Declaración universal de los derechos de los animales

2017-12-19 23:50:29

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

Hoy hace justo 27 años debuté como mamá a través de una

maternidad diferente; única, muy extraña y harto exigente,

que duró 7 años.

De la noche a la mañana, y repleta de trabajo y

responsabilidades, me convertí en madre soltera no biológica

de un primer y diminuto bebé orangután, que para sobrevivir

requirió de mi total entrega y atención las 24 horas de cada

día, debiendo cubrir, además, numerosas exigencias que el

cuerpo médico veterinario de aquel entonces me impuso para

el propósito, aun cuando tales personas no habían sido

capaces de sacar adelante a dos crías anteriores.

Imaginen el temor que me invadió ante mi novatez, y por el

reto a sus eminencias, al asegurarles que conmigo sí lograría

vivir JAMBI -tal como sucedió hasta verlo convertido en un

impresionante macho que a mi separación descuidaron hasta

que se dio su prematura y agónica muerte- y posteriormente 

TOTO, hoy a sus 26 años triste remedo de la consentida,

alegre, curiosa, pícara y traviesa criatura que fue, pero ésa…

es otra historia.

 

La semana pasada tuve dos sorpresas. Primero, la mañosa votación por la que los Senadores aprobaron la muy cuestionable iniciativa de Ley General de Biodiversidad de la verde… verdísima Ninfa Salinas, proyecto que ahora esperará la opinión de los Diputados, donde esperamos encontrar mayor sensatez y voto bien informado. Es la esperanza. Especialmente porque tal ordenamiento abrogaría la Ley General de Vida Silvestre. La segunda sorpresita me la llevé cuando di cuenta de que el demonio TITIVILLUS —sí, el de las redacciones, y del que apenas el pasado septiembre, en su amenísimo texto sabatino, Don Carlos Alberto Patiño nos compartió origen y alcances— pasó a “corregir” mi colaboración borrándome un chistorete, y lo peor, eliminando para la edición impresa y la de internet —que no para la que distribuye… ¡gracias!... la Red Mundial Animalera que coordina mi querido Eduardo Lamazón— los números de los artículos citados. Siendo así, para esta ocasión omitiré juegos de palabras, y referiré con letra los números, para seguir con…

El Artículo ocho que hace alusión a la experimentación con animales, declarando que si la práctica implica sufrimiento físico o psi-co-ló-gi-co, ¡OJO!, es incompatible con los derechos (que no DERECHO, insisto) de los animales, y tanto si se trata de experimentos médicos como científicos, comerciales o de cualquier otra índole. Asimismo detalla que las técnicas alternativas DEBEN ser utilizadas o en su caso desarrolladas.

El Artículo nueve cita que cuando un animal es criado para el abasto alimenticio, aún así, DEBE ser nutrido, instalado, transportado y “sacrificado”, sin que ello le sea motivo de ansiedad o dolor.

Para el Artículo diez, la Declaración establece que ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del ser humano, y que las exhibiciones y los espectáculos que se sirvan de ellos son incompatibles con la dignidad de las criaturas.

Para el Artículo once se determina que todo acto que implique la muerte de algún animal sin necesidad (¿?) es un biocidio; es decir, un crimen contra la vida. Y el Artículo doce complementa lo anterior agregando que la muerte de un gran número de animales salvajes (silvestres) será considerado genocidio, o sea, crimen contra una especie (tal como lo vemos diariamente con los elefantes) y que la contaminación y la destrucción del ambiente natural lo producen por consecuencia.

El Artículo trece dispone que todo animal muerto debe ser tratado con respeto, y que las escenas de violencia en las que los animales son víctimas deben ser prohibidas en el cine y la televisión. Recordemos que cuando este documento se emitió la internet todavía no existía, por lo que URGE ACTUALIZAR EL PRONUNCIAMIENTO, más…

Sigamos con el Artículo 14 y final, que hace referencia a que los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben estar representados a nivel gubernamental y los de-re-chos de los animales defendidos con leyes, tal como pasa con el ser humano, al fin y al cabo, animal también. Al respecto…

Animalidades tomará brevísimo receso, para reencontrarse el primer miércoles de enero, agradecida, con sus lectores y lectoras a los que les desea lo mejor para Navidad y el año venidero, lo mismo que para los jefes y compañeros de La Crónica.

 

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