XXV Aniversario de los Centros Públicos de Investigación

2017-10-25 01:38:55

Alfonso Larqué Saavedra

El pasado 28 de febrero del presente año, se cumplieron 25 años del establecimiento de un acto visionario de la mayor trascendencia dentro de la historia académica de nuestro país. Dicho acto tuvo la genialidad de integrar en un solo nodo centros de investigación que habían empezado a establecerse a partir de la década de los 1970 en diferentes partes de país, para atender demandas específicas de las regiones o de los estados. Podríamos señalar que este hecho, fue el inicio de una revolución científica en México que tardo en principio 20 años en concretarse.  El ideal no dicho, era el de rescatar o retomar los laboratorios naturales para la ciencia y la tecnología  en los lugares donde se encontraban, para impulsar la capacidad del país en estos campos, así como impulsar áreas del conocimiento básico y tecnológico de urgencia en el país, dado que el modelo centralista de atenderlos, no había aportado resultados claros de contundente impacto.

La creación de estos centros de investigación para descentralizar la ciencia no fue un proyecto Conacyt, de la SEP o de alguna otra secretaria de Estado, tampoco nació como el Sistema Nacional de Investigadores, algunos se crearon como parte una política del Presidente en turno que en sus visitas a los estados o regiones consideraba demandas y opiniones de autoridades locales y como respuesta recomendaba la creación de centros de investigación. Es decir, se empezaba a reconocer por el político que era la ciencia la opción de apoyar el desarrollo.  Algunos otros centros se habían establecido por la iniciativa de reconocidos académicos, que coincidían en el daño que se estaba haciendo al país por la política de mantener la centralización como modelo de desarrollo y con el apoyo de los gobiernos estatales iniciaron un complejo esfuerzo de crear centros de investigación que recibirían al final también el apoyo de la federación.

La creación y establecimiento de cada centro recaía entonces en un líder o unos cuantos académicos que dejaban el confort de la capital del país para impulsar el desarrollo de la ciencia en  diferentes regiones de México. Los centros creados se identificaron con calificativos precisos como el señalar el nombre del Estado donde se establecieron o de la actividad sustantiva que desarrollaban, lo que daba certeza de que se estaba transformado al país. La descentralización de la ciencia estaba en camino. Así se creó el Colegio de la Frontera Norte en Tijuana, que pronto se extendería a los estados fronterizos del norte del país y el Centro de investigación científica y Educación Superior de Ensenada, ambas en Baja California Norte, el Centro de Investigaciones Biológicas de Noroeste en Baja California Sur, el Centro de investigación Científica de Yucatán en el otro extremo del país. En las dos penínsulas empezaba la transformación. En tanto, el Colegio de Frontera Sur apuntalaba la actividad científica en los estados limítrofes del sureste mexicano. Dentro del país, se crearon, el Instituto Potosino de Investigación Científica, el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del estado de Jalisco, El Colegio de Michoacán; otros Centros con vocación específica fueron creados de forma casi simultánea en Saltillo, Querétaro, Guanajuato, Puebla, Veracruz, etcétera y en pocos años se transformó la fotografía de donde se desarrollaba la ciencia en México. Esos 26 centros iniciadores son los que celebran su fusión el presente año.

El ejemplo de estos centros era inédito y por supuesto exitoso y, en 1992, el licenciado Ernesto Zedillo en su calidad de Secretario de Educación confía al Conacyt, mediante un comunicado escueto, la creación de una dirección general que integrara a todos esos centros en un solo nodo que actualmente se ha definido como Sistema. Esta acción visionaria no ha terminado de ser entendida. Se creó un nuevo concepto  que se ha llamado Centro Público de Investigación (CPIs) para fomentar la buena ciencia y tecnología en el país.  Fue claro que no se trató de fundar un nuevo sistema universitario, era realmente un frente de innovación de la actividad científica que demanda que en el futuro cercano termine de consolidarse, como la contribución más seria del establecimiento de un  modelo que no se había creado por decreto.

La numeralia o estadísticas de los logros del ahora Sistema de Centros Conacyt da idea de su capacidad establecida y por sus resultados da a la sociedad la confianza de que el modelo está funcionando bien y que efectivamente han dado respuesta a la demanda del por qué y para qué fueron creados. Para cualquiera autoridad del sector estos centros son sin lugar a dudas una garantía de innovación en el campo de la ciencia y su modelo de descentralizar esta actividad ha sido tan exitoso que años después otras instituciones académicas de perfil nacional, emularon la idea de descentralizar la ciencia como ya lo hemos publicado en otras notas analíticas como la presente.

Hay iniciativas del mayor nivel, que este Sistema ha fomentado y establecido como parte de su accionar revolucionario que le dio origen y que, considero, deben de señalarse por su trascendencia y que no han sido valoradas en toda su magnitud todavía por el sector gubernamental y social de nuestro país. Mencionaré tres que a mi juicio son sobresalientes.

1.- Han participado de manera frontal en el establecimiento de los parques científicos tecnológicos de nuestro país. No es sorprendente que el establecimiento de estos parques dado el origen de los CPIs, se hayan establecido, como era de esperarse fuera del centro del país. En la próxima década seguramente veremos que serán en estos parques donde se gesten los cambios de accionar de este país relacionados con la economía del conocimiento.

2.- Han innovado la forma de vincularse con el sector social y productivo del país. Esto es, han propiciado con grandes esfuerzos que se concrete el principio de transformar la ciencia y tecnología en bienestar social. Existen numerosos ejemplos de resultados de las actividades de estos centros que están concretando avances  dentro del modelo de la triple hélice.

3.- Que el número total de integrantes que conforman todo el Sistema de Centros Conacyt es muy pequeño cuando se compara con otros sistemas con vocación semejante, que ha creado el estado mexicano. Este “plus” financiero que pondera de que no son cuántos, sino quienes integran estos centros, los que dan personalidad a su Sistema.

Ciertamente el Sistema se mantiene dentro de la austera política de invertir lo menos posible de sus recursos financieros, en imagenología, tal y como se creó en 1992. Es además fiel a su origen de creación e integración, transmitir certeza al sector social y gubernamental, de que la ciencia es vital para que el futuro del país y coadyuvar a que se finque un modelo alternativo para el desarrollo del país que sustituya lo que ha prevalecido hasta ahora de que hacer ciencia era solo una acción de imagen de buen gobierno. Estamos seguros que este Sistema de Centros que hace poco en una modesta ceremonia compartiera con sus integrantes su XXV aniversario, hará lo posible por ubicarse como el pivote del cambio del desarrollo del país, que por el momento ya se encuentra operando en 30 estados de la federación, según se informa. Celebremos con ellos este inédito modelo sobrio y eficiente, que se debe apoyar con el mejor de los presupuestos posible para su mejora continua y pueda seguir brindando a la nación la oportunidad de concretar logros del mejor impacto. 

Coordinador de Agrociencias, Academia Mexicana de Ciencias

 

 
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