Y entonces ¿para qué los invitan?

2018-02-08 22:29:07

Menudo escándalo se ha desatado en el futbol mexicano después de las, no sé si indiscretas o inoportunas declaraciones de Enrique Bonilla, titular de la Liga MX, de que estaban planeando en el Comité de (sub) desarrollo de la FMF, anular el descenso durante, dicen, cuatro temporadas.

Una decisión que al margen de que se tome o no, suena retrógrada, anti-evolutiva, prepotente e insultante para quienes de una forma u otra, han invertido muchos recursos para ser parte del futbol mexicano, aunque sean socios pequeñitos y que se encuentran lejos de tener al menos una cierta influencia en las decisiones que se toman en la Federación Mexicana de Futbol.

Y todo parte, dicen, de la desigualdad que hay en las condiciones de operación de varios de los equipos que están en la Liga de Ascenso, también pomposamente llamada MX, algo que no ha servido de plano para nada.

No sólo es que Enrique Bonilla salga y diga lo que van a hacer, o lo que están planeando y que lejos de construir, pone en un estado de tensión y de nervios a la mayoría de los que de una forma u otra, participan en lo que alguna vez fue la segunda división. Es cierto que en la FMF se han tomado decisiones a lo largo de la historia, que correspondían a la necesidad de salvarle el pellejo a alguno de los miembros del Club de Tobi, pero en este caso, ni Televisa, ni Azteca, ni ninguno de los “socios” mandones en la Federación, resultaría beneficiado o afectado de alguna forma. Que haya 20 equipos o 18 es lo de menos.

Pero si existe una Liga de Ascenso, ha sido con la idea de que hubiera un desarrollo del futbol mexicano, que competitivamente se vieran beneficiados los equipos participantes, que el flujo de franquicias que subían y bajaban, significara que había real competencia, y que con ese nivel de competencia mejorado, los equipos que estuvieran en la máxima división, también ofrecieran a sus aficionados un mejor espectáculo.

Pero el problema empieza desde la forma en que se ha planteado la existencia de esta liga. Los equipos participantes, los que llevan muchos años y los que no, han pasado de ser filiales de las franquicias de la primera división, a militantes autónomos, que sobreviven muchas veces a expensas de gobiernos municipales o estatales, con el apoyo de fieles aficiones que toleran un espectáculo a veces de medio pelo, y que de una forma u otra van progresando.

Evidentemente, con el subdesarrollo futbolero en un país que pretende ser grande, pero que se comporta como subdesarrollado en muchos menesteres, no hay muchos estadios que cumplan con las regulaciones que ha ido implantando la FIFA a nivel internacional y su reflejo en la FMF a nivel nacional. Pero ahí están. Trabajando y empujando.

Y si de pronto Mr. Bonilla sale a decir que se trata de emparejar las cosas, eso no se va a lograr dándoles “en la suya” a estos equipos sobrevivientes de la cruda realidad de un país que con su centralismo, condena a que todo lo que está fuera de Ciudad de México y unas cinco o seis ciudades más, sean el reflejo del subdesarrollo económico y la inoperancia de que sólo haya unos cuantos mercados capaces de soportar gastos millonarios para la manutención de un equipo de futbol.

El círculo vicioso ha existido hace muchos años. Lejos se está de los sueños guajiros de que la Liga MX sea una liga de clase mundial, donde se hacen negocios de esa categoría pero se presenta un espectáculo a veces muy pobre. Si los equipos de la Liga de Ascenso no estaban o no han estado en condiciones de competir si alguna vez logran el ascenso, la pregunta sigue siendo la misma, ¿para qué los han dejado integrarse y afiliarse?...

Claro, para los americanistas, michoacanos, tapatíos, regiomontanos y algunos otros de sus pudientes socios, es muy fácil decir que van a “abolir el ascenso”, porque las decisiones las toman representando a equipos y dineros que no son suyos. Porque a diferencia cruda de lo que pasa en la Primera División, en la Liga de Ascenso son pocos los corporativos que están atrás de una franquicia, las más de las veces, son empresarios entusiastas aficionados al futbol, que ponen el dinero de los negocios que les dan para vivir, y no simplemente llaman “al de administración” para pedirle “más lana”, porque “el jefe ya lo autorizó”...

Todo este escándalo no hubiera existido, si don Bonilla no hubiera salido “a rajar” lo que apenas están pensando, aunque la otra cara de la moneda es que “lo mandaron a soltar la sopa” para ver cómo se ponían los afectados ante la posibilidad de esta carnicera decisión… De verdad, no me cae mal Enrique Bonilla, pero qué trabajo me cuesta creerle hasta que se llame así, Enrique Bonilla... Entonces, menos le creo las “razones” que soportan su pretendido proyecto… ¿Por qué será?...

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