The Square, el discreto encanto

2017-12-05 03:21:04

Mientras veía The Square, cinta sueca ganadora de la Palma de Oro en Cannes, dos niños entraron a la sala de cine a vender dulces. Estaba tan concentrada en la película que cuando me pidieron que les comprara y me acercaron la bolsa me sentí interrumpida y un tanto desconcertada. Contesté que no y volteé rápidamente la mirada a la pantalla.

Tardé en reaccionar y luego pensé que ese acto podría haber sido un happening, una manifestación artística que irrumpe en la cotidianeidad y que promueve la participación espontánea del público. Sucedió justamente cuando miraba una película que aborda y complejiza el arte contemporáneo y su relación con las personas. Era perfecto. Pero no. Los niños simplemente se colaron a la sala de cine para vender dulces y después se sentaron un rato a verla.

Me sentí justamente como el protagonista The Square, en la primera escena, algo que pareciera un perfecto happening, que te hace vibrar y estar conectado, termina desencantándote y obligándote a darte cuenta de que la realidad golpea más fuerte. Hay niños ahí afuera –y dentro del cine- vendiendo dulces, seguramente explotados por sus padres u otro adulto. Y en Suecia hay ladrones que de formas ingeniosas te roban la cartera y el celular.

The Square de Ruben Östlund es un filme interesante que aborda a través de su personaje principal, un jefe de museo de arte contemporáneo, la desilusión estética, la relación cada vez más rara entre publicidad y obra de arte, las desiguales sociales , la tolerancia, las relaciones de poder, los espacios artísticos, el discurso y la obra de arte.

Christian (Claes Bang) intenta recuperar su cartera y su celular, luego de ser robado en la calle, mientras que alista la nueva exposición del recinto, una instalación que consiste en un cuadrado en el suelo que invita a todos a ser más empáticos, tolerantes, altruistas y fraternales.

Esa exposición que tanto motiva a Christian, que él considera que juega y reta estéticamente a los espectadores y los obliga a pensar en la humanidad, se convierte en un mero discurso, un discurso que sobrepasa la propia obra.

Un discurso con el que también Christian se piensa. Pero sus actos, su ética titubeante, sus propias ambiciones, su levedad lo obligan a enfrentarse con ese Yo que lo desconcierta y lo obliga a verse como un hombre con privilegios, intolerante, machista, clasista y hasta irresponsable laboralmente.

Una de las críticas más feroces al arte contemporáneo, sobre todo al de los últimos años, porque tampoco se puede generalizar, ni reducir o simplificar el arte contemporáneo, es que ironiza y recicla ideas. Es un remake constante.

Y cuando el propio Ruben Östlund se burla en una entrevista en el Festival de San Sebastián de su película y menciona que el título perfecto para The Square sería El discreto encanto de la burguesía o Viridiana, por la relación con los pobres pero Luis Buñuel ya lo hizo. Uno entiende que está ante una película compleja, irónica y perfectamente enmarcada en los cánones del arte contemporáneo. Porque ahora que escribo sobre ella me parece más encantadora que cuando la vi. Tiene escenas magníficas como la del señor con síndrome de Tourette o incluso, la del artista convirtiéndose en animal e incomodando a tal grado que obliga a algunos a reaccionar. Pero también tiene otras escenas clichés, tediosas y que no aportan mucho. Pero sin duda es una cinta que debe verse y pensarse.

@wendygarridog

wengarrido@gmail.com

 
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