De regreso al berenjenal sin soluciĆ³n

2018-02-26 21:33:40

A pesar del agravamiento de la situación siria en las últimas semanas, lo cual es ya mucho decir dado el desastre en que yace el país tras siete años de conflicto permanente, este sábado pasado, quedó la impresión de que se abrirá un pequeño recoveco para una cierta paz humanitaria con base en la aprobación de la resolución 2401 del Consejo de Seguridad (CS) con la unanimidad de sus quince miembros, a fin de implementar un alto al fuego por 30 días consecutivos dando paso a una “pausa humanitaria duradera” para permitir el acceso de ayuda humanitaria semanalmente y la evacuación de personas heridas y en estado de salud crítico.

Como ha sido difundido ampliamente, el teatro de operaciones militares fue ampliado a la región de Guta, cercana a la capital Damasco, la cual ha sido objeto de incesantes bombardeos por las fuerzas del régimen sirio entre el 18 y 23 de febrero, con un alto saldo de víctimas civiles. De acuerdo con la organización Médicos sin Fronteras (MsF), en los hospitales y clínicas apoyadas por dicha organización han ocurrido en ese periodo, más de 520 muertes y se han tratado a 2 mil 500 heridos, en su mayoría mujeres y niños, y al menos 13 instalaciones médicas que operan con su respaldo fueron dañadas en parte o totalmente por las bombas.  Sin embargo, el mayor reclamo de MsF en esa línea, se refirió al nulo respeto mostrado por las partes respecto del derecho internacional humanitario y exigió a quienes apoyan a los beligerantes utilizar al máximo su influencia para atenuar la sangría y facilitar el trabajo de las organizaciones y los trabajadores humanitarios.

Casi inmediatamente, el secretario general de la ONU subrayó la obligación que tienen todas las partes bajo el derecho internacional humanitario y el derecho de los derechos humanos a proteger en todo momento a la población civil y que incluso los esfuerzos por combatir el terrorismo, no superan esas obligaciones —en un claro mensaje al gobierno sirio.

Más allá de ello, y con el trasfondo del fracaso de anteriores iniciativas para operar un alto de las hostilidades, lo cierto es que esta decisión no debe ser magnificada ya que las posibilidades de que ocurra con efectividad son igual de reducidas que en el pasado. En reciente entrevista, el ministro de Exteriores ruso reiteró que la posición de su país consiste en buscar una solución a la crisis respetando la integridad del Estado y el territorio sirio, y tras criticar en tono severo la posición estadunidense durante la administración Obama, fue cuidadoso de no extender su vehemencia a Trump. En esa medida justificó su actual cercanía con Irán y Turquía, países que en su óptica, están dispuestos a encontrar posiciones comunes con ese objetivo a pesar de sus posturas diferentes. (www.euronews.com) Como ha quedado claro en todo este tiempo, ello significa respaldo al régimen de Al Asad.

De hecho las noticias que han circulado tan pronto ha entrado en vigor la decisión de cese al fuego, no solamente dan cuenta de que los bombardeos han continuado, sino de que grupos opositores han denunciado la utilización de armas químicas —prohibidas por el derecho internacional— y de que algunas personas han sido tratadas médicamente frente a los efectos de las mismas.  Dada la delicadeza de la situación y la dificultad de corroborar esta información, los medios también han sido cuidadosos en recordar que en el pasado, ambos bandos en disputa se han acusado mutuamente de utilizar gas clorín y que el gobierno sirio ha negado su uso en contra de civiles en reiteradas ocasiones. Cabe tener en mente que tan sólo en 2017, Rusia vetó en el CS cinco resoluciones referidas a Siria, particularmente relacionadas con el supuesto uso de armas químicas en ese país y con la renovación del mandato del Mecanismo Conjunto  de Investigación entre la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas y la ONU. Otros miembros no permanentes como Bolivia, votaron en contra de esas mismas resoluciones, y países como Egipto, Etiopía y Kazajastán se abstuvieron en varias de ellas. China, por ejemplo, como miembro permanente, se unió al veto ruso en una de las resoluciones del CS en las que se imponían sanciones al gobierno sirio por el uso de armas químicas y se abstuvo en la votación de las restantes.  Para darse una mejor idea de la parálisis que ello supuso, tanto para la situación siria en particular como del Consejo de Seguridad de la ONU en lo general, anotar que en 2017 se ejercieron en total seis vetos, lo que representa el mayor número de vetos desde 1988. El sexto veto fue ejercido por Estados Unidos en relación con una iniciativa sobre el tema del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel.

 

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