Vejez, pacto con la soledad

2018-02-06 05:07:46

México no quiere a sus ancianos. Una gran parte de ellos viven pobres, solos y aislados. Son discriminados en el transporte público, en las calles, en los empleos, en el hogar y hasta en las políticas públicas.

Si antes en el imaginario colectivo existía la figura del anciano como representación de la sabiduría y la piedra angular de la familia, la sociedad moderna y capitalista mexicana la sepultó. Ahora los ancianos forman parte de un grupo vulnerable que sufre violencia física, psicológica, financiera, sexual y hasta de negligencia.

Parece irónico que gracias al avance de la ciencia la expectativa de vida haya aumentado. Por ejemplo, México cuenta con casi 77 años de esperanza de vida, en promedio, mientras que su expectativa de vida en las décadas de los treinta y cuarenta era de entre 40 y 45 años. Sin embargo, los ancianos tienen hoy una menor calidad de vida.

Algunos son abandonados por su familia en las calles o asilos, no tienen seguridad social, ni acceso a servicios de salud ni de pensión; los que laboran son subempleados en tiendas departamentales como empacadores o encargados de limpieza, según un diagnóstico elaborado por Inmujeres llamado “La situación de las personas adultas mayores en México”.

Otra realidad mexicana expuesta en el diagnóstico de Inmujeres es que alrededor de “9.5% de las personas de 60 años y más, habla alguna lengua indígena; de ellas, cerca de una quinta parte son monolingües, lo que puede significar una forma de aislamiento del resto de la población y, por tanto, de desventaja: un 28.2% de las mujeres y 15.3% de los hombres hablantes de lenguas indígenas son monolingües”.

Soledad. “Para que la vida merezca la pena llamarse vida, hay que vivirla con otros”, dice la escritora española Rosa Montero, y ¿con quién hablan y comparten los ancianos? ¿Con quién viven la vida?

Las dinámicas sociales han cambiado a lo largo de los años; ha habido un debilitamiento de las instituciones que tradicionalmente tejían conexiones entre las personas como la familia, las fiestas familiares y de pueblo, la iglesia, los centros de trabajos, las cantinas, bares y las plazas públicas. Los ancianos cada vez están más aislados en las nuevas configuraciones de relaciones sociales. Están cada vez más solos.

En el edificio donde vivo, hay un par de ancianas que viven con sus hijos y nietos.  A veces, sólo apago la televisión y puedo escuchar frases como: “Cállate abuela-mamá, ya deja de quejarte”. “No sabes nada”. “Apúrate”. “¿Otra vez?, ¡ya me tienes harta!”, seguidas de un portazo. Las ancianas se quedan solas la mayor parte del tiempo, hasta que regresan los familiares del trabajo o la escuela.

Y al caminar por las calles de la Ciudad de México me encuentro decenas de ancianos pidiendo limosna. Leo historias horribles de personas mayores encerradas en condiciones deplorables o que fueron despojadas de todos sus recursos por sus familiares.

Los ancianos demuestran el funcionamiento de una sociedad feroz y atroz en la que sólo se exacerba la idea de productividad, de juventud, de vitalidad. Ignorando la realidad del paso del tiempo. Convirtiendo en invisibles a aquellos que resisten.

¿Cómo con-vivir realmente con las personas mayores? ¿Cómo integrarlas realmente a las nuevas configuraciones sociales? ¡Cómo!

En un futuro habrá más personas mayores que niños, según algunas proyecciones. Así que hay mucho trabajo que hacer para cambiar la situación en la que viven los ancianos.

@wendygarridog

wengarrido@gmail.com

 
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