entre estudiantes y policía obedecían a un plan preconcebido para agitar: “Había un plan para destruir la tranquilidad y empezó la violencia desde la noche del día 26”. (Lo que no dijo Corona fue quién había concebido ese plan).

La tarde del 8 de agosto apareció una nueva iniciativa. Como respuesta a las demandas de la FNET, el regente de la ciudad le envió al director del IPN, Guillermo Massieu, una carta donde proponía que se creara una comisión “independiente” en la que participarían autoridades del D.F., maestros y estudiantes con el propósito de investigar los hechos violentos del 26, 27 y 29 de julio y determinar responsabilidades. Con esta idea se quería desahogar el conflicto. La propuesta atendía sólo una de las seis demandas, en principio, no era mala, pero tuvo restricciones desde su origen: el ofrecimiento no fue hecho al órgano directivo del movimiento, el CNH, sino al director del IPN y éste la canalizó no al Consejo, sino exclusivamente hacia los líderes estudiantiles del IPN (la mayoría miembros del CNH). Cuando éstos se reunieron con el director, éste les manifestó que no aceptaría, bajo ninguna circunstancia, que en la comisión se involucraran estudiantes y profesores de la UNAM. Esta restricción formalista, absurda e inexplicable, impidió que la iniciativa del regente prosperara y esa misma noche el CNH la desechó.

En resumen, el plazo de 72 horas se había cumplido y no había habido respuesta oficial a las seis demandas del CNH. Lo que siguió fue una intensa movilización de brigadas estudiantiles hacia los estados, que iban con el propósito de informar y de pedir el apoyo solidario de los estudiantes del resto de las instituciones de educación superior del país. El objetivo: lograr la huelga general. En el interior de la república, la agitación estudiantil se propagaba aceleradamente: en Puebla, se declaró una huelga de apoyo; lo mismo en Oaxaca; en Veracruz, el gobierno lanzó la policía contra los estudiantes; en Tabasco existía una efervescencia estudiantil por motivos locales que se sintonizó con la movilización por los hechos de la capital; en Chihuahua, la universidad local se declaró en huelga; en Sinaloa se realizaban asambleas agitadas y en Nuevo León, la universidad estatal comenzó a movilizarse con el arribo de las brigadas provenientes de la capital. El país se convulsionaba. Al mismo tiempo, el gobierno federal comenzó a tomar medidas para perseguir a las brigadas de estudiantes capitalinos: grupos de policías comenzaron a vigilar las terminales de autobuses y hubo detenciones en varias entidades. Por su parte, los gobiernos de los estados reaccionaron ante la agitación estudiantil local, por regla, con medidas represivas y los desenlaces de la represión estatal los veremos más adelante.

Entre el 5 y el 12 de agosto, la huelga estudiantil se extendió como reguero de pólvora. La UNAM quedó totalmente paralizada, lo mismo el IPN. En esos días se adhirieron al movimiento nuevas escuelas: la Escuela Nacional de Maestros, la Escuela Normal Superior, la Escuela Nacional de Agricultura (Chapingo), La Escuela Nacional de Antropología, la Escuela de Bellas Artes y muy pronto se incorporaron instituciones privadas como la Universidad Iberoamericana y el Colegio de México. Hacia mediados de agosto, en el CNH había, al menos, 70 instituciones de educación superior representadas.

 
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