Pérdida y desperdicio de alimentos en México

2018-02-07 01:35:58

Resulta impensable que en un país con más de 53 millones de personas en situación de pobreza tengamos un serio problema relacionado con el desperdicio alimentario. En sentido estricto, el debate público debería centrarse en políticas relacionadas a la seguridad y la soberanía alimentaria y el derecho de los mexicanos a la alimentación; sin embargo, un estudio realizado por el Banco Mundial, “Pérdidas y Desperdicios Alimentarios en México” reveló que desperdiciamos grandes cantidades de alimentos, lo cual podría resultar un absurdo, cuando aún no superamos problemas de pobreza alimentaria y desnutrición.

De una muestra de 79 alimentos estudiados, se calculó que se desperdician alrededor de 20.4 millones de toneladas cada año, que son equivalentes al 34 por ciento de la producción nacional de alimentos. Se estima que si estas pérdidas y desperdicios fueran recuperados, se podría atender la deficiencia alimentaria de más de 7.4 millones de mexicanos, que dicho sea de paso, cifras de la Comisión Nacional de Derechos Humanos reportaron a finales del año pasado que 23.3 por ciento de la población total vive en pobreza alimentaria y el 12.5 por ciento sufre desnutrición crónica.

Aunado a lo anterior, esta situación genera otras implicaciones ambientales y económicas. De acuerdo con el informe, la producción nacional de alimentos contribuye indirectamente a la generación de 36 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), un volumen similar a las emisiones generadas por 15.7 millones de vehículos anualmente. Asimismo, el agua que se utiliza en su producción, que terminan en desperdicio, es un volumen que asciende a más de 40 billones de litros, que es equivalente al agua utilizada por todos los mexicanos en 2.4 años. En cuanto a los impactos económicos, se calcula que el valor de mercado de los alimentos analizados asciende a 491 mil millones de pesos.

Estas cifras nos dan una clara dimensión de que nos encontramos frente a un problema mayúsculo. De acuerdo al Instituto Internacional de Investigaciones sobre Política Alimentaria las pérdidas y el desperdicio de alimentos están presentes en todas las fases de la cadena productiva, que va desde la producción, almacenamiento y transporte hasta el procesado, la distribución y el consumo. En el caso de nuestro país, alrededor del 72 por ciento de dicha pérdida y desperdicio se da en los primeros eslabones desde la precosecha hasta su distribución; y el 28 por ciento sucede en la venta al menudeo y como resultado de los hábitos de los consumidores finales.

Cabe precisar que desde el año 2011, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) abrió el debate a nivel mundial sobre la gran cantidad de alimentos que son producidos y nunca llegan a ser consumidos, y que es urgente que los países identifiquen las ineficiencias a lo largo de la cadena o red de valor de productos agroalimentarios, desde la producción primaria hasta las etapas subsecuentes de manejo, distribución, procesamiento y consumo.

En México hemos asumido este reto y desde el ámbito legislativo en el “Frente Parlamentario Contra el Hambre” estamos impulsando una serie de medidas legislativas en torno a la lucha contra el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición. Sin embargo, el gran reto es generar conciencia social respecto a malos hábitos de consumo que nos llevan al “consumismo”. La cosmética alimentaria, la mercadotecnia, la publicidad, influyen en la compra y acumulación de bienes y servicios innecesarios cuya producción compromete seriamente nuestros recursos naturales y el desarrollo sostenible. Hagamos conciencia, compremos sólo lo necesario y no contribuyamos al desperdicio de alimentos.

Senadora de la República

Michoacán de Ocampo

@RocioPinedaG

 
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