El modelo holand├ęs

2018-03-03 23:28:03

La noche del lunes 26 de febrero, en Twitter, la noticia de la manera como se levantó de la mesa de negociaciones el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, luego de que no se lograran avances en la séptima ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, recorrió México y EU como un escalofrío.

Al día siguiente, los líderes republicanos, encabezados por el senador de Utah, Orrin Hatch, hablaron incluso de la posibilidad de blindar al TLC desde el Senado de su país. En México, los más optimistas se aferran a la ilusión de que Donald Trump entre en razón y reconozca lo positivo del TLC. Los más pesimistas adelantan efectos muy negativos, especialmente en ciudades como Aguascalientes, que dependen del TLC. Esa es nuestra realidad: dependemos de producir millones de piezas para vehículos que se venden fundamentalmente en EU. Si México pierde esos ingresos, los daños serán cuantiosos.

Sin importar si los perdemos o no, es urgente pensar ya en otro modelo de desarrollo. Debemos dejar de ilusionarnos con la fantasía de que, si se cae el acuerdo, podremos vender esas partes o algo similar a Canadá o a China. A Canadá no es posible porque su población es menor que la de México; no hay modo que Canadá compre a México todo lo que EU compra. A China tampoco, porque es la gran fábrica del mundo. No necesita de nuestra manufactura y somos relevantes para ellos sólo como consumidores.

Una de las características del nuevo modelo es que debe ser viable y sustentable. No puede depender, como ocurre ahora, de los sueldos que se pagan en México. Y tampoco puede depender de compras masivas en el exterior de alimentos clave como el maíz. No puede ser un modelo que apueste a las industrias extractivas. Debe ser un modelo que sea autosuficiente en materia alimenticia, de manera que el bienestar no dependa de fluctuaciones en los mercados.

Holanda podría ser el ejemplo a seguir. Un país casi del tamaño de Yucatán, con sólo dos por ciento del territorio que tiene México, que es el segundo exportador de alimentos a escala mundial. Holanda, con inviernos mucho más severos, exporta alrededor de 93 mil millones de dólares y sólo importa 23 mil millones. Gracias a ello, tiene un superávit comercial en materia alimenticia del orden de los 70 mil millones de dólares al año. Aunque México también tiene un superávit comercial en materia alimenticia, los 18 mil millones de dólares de superávit son seis veces menos que el superávit de la pequeña Holanda.

¿Qué hay detrás del modelo holandés? Tienen ventajas por las características de su territorio, la presencia de ríos y la cercanía a los mercados europeos, pero también la conciencia de que sólo al garantizar la seguridad alimentaria de su población es posible pensar en otras cosas. Tienen claro, además, que es necesario aprovechar al máximo el territorio disponible para cultivar, que necesitan desarrollar tecnologías sustentables, incluidos los fertilizantes, que deben usar y no expulsar la mano de obra local y que deben comprometerse con altos estándares de calidad en la producción y la distribución.

En México apostamos a un modelo de desarrollo que no garantiza la seguridad alimentaria; que depende excesivamente del humor de EU; que está afectado por la corrupción; que no favorece una sana competencia interna; en el que el apoyo a los productores depende de los caprichos de los políticos; que hace mal uso del agua; que usa malos fertilizantes y que no facilita la creación de empleos formales. Sí es posible cambiar, pero el cambio no llegará solo.



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