Los Cabos, la ciudad más peligrosa del mundo

2018-03-07 23:18:49

Aunque se trata de datos correspondientes a 2017, no deja de ser alarmante el incremento de la inseguridad en Los Cabos, BCS, catalogada como la ciudad menos segura del mundo, menos incluso que Caracas y con una población sensiblemente menor, incluyendo la turística, que por obvias razones es flotante. Otro pequeño ejemplo de que ya somos como Venezuela y del que deberían tomar nota los guionistas de la guerra sucia.

Para tener una comprensión más cercana del problema, me puse en contacto con una joven y brillante egresada de la UAM-Xochimilco, residente de San José del Cabo. Le formulé unas sencillas preguntas con el objeto de saber de primera mano qué es lo que está sucediendo por allá. Me pidió omitir su nombre y respeto su decisión.

—¿Te tomó de sorpresa amanecerte con la noticia de que vives en la ciudad más peligrosa del mundo?

—La inseguridad en el municipio se ha acrecentado en los últimos tres años. Aquí, como en muchos otros lugares, el incremento está relacionado en buena parte con el cambio de gobierno. Lamentablemente esto era de esperarse. Hasta hace un año, La Paz era el lugar donde los encuentros entre grupos de narcomenudistas se llevaban a cabo. Sin embargo, a principios del año pasado conocimos noticias como balaceras en el centro de San José del Cabo y de ahí no han parado de presentarse casos, cada vez más frecuentes, cada vez más violentos.

¿Cómo vives tu ciudad?, ¿tienes miedo, has cambiado tus hábitos?

En general no he tenido que realizar mayores cambios. Pero te vuelves más precavido. Se han presentado situaciones de largas persecuciones en la Carretera Transpeninsular (avenida principal), así como balaceras en estacionamientos de centros comerciales, casas cercanas a mi domicilio, playas, centros de consumo. Uno de los principales cambios es que asumes que la inseguridad también tocó al estado como al resto del país, que ha afectado a amigos cercanos o conocidos dedicados a actividades lícitas. Lo peor de esta violencia desatada, es que los medios locales siempre quieren encontrarle algún vínculo con actividades ilegales, particularmente ligadas a las disputas por las plazas de venta de droga.

—Pues antes de que se destaparan estas espeluznantes cifras: 111 asesinatos por cada 100 mil habitantes, el secretario de turismo propuso legalizar la producción, venta y consumo de cannabis en “ciertas zonas turísticas”. Tú sabes que hay un movimiento, cada vez más aceptado, que propone la legalización de cannabis en todo el país. ¿Te parece que sería una solución para evitar que pase en Los Cabos lo que pasó en Acapulco, y puede pasar en Cancún o Cozumel?

—Seguro. Hay que entender dos puntos importantes: el 90 por ciento de nuestro turismo es de origen canadiense y estadunidense. Gran parte de los principales consumidores de mariguana son ellos. Pero dudo que el consumo de hierba sea el único problema. Hay otras cuestiones como la venta de cristal, que aquí se mueve mucho. El problema va más allá y en él está inmiscuida la política. Se trata de saber quiénes son los grupos que han estado por años controlando las plazas y cuáles son sus conflictos con los nuevos grupos que han llegado, quiénes los controlan, quiénes los respaldan y cuáles son los acuerdos que se han hecho. El estado está en un proceso de crecimiento y desarrollo acelerado desde principios de este sexenio. Fue algo que presumió la entonces secretaria de turismo, Claudia Ruiz Massieu, con la promesa de una mayor generación de empleos y mejor calidad de vida para los que aquí habitamos.

—Pero se cae el turismo y se cae la economía del estado. A diferencia de Acapulco, que por su cercanía con la ­CDMX pudo sobrevivir mediante la atracción de una parte del turismo nacional de clase media, me parece que el caso de BCS es más delicado. ¿Hay conciencia en la población de este grave y potencial problema?

—Claro, ésta nos está afectando mucho por la parte del turismo internacional (sobre todo cuando Trump emite sus alertas). Y con respecto a los visitantes nacionales, es difícil que vengan en grandes grupos justo por la distancia con el centro de la República. En este contexto el tema de la inseguridad no ayuda nada. Gran parte de los pobladores trabajamos en el sector turístico y vemos cómo nos afecta esta realidad. La Asociación de Hoteleros del Estado, al lado de capacitadores del sector, trabajan en cursos con los trabajadores para no propagar información que dañe la imagen del estado. Sin embargo, tampoco puedes negar la realidad cuando visiblemente el gobierno actual no está cumpliendo con su función. Hay una minimización de la problemática, se destinan pocos recursos al fortalecimiento de la seguridad y se advierte un total desinterés en trabajar con empresas y ciudadanos para sacar al estado de este bache.

Hasta aquí la entrevista con mi amiga, cualquier parecido con otras ciudades que el estado le ha cedido al crimen organizado, es mera coincidencia.



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