México en el laberinto de Trump

2018-02-04 02:41:10

Unas cuantas horas antes de que Donald Trump se presentara, arrogante como es, ante el pleno del Congreso de Estados Unidos a rendir su reporte sobre el estado que guarda la unión, un equivalente cada vez más remoto del antiguo informe de gobierno en México, nuestro vecino al norte se conmocionó al saber de la inesperada renuncia de Andrew McCabe, el subdirector del Buró Federal de Investigaciones que tenía, entre sus muchas atribuciones, la de vigilar la marcha de la averiguación sobre los vínculos entre la campaña presidencial de Donald Trump y el gobierno y los personeros de Vladimir Putin.

A la renuncia de McCabe, resultado de las constantes presiones de Trump sobre él, culpándolo —entre otras muchas cosas— de la severidad de la averiguación en su contra y de la supuesta laxitud en las investigaciones sobre la campaña de Hilary Clinton, se debe agregar más recientemente la inminente publicación de un memorándum elaborado para informar al presidente del Comité de Inteligencia de la cámara baja del Congreso de EU, el republicano Devin Nunes, del mismo asunto de la interferencia rusa en la elección estadunidense de 2016.

La salida de McCabe es especialmente delicada porque abre la puerta a que Trump trate de controlar el nombramiento de su reemplazo. Esta posibilidad resulta más grave cuando se considera la información recientemente dada a conocer acerca de una conversación entre Trump y el subprocurador general de EU, Rod Rosenstein en diciembre de 2017. En la plática quedó claro que Trump quería saber “en qué equipo” estaba Rosenstein, es decir, Trump quería saber si podía contar o no con la lealtad de Rosenstein en el contexto de la investigación sobre sus nexos con Putin.

Es bueno tener en cuenta que no hay precedentes de un presidente de EU actuando de la manera en que Trump lo hace en relación con Rusia, como tampoco los hay de un presidente que haya tratado de coaccionar al Departamento de Justicia de su país para evitar que el FBI llegue al fondo de su relación con los personeros de Putin.

Dejando de lado los detalles del conflicto que vive EU en la actualidad y que, de manera casi inevitable, terminará mal para Trump, es importante tener en cuenta que la situación de México es extremadamente delicada. No sólo hemos sido la pera que Trump golpeó durante la campaña electoral para sumar puntos fáciles a su favor. También lo hemos sido a lo largo de este primer año de su presidencia, pues cada que enfrenta una situación difícil, de inmediato recurre al expediente de acusar a los migrantes latinoamericanos y mexicanos de alguna atrocidad, tal y como ocurrió durante la lectura de su primer informe.

Que así sea, ha sido en buena medida nuestra responsabilidad. Hemos sido nosotros quienes hemos consentido que México sea un país en el que las oportunidades de desarrollo se hayan cancelado para sectores importantes de la sociedad que vieron durante muchos años en la emigración a EU la única salida a sus problemas. Para bien o para mal, esa puerta se ha cerrado y podrían cerrarse otras más, como el Tratado de Libre Comercio. En este sentido, el único remedio que tenemos los mexicanos para no ser víctimas frecuentes de los excesos, los gazapos e incluso las francas estupideces de Donald Trump es construir un México más democrático, más justo, que esté menos dominado por la dinámica de la corrupción, que ofrezca oportunidades de desarrollo a sus habitantes. Ojalá que aprovechemos las oportunidades que la elección de 2018 nos da para lograr ese objetivo.

manuelggranados@gmail.com

 
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