Los grupos sanguíneos en el primer año de la residencia

2018-01-03 00:42:57

Dr. Gerardo Gamba

En las madrugadas de los años ochentas en el Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán, los responsables de cruzar la sangre eran los residentes de Medicina Interna de primer año (R1). Era uno de las peores tareas que te podían encomendar cuando eras R1 de urgencias. Ya fuera cuando más trabajo tenías en la guardia, por ahí de las 2 o 3 de la mañana, con dos pacientes ingresando y otros tres en los consultorios con cuadros clínicos que tenías que definir si ponían o no en peligro la vida del enfermo. A los pacientes que ingresaban les tenías que hacer la historia clínica completa y plasmarla en papel, con todo y un comentario académico al respecto del caso, utilizando aquellas viejas máquinas de escribir, en la era en que no existían computadoras personales. A veces estaba tan cansado que lograba dormir algunos minutos a pesar de que Luis Gurza, mi compañero de guardia en el R1, tecleaba sin piedad su ingreso al lado mío. El otro escenario era cuando menos trabajo tenías, la muy rara noche de guardia, que a las 2 de la madrugada no había ocurrido ningún ingreso, los consultorios estaban vacíos y empezabas a pensar que quizá ese día podrías dormir un par de horas.

En cualquiera de estos escenarios lo peor que podía pasar es que apareciera un residente de mayor rango buscándote específicamente a ti. El tubo de sangre que traía en la mano lo decía todo. Venía a pedirte que fueras a cruzar dos o más paquetes globulares para ese paciente. Generalmente se trataba de un enfermo que estaba sangrando, o que tenían que meter a cirugía de urgencia, por lo que al menos la solidaridad con el paciente te hacía tomarlo de buena gana.

El sistema principal de antígenos sanguíneos conocido como ABO tiene cuatro opciones, determinadas por la expresión o no de dos genes que codifican para glicoproteínas de membrana en los eritrocitos (células que llevan el oxígeno en la sangre, también conocidas como glóbulos rojos o hematíes). El antígeno A y el antígeno B. Como la expresión de ambos es dominante, es decir, que con un solo alelo (gen) se expresa, entonces quien tenga un gen o dos de antígeno A, será de grupo sanguíneo A, quien tenga uno o dos para B, será de grupo sanguíneo B y quien tenga uno de A y uno de B, será de grupo sanguíneo AB. La cuarta opción es que no se tenga ninguno de estos genes y entonces el tipo de sangre será 0 (cero, porque expresa cero antígenos AB), pero por antonomasia le decimos tipo O, como la cuarta vocal.

El sistema ABO fue descubierto por el médico científico Austríaco Karl Lansteiner en 1901, gracias a lo cual tenemos la compatibilidad y seguridad en las transfusiones sanguíneas. Por este trabajo Lansteiner fue galardonado en 1930 con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. El sistema ABO se constituyó también en el primer análisis pericial para determinar la paternidad, sobre todo en Europa en donde los antígenos A y B son mas frecuentes. Por ejemplo, el tipo de sangre de mi madre es AB y el de mi padre era O. Por lo tanto, todos sus hijos debemos ser A o B. Si alguno de mis hermanos fuera O, entonces no sería hijo de mi madre y si fuera AB, no sería hijo de mi padre. Poca gente sabe que Lansteiner además fue el científico que descubrió que la poliomielitis es una enfermedad infecciosa, viral y aisló por primera vez al poliovirus.

El otro grupo sanguíneo relevante, conocido como sistema Rh, fue descubierto por Lansteiner muchos años después. En este caso, es un solo antígeno que es dominante, por lo que la mayoría de la población es Rh positivo. Sin embargo, en ocasiones se puede carecer de ambos alelos y ser Rh negativo. En las mujeres esto es un problema porque al ser Rh negativas y tener un hijo Rh positivo, el contacto de la sangre de ambos durante el parto puede hacer que la madre genere anticuerpos contra el Rh, que en un siguiente embarazo pueden producir una enfermedad en el producto Rh positivo conocida como eritroblastosis fetal.

Con el tubo de sangre en la mano, te encaminabas en la madrugada por los obscuros pasillos del Instituto hacia el Departamento de Hematología en donde estaba el Banco de Sangre. Al inicio del R1 te habían dado un curso de dos horas de cómo se determinan los grupos sanguíneos en el laboratorio y como se cruza la sangre. Tenías la responsabilidad de determinar o corroborar el grupo sanguíneo del enfermo y luego poner en contacto la sangre del enfermo con una gota de al menos dos de los paquetes globulares del mismo tipo de sangre almacenados en el Banco. Si la sangre reaccionaba a un anticuerpo (ya fuera el anti-A, el anti-B o el anti-Rh que adicionabas o alguno que estuviera en la sangre del donante), entonces se aglutinaba (se hacían grumos). Así de simple. Pero con el cansancio de la madrugada a veces dudabas de lo que veías. Nunca supimos, sin embargo, de ningún problema serio por una transfusión incompatible. Yo creo que siempre estuvo ahí Lansteiner mirando por arriba de tu hombro para corregirte si cometías algún error.

Me parece que exponer a los médicos en entrenamiento a metodologías simples de laboratorio para la determinación de variables bioquímicas nos daba un panorama más claro de la química biológica. Hoy en día con la automatización de exámenes de laboratorio en grandes máquinas esta posibilidad se ha perdido. Desde hace muchos años, los residentes dejaron de ser los responsables de cruzar sangre.

Director de Investigación, Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM.

 

 
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