Debates siglo XXI

2017-11-29 02:51:12

Hace unos días, en cumplimiento y desarrollo de las disposiciones jurídicas de la materia, el INE aprobó nuevas reglas básicas para gestionar los debates entre candidatos presidenciales y, con tino, al menos en el papel, nos sacó de 1994 y nos trajo al siglo XXI para equipararnos con democracias avanzadas como la alemana o la francesa.

Afectados de una tradicional rigidez que lesionaban el dinamismo que estos ejercicios deben ofrecer, nuestros debates presidenciales eran generalmente producto de interminables discusiones entre Consejeros Electorales y representantes de los candidatos, en las que se alegaba ad nauseam el encuadre de la cámara, los méritos y las historia de vida del conductor o conductora, el orden de participación, los temas a tratar, la duración de las intervenciones, el formato de las preguntas, la iluminación, el horario de transmisión, la sede del evento, el público asistente, la ubicación de los equipos de los candidatos, y un largo etcétera.

Nadie puede ni debe olvidar que a causa de este malogrado diseño, lo más recordado del debate presidencial del 2006 fue la ausencia de uno de los contendientes y del debate de 2012 fue el penoso incidente de la edecán.

Los lineamientos aprobados por el Consejo General son producto de un largo y documentado estudio de los consejeros y la consejera integrantes de la Comisión creada ex profeso. Los anexos del acuerdo respectivo dan testimonio de ello, así como el foro internacional organizado por el propio instituto al que convocó expertos nacionales e internacionales.

Motivo de celebración son los nuevos criterios para seleccionar a quien será moderador(a), que se podrán designar hasta 30 días antes del primer debate; la flexibilidad para hacer preguntas generales, específicas, personalizadas y hasta interpelar al orador en turno. Como innovación de entidad superlativa, la posibilidad de interacción entre candidatos y éstos con el o la moderadora, pues el orden y duración de las intervenciones no serán previamente establecidos. Además, la propia moderación pasará de ser limitada, austera y tiesa, a una de tipo proactivo, aunque garantizando siempre la misma oportunidad, equidad y trato igualitario a los candidatos y candidatas, cuyas personalidades, propuestas y mensajes deberán ser el centro del ejercicio.

Dos cerezas se le pueden ver a este pastel. La primera es la regionalización de los debates, cosa que podría significar que el INE empieza a reconocer que no todo sucede en la CDMX durante las elecciones federales y que seguramente se auxiliará con la participación a los órganos electorales de Baja California y de Yucatán (dije “podría significar”).

La segunda es la apertura a la participación ciudadana, ya sea directa o indirecta, a través de redes sociales, plataformas digitales e inclusive en el propio estudio en el que se realicen los debates, como se hace con éxito desde 33 años en Estados Unidos, por ejemplo; cosa que asegura una medición en tiempo real de los reflejos, dominio de impulsos y de los temas, así como de las capacidades de síntesis y análisis de los aspirantes a la Presidencia de la República.

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