Esos coaches incómodos de la NFL

2017-12-06 20:52:04

Cuando las cámaras enfocan las caras y los gestos de algunos coaches de equipos que a todas luces desde hace unos años no van a ninguna parte, la pregunta es obligada, por qué siguen ahí.

La noche del lunes y la manera en que Cincinnati se las arregló para perder un juego que controlaba ante Pittsburgh, además de la cara de angustia de Marvin Lewis es el mejor ejemplo de lo anterior.

Es verdad que hay volteretas en los partidos, pero los entrenadores de verdad toman decisiones, se meten al juego, hablan constantemente con sus coordinadores y asistentes, buscan ajustes, se nota coraje y no desesperación y desdén en su mirada.

Desgraciadamente Lewis es de los segundos, como incapaz de revertir el momento; y si lo dudan vean las reacciones de entrenadores actuales como Sean Payton de Nueva Orleans, Bill Belichick en Nueva Inglaterra, Pete Carroll en Seattle, Mike McCarthy en Green Bay, Andy Reid en Kansas City, Mike Zimmer en Minnesota, Bruce Arians de Arizona y hasta el novato Sean McVay de los Carneros de Los Angeles. Quizá en los de perfil ofensivo es más notorio porque llaman las jugadas, pero todos esos y algunos más lo hacen.

Sin embargo, la lista de los apáticos o espantados es ya larga, y de los ocho seleccionados seguro se irán todos.

Comencemos por quien dio la pauta para esta columna, nos referimos a Lewis en Cincinnati. Lleva 15 años al frente, ha clasificado en siete ocasiones a playoffs y jamás ha ganado un juego. La cuestión es qué espera el dueño Mike Brown para despedirlo; sinceramente habría sido mejor opción dejarlo ir y haber promovido a Hue Jackson (ahora coach de Cleveland) de coordinador ofensivo a entrenador en jefe. Con él, la ofensiva producía en serio.

En la lista le sigue otro que produce coraje de ver su inexpresividad, es Todd Bowles con los Jets de Nueva York, un equipo sin un sello definido, sin imagen, gris. En tres años sólo ha tenido una campaña ganadora pero sin llegar a playoffs. Bowles fue un buen coordinador defensivo en Arizona, pero nada más. La pregunta es: ¿Existe alguien a quien le guste como juegan los Jets?

Otro que ha de hacer brujería para mantener su trabajo es Chuck Pagano con Indianapolis. Al ser un coach de perfil defensivo, nunca ha podido hacer creer el potencial de su equipo y ahora menos sin Andrew Luck. Este joven pasador fue quien le salvó el empleo varias veces, pero esta vez se terminó y Jim Irsay seguro le dirá adiós al igual que a su gerente general, Chris Ballard, si es que aspira a salir de ese estancamiento. Lleva seis años con el equipo, en sus tres primeros llegó a la postemporada y hasta a un juego de Campeonato de Conferencia, pero desde ese 2014 no ha logrado nada relevante.

Un caso especial es el de Hue Jackson con Cleveland. Es un cerebro ofensivo, pero de nada le ha servido con los Browns. La suerte no le ha acompañado, pues en dos años seguidos ha visto como pasaron por sus narices pasadores que pudieron ser suyos como Carson Wentz (Filadelfia) o Deshaun Watson (Houston), y sin embargo, su gerente general, el supuestamente genio Sashi Brown, no les vio potencial. A Jackson le tocaron sólo cartuchos quemados como Robert Griffin y Brock Osweiler. Con un horrendo 0-16 que se lee en su futuro, debe ser despedido junto con el gerente general si es que la lógica se impone al dueño Jimmy Haslam.

Jim Caldwell en Detroit es otro de los entrenadores que parecieran más figuras de ornato que quienes toman las decisiones. Está en su cuarto año con el equipo, y sólo el primero fue exitoso con maca de 11-5, pero no ha ganado en playoffs y para muchos Matthew Stafford no ha crecido lo que debe por carecer de un verdadero tutor ofensivo.

Cerramos con un trío del clásico fenómeno de aquellos entrenadores que tienen un gran talento para ser coordinadores, pero no entrenadores en jefe, nos referimos Dirk Koetter en Tampa Bay, Vance Joseph en Denver y Jason Garrett en Dallas.

Koetter cumple dos años en el cargo, su primera temporada fue prometedora pero en la segunda perdió el control del grupo. Dejarlo sería un error dado el talento ofensivo que tiene el plantel. Como asistente de ataque sería genial desarrollando a Jameis Winston, pero al frente de todo, la realidad es que se pierde.

A Joseph le quedan aún muy grandes los zapatos de sus antecesores en Denver. El gerente general, John Elway, reconocerá que fue un error poner a un tipo sin la experiencia y sin la madera para el cargo, no por nada el ejemplo de lo contrario es el jovensísimo McVay en los Carneros, que a los 31 años va que vuela para ser el Entrenador del Año. La gran diferencia, McVay es un innovador ofensivo, Joseph fue sólo un coordinador defensivo en Miami que no había demostrado nada.

Finalmente, el más polémico, Garrett, de los Vaqueros. Pareciera que acabó su ciclo en Dallas. Su pobre reacción para ajustar sobre la marcha lo pone de manifiesto. Como coordinador ofensivo fue brillante y quizá debería retomar ese papel de mandar las jugadas como los hace Payton en Nueva Orleans. Tal vez lo salvaría cambiar de asistentes ofensivo y defensivo (Scott Linehan y Rob Marinelli, respectivamente). Se ve muy difícil que Jerry Jones lo despida, pero otro año podría ser su última oportunidad.

 



 
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