“Los sueños de una persona se convierten en pesadillas cuando llega la decepción”: Khadra

2017-12-26 21:38:49

La decepción que siente alguien después de ver sus sueños frustrados, se puede convertir en una pesadilla para una nación, y la distorsión de la palabra legitimidad que los revolucionarios hacen después de levantarse en armas al pensar que todo un pueblo les pertenece, son parte de los pensamientos que convirtieron a Muamar Gadafi en el dictador odiado y amado, el cual es retratado por el argelino Yasmina Khadra (Sahara argelino, 1955) en su reciente libro La última noche del Rais.

Esta novela escrita por uno de los autores más traducidos de la lengua árabe —quien para escapar de la censura militar ocultó su verdadero nombre, Mohammed Moulessehoul, bajo el pseudónimo femenino de Yasmina— narra los dos últimos días del dictador libio, desde su escondite en una escuela de la ciudad Sirte hasta el momento en que su cuerpo fue enganchado a la parte trasera de una pick-up para ser arrastrado por las calles libias.

“Justamente porque es un personaje detestable, lo he escogido para la novela, para saber si el lector es capaz de ser mejor persona que Gadafi. De alguna manera es un personaje shakespeariano y yo quería escribir una tragedia”, señaló el escritor en entrevista durante su participación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Lo que le gustó a Yasmina Khadra del proyecto editado por Alianza Editorial, es que Gadafi le habla directamente al lector sin intermediarios, ya que es una novela narrada en la primera persona del singular.

“Es el propio Gadafi el que habla al lector, para que éste asuma su propia responsabilidad y juicio sobre él, porque cuando esa opinión pasa a los medios de comunicación o a través de los políticos, no siempre se tiene la opción de decir: nos han engañado. Pero ha llegado el momento en que cada uno de nosotros aprenda a analizar las cosas sin intermediarios, ese es el objetivo de esta novela”, indica.

¿En qué momento los sueños de una persona se convierten en pesadillas?

—Cuando tienen decepción. Gadafi tenía mucha ingenuidad y pensaba que todos los gobiernos árabes tenían el mismo proyecto para sus pueblos, en dos ocasiones estuvo dispuesto a dejar el poder para hacer alianzas con otros países árabes. La primera vez fue con Siria y la segunda con Túnez. Todo su proyecto era ver los pueblos árabes acceder a la notoriedad, pero no ocurrió así y esa fue su primera decepción. Luego volcó su mirada hacia África, quería que se volviera en un bloque homogéneo, que se crearan los Estados Unidos de África, pero también ahí se llevó una decepción.

“Todos los gobernantes y jefes africanos eran corruptos y Gadafi se encontró solo, quería seguir construyendo el ideal que tenía en su cabeza, pero no tenía los medios ni los aliados, entonces empezaron a no quererlo en el mundo árabe y él no comprendía porque no era querido e iniciaron a atentar contra su vida, incluidos sus colaboradores más cercanos. Ahí empezó su locura, quiso vengarse de todo el mundo. Se decidió a financiar el terrorismo internacional y de esa manera se convirtió en un dictador”, expresa.

En La última noche del Rais, Khadra narra parte de la infancia de Gadafi, por ejemplo, cuando padecía hambre o cuando en la adolescencia se enamoró de una mujer que después buscó y le fue negado su amor por no ser de su rango social.

“Hay dos maneras de reaccionar ante los traumas de la infancia, dirigiéndose hacia lo mejor o hacia lo peor. Había gente que dijo que Gadafi intentó ser bueno, en cambio otros que cuando llegó al poder, se convirtió en la peor persona”, comenta el autor.

Que Gadafi fuera adicto a la heroína ¿determinó su comportamiento como dictador?

—Absolutamente porque vivía en un sueño artificial. Al mismo tiempo eso le permitió no vivir dentro de su propia paranoia, tomar drogas le permitió huir de sí mismo. Era alguien que vivía en el miedo permanente, siempre temía que lo asesinaran, veía enemigos en todas partes.

“Pienso que son pocos los seres humanos capaces de asumir su propia fama, es algo que los supera, deshumaniza, es una de las razones por las que hay tantos actores, por ejemplo, drogándose. Estoy convencido que todos los gobernantes del mundo toman algo de droga”, responde.

El Muamar Gadafi que el escritor más leído en el Magreb retrata tiene un gusto peculiar, admira el arte de Vincent Van Gogh, ¿por qué atribuirle esa sensibilidad?, se le pregunta.

“Es una invención mía. Uno no piensa que Gadafi tuviera una admiración por Van Gogh u otro artista, todo lo que le interesaba era su jaima en medio del desierto, y le gustaba las mujeres. Pero escogí la figura de Van Gogh para que su caída, la que leemos al final de la novela, tuviera un sentido”, indica.

DISTORSIONES. Una de las constantes preguntas que el personaje de Gadafi es: ¿por qué la gente me odia y quiere matar?, es decir, el dictador libio siempre estuvo en busca de una legitimidad, que en opinión del escritor argelino, fue distorsionada.

“Él había derrocado a un rey, tomó ese gran riesgo y fue criticado. Fue un poco como los revolucionarios que después de hacer la revolución, lo que quieren es convertirse en dueños, porque piensan que su país y pueblo les pertenece. Eso es algo que le ocurre a los personajes que se sienten legitimados”, opina.

En la novela, Gadafi desconfía de la juventud por ser frágil al cambio de opinión…

—Todos los jefes de Estado y gobernantes piensan que el pueblo debe ser infantilizado, se olvidan que han sido elegidos por un pueblo que se espera algo de ellos, pero cuando se encuentran con la imposibilidad de ofrecerles algo, entonces caen en eso. Es la razón por la que siempre mienten, porque toman a su pueblo como niños.

Sobre cómo ha sido recibida la novela en Libia, Khadra comenta que la versión en árabe apenas empezó a circular, no obstante, existe una traducción al francés que es muy leída en el Magreb. “Algunos no están de acuerdo porque siguen amando a Gadafi y para otros, es una víctima de occidente y todo lo que viene de occidente es malo”.

 
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