Declaración Universal de los Derechos de los Animales

2017-12-13 01:11:30

Celebro ampliamente que aunque tarde… muy tarde especialmente para mi amado orangután JAMBI, para el chimpancé LÍO y para el irremplazable gorila BANTÚ, sin omitir a la otra tanta fauna muerta por evidentísima negligencia y descuido durante la pasada administración… la actual Dirección General de Zoológicos de la CDMX haya entendido que atender a los animales en equipo y con es-pe-cia-lis-tas, es la mejor manera de lograr intervenciones quirúrgicas exitosas y de sostener la salud preventiva de los eternos huéspedes de esas instituciones capitalinas. Me refiero al reciente manejo a favor de un hipopótamo con problemas dentales, para el que además de contar con aparatos proporcionados por la FMVZ-UNAM, asimismo participaron para su correcto manejo expertos en anestesia de la talla de una Alma Angélica García Lascuraín, a quien no se le hubieran ido los grandes primates. No al menos por fallas durante el procedimiento.

A propósito… ¿y la necropsia de la vaquita,

Pacchiano?

Llamaron mi atención… muy gratamente la baja en las entradas a la Plaza México, y la gran cantidad de mensajes que por estos días recibí “descubriéndome” el DÍA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS ANIMALES. Pensándola fecha ya de dominio público, me alegró saber que no solo hay nuevas generaciones que la descubren, sino gente de cualquier edad y profesión que día a día se suma a esta tendencia de respeto por nuestros maravillosos y perfectos… sí… per-fec-tos… compañeros de Planeta, y por quienes recapitulo el origen de tal logro, por cierto, imposible de consumar aun por quienes profesamos harta admiración por el Reino Animal no humano.

Les cuento entonces, que el 10 de diciembre de 1948 fue adoptada por el pleno de la Asamblea General de la ONU la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y que derivado de lo anterior, vino que se dio, casi 30 años después, el 15 de octubre de 1978, la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, que desde 1998 unió su celebración a la primera, desde luego no sin provocar controversia, dado que la ortodoxia jurídica no acepta reconocer “derechos” para quienes (según ellos) no tienen obligaciones, más desconociendo que nosotros mismos les marcamos deberes a estas criaturas, tornando por ello la discusión en algo insubstancial puesto que en tal caso, los “racionales” tenemos obligaciones éticas y morales hacia ellas, por cuanto ampliamente demostrada está su capacidad de sufrimiento y para mostrar dolor o placer como cualquiera de nosotros. Siendo así, respetarles derechos básicos es lo menos que podemos brindarles de manera formal. La pregunta entonces, no sería si los animales NH son sujetos de derecho, sino entender que aunque no son (plenamente) conscientes de sus actos, son seres vivos y sentientes con derechos… ¿me siguen?... a la vida, a no ser torturados ni abusados, y a la libertad.

La Declaración de referencia consta de 14 artículos con sus respectivas fracciones, que resumiré y/o evitaré por necesidades de espacio, a saber:

Todos los animales nacen iguales ante la vida, y tienen los mismos derechos a la existencia.

Todo animal tiene derecho al respeto, y el ser humano, en tanto especie animal, no puede atribuirse la capacidad de exterminarlos o explotarlos violando tal derecho, y si en cambio, tiene obligación de usar sus conocimiento para darles atención, cuidados y protección.

Ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles, y en caso de muerte, ésta debe ser instantánea, sin dolor, angustia o sufrimiento.

Todo animal perteneciente a una especie silvestre tiene derecho a vivir libremente en su ambiente natural, y a reproducirse. La privación de su libertad, incluso con fines educativos, va contra este derecho.

Todo animal doméstico tiene derecho a vivir y desarrollarse al ritmo y en las condiciones de vida y libertad propias de su especie. Toda modificación al respecto, impuesta por el ser humano con fines mercantiles, viola este derecho.

Todo animal escogido por el ser humano como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural, y su abandono se considera un acto cruel y degradante.

Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable de tiempo e intensidad del esfuerzo; a una alimentación reparadora y al reposo. Continuaré…

 

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