Novelan los claroscuros del dictador de Guatemala, Manuel Estrada Cabrera

2017-11-19 22:02:36

Para construir la novela, primero investigué el pasado de mi abuelo, Antonio Tejeda, dice el historiador César Tejeda. Foto tomada de su Facebook.

El expresidente de Guatemala, Manuel Estrada Cabrera (1857-1924), apodado La Morsa, fue el dictador que compró a un general mexicano de nombre Carrasco para recuperar Chiapas durante el gobierno de Victoriano Huerta, fue el político que le ofreció un hogar al poeta Rubén Darío cuando éste se encontraba enfermo y sin dinero en Estados Unidos, y fue el personaje que durante sus primeros años de gobierno fue halagado por el escritor Federico Gamboa.

Así lo narra César Tejeda (Ciudad de México, 1984) en Mi abuelo y el dictador, novela que cuenta cómo en 1908, el abuelo del escritor, Antonio Tejeda, fue detenido por solapar el disparo de una bala dirigida a Estrada Cabrera en una ceremonia cívica. Las consecuencias: Antonio fue arrestado y obligado a caminar los 45 kilómetros que separan a Antigua de la Ciudad de Guatemala, seguido por su esposa con un bebé en brazos y un revólver escondido en el pañal del niño.

“Primero investigué qué le había pasado a mi abuelo, sólo conocía esa historia de que había caminado tantos kilómetros y que había perdido su fortuna por culpa de Estrada Cabrera. Fue en la investigación cuando me enteré de esa historia oculta entre ambos países: México y Guatemala”, señala César Tejeda.

A través de un artículo histórico, ejemplifica, se enteró que el autor de Santa, Federico Gamboa, fue embajador de México en Guatemala, tenía un diario en donde escribió sobre su trabajo y describió al país vecino que recién daba la bienvenida a Estrada Cabrera como presidente, como el mejor de los mundos, no obstante, cinco años después Gamboa fue uno de los principales críticos de su régimen.

“Me interesó que Gamboa llegó a Guatemala cuando Cabrera no era un dictador, sus notas en su diario dicen que está en un paraíso. Me interesó cómo se veía Estrada Cabrera en 1902. Después me enteré que Estrada Cabrera tenía a Rubén Darío escribiendo poemas a sueldo, no entiendo por qué tenía una relación con los escritores”, precisa el autor.

Hacia 1916, el dictador pidió que llevaran a Guatemala a Rubén Darío, en ese tiempo el poeta vivía en una casa de huéspedes de Nueva York. Se cumplió el capricho del dictador, pero Darío se entregó al alcohol y enfermó de tuberculosis, aun así Estrada Cabrera le pidió hacer unos versos para su madre y otros para su campaña política.

“Con Rubén Darío la historia fue justa porque nadie se acuerda de eso, fue una persona alcoholizada que necesitaba un último lugar para pasar sus días, entonces Estrada Cabrera se lo dio. Pero Darío luchó por no escribir esos poemas, trató de encargarlos y se negó a recitarlos”, indica Tejeda.

Otros autores que se mencionan en la novela editada por Caballo de Troya son el guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, quien para estar lejos de Guatemala ocupó diversos cargos diplomáticos; Luis Cardoza y Aragón, quien de niño padeció la dictadura de Estrada Cabrera; y Augusto Monterroso, de quien se plantea que quizá su abuelo fue el general que torturó al protagonista de la novela.

SIN HÉROES. ¿La injusticia de la historia es que sólo recordamos a alguien por su nivel de sufrimiento, quien sufrió más, será el más recordado?, se le pregunta al autor. “A mi abuelo que nació en 1871 se le recuerda por un día. Me interesa decir lo dura que es la historia familiar, ya no digamos la de los historiadores, al final pasas a la posteridad por un día que pudo ser el peor de tu vida, un día que estabas privado de tu libertad”, responde.

César Tejeda apunta que “si la historia la construyen los líderes ¿qué pasa con esa gente que se va quedando ahí en los manejos del poder y que es invisible? Ésa era la parte que me interesaba del papel que desempeñó mi abuelo en ese drama”.

En la novela se narra que el abuelo Antonio Tejeda fue involucrado en el intento de homicidio del dictador porque le enviaba dinero a su hermano Maximiliano, quien apoyó la Revolución Mexicana, y porque Víctor Manuel Vega, de quien era tutor, planeó el disparo para matar a Estrada Cabrera.

“Imaginé al abuelo como una persona con pretensiones económicas y que, en un régimen dictatorial debía tener un perfil bajo, no hablar porque Estrada Cabrera tenía un fino sistema de espionaje, no se ponía hablar mal de él en una cantina. La división míticamente de la historia es seguir al héroe, a ese hermano que se fue a México a organizar la Revolución, pero ¿qué pasa con la historia del señor que se queda en Guatemala cuidando a la familia?, ¿qué pasa con la gente que se porta bien y es la castigada?”, destaca.

Sobre el personaje del dictador, el autor comenta que es poco común que en las novelas que no son melodramas existan villanos, “nunca pensé escribir una novela que tuviera uno. Como historiador terminé completamente seducido por Estrada Cabrera, es un personaje extraordinario, de una complejidad enorme”

— ¿Los guatemaltecos ya olvidaron esa parte de su historia?

— En todas las historias oficiales hay héroes oficiales, yo no sé si eso está bien o mal, pero Guatemala es un país sin héroes oficiales, se ha reconstruido tantas veces, en múltiples ocasiones alguien ha tomado el control, es un país sin historia oficial. No sé de qué sirvan los héroes, pero al menos funcionan como un discurso unitario en retrospectiva.

 
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