La Fiesta Electoral

2018-07-14 22:56:06

Los ganadores de la contienda andan eufóricos, los perdedores asombrados y las instituciones electorales pasmadas. A riesgo de amargar un poco el jolgorio pos-fiesta, vale la pena reflexionar sobre un tema que siempre está a discusión después de una elección presidencial: el futuro del modelo del sistema electoral. Pongo sobre la mesa mi valoración sobre causas y efectos.

1. La reforma electoral 2014 fue resultado del dolor de la derrota del PAN en la elección presidencial de 2012, que hizo responsable a los gobernadores priistas de operar a favor del PRI. No hubo queja en 2006 cuando varios gobernadores de ese partido operaron a favor del candidato presidencial del PAN, en la elección presidencial de 2006. A lo anterior hay que agregar la visión centralista del PRD y de la necesidad del PRI de los votos de ambos partidos, para lograr la aprobación de las reformas estructurales plasmadas en el Pacto por México.

2. La reforma se ofreció como una garantía para disminuir los costos de las elecciones. Sólo fueron cantos de sirena. Es verdad que se disminuyó el financiamiento para el gasto de campaña, pero los partidos se otorgaron un financiamiento extra de alrededor de mil 600 millones de pesos, vía el financiamiento local.

Hay que agregar que el costo de los institutos electorales locales se incrementó debido a la homologación de 7 consejeros por entidad y a la implantación del Servicio Profesional Electoral Nacional. Además, el INE con el argumento de elevar la calidad de las elecciones elevó los costos de los comicios locales, pues llegó al extremo de definir el calibre de urnas y mamparas. Todavía está pendiente realizar el cálculo preciso del impacto financiero en las elecciones locales y federales, por el incremento de atribuciones del INE.

3. Otro objetivo fue alejar la influencia de los gobernadores de la política electoral lo cual tampoco se consumó. Los gobernadores pusieron en práctica el “maiceo”. Afortunadamente creo son escasos los casos en que los consejeros locales cayeron en la tentación; apretaron a los institutos limitando y proporcionando por goteo el presupuesto inclusive en año de proceso electoral y; modificaron las leyes electorales locales para mermar atribuciones a los consejos o a los presidentes incómodos y en algún caso extremo llegaron a estipular que el Secretario Ejecutivo del Instituto sería nombrado por el Congreso Local.

4. La autonomía constitucional a los institutos locales quedó en una ficción. En primer lugar, por el nombramiento de los consejeros electorales de las entidades, que salió de su ámbito político natural para concentrarse en los once miembros del Consejo General del INE. Se rompieron así los equilibrios políticos locales y nacional. Además, concentró en once personas un gran poder de decisión, que no es ajeno al juego político y en el pasado estaba distribuido entre treinta y dos órganos legislativos, cada uno con su propio equilibrio político.

En segundo lugar, el traslado de atribuciones esenciales de los institutos locales al INE, por ejemplo: la instalación de casillas, capacitación, geografía electoral y fiscalización.  Así como la facultad de atracción otorgada al INE, lo menos que se puede decir es que han sido utilizadas con liberalidad. Además, la actitud sumisa de diversos consejos de institutos locales ha mermado su capacidad operativa.

5. La diferencia en la elección presidencial entre el ganador y el segundo lugar evitó el conflicto poselectoral. El sistema electoral actual no hubiera resistido una competencia cerrada y hubiera derivado en un conflicto poselectoral. Dos factores que hicieron compleja la operación en la organización de las elecciones fueron, en primer término, la concentración de los calendarios electorales; y, en segundo, la casilla única que prolongó los cómputos más allá de cualquier optimismo.

Los promotores de la reforma centralista pensaron, y pensaron mal, que la unificación de los calendarios los beneficiaría; su cálculo falló. Respecto de las demoras de resultados, lo mismo sucedió con los cómputos distritales federales y locales, debido a los recuentos (en las elecciones federales alrededor del 75 por ciento de los paquetes de cada una de las elecciones). En lo local el caso de Puebla es emblemático, pues se cuestionó el tardío inicio del PREP y un lento avance, al igual que el cómputo en las casillas. La casilla única se convirtió en un embudo.

Ante esta situación algunos consejeros del INE “descubrieron el agua tibia”, al considerar necesario impulsar el uso de urnas electrónicas. Las urnas electrónicas en el ámbito electoral local al menos tienen tres lustros de existir y en algunas entidades se logró que la votación emitida en ellas fuera vinculante. La reforma centralizadora de 2014 echó por la borda esos avances.

Por otro lado, el presidente del INE solicitó, en caso de que se efectúe una reforma electoral, que se termine con la sobrerregulación. Es verdad, la legislación en la materia es barroca, pero hay que asumir con algo de espíritu autocrítico, aunque sea un poquito, que el Consejo General del INE ha contribuido comedidamente a incrementar una normatividad abigarrada.

Hay que decirlo. Durante los tres primeros años de vida del INE, se hicieron oídos sordos a la propuesta de impulsar la creación de un prototipo de urna electrónica que tomara en cuenta las virtudes de las existentes en las entidades federativas y en el propio INE. Este es un aspecto particular de un problema más amplio. Al interior del INE estuvo ausente el análisis estratégico sobre el modelo del sistema electoral. Será tardío, pero todavía es tiempo de enmendar esa deficiencia.

6. Una de las virtudes esenciales de la democracia es la distribución del poder. En el ámbito de la organización de las elecciones este principio ha sido vulnerado por la reforma de 2014. Es necesario enmendar esa deficiencia. Pero enfrentamos una situación inédita, la revisión, adecuación y mejoramiento del Sistema Electoral por primera vez en muchos años no está en la agenda de los actores políticos e institucionales involucrados en las elecciones.

Una nueva reforma electoral de largo aliento que busque equilibrar el poder tiene que centrarse, al menos, en cuatro objetivos: garantizar la autonomía de los institutos locales, disminuir la presión política sobre el INE, la eficaz descentralización de atribuciones y la eficiente disminución de los costos de la organización de las elecciones. Esperemos que la euforia del triunfo y el dolor de la derrota no sean impedimentos para lograr desfacer los entuertos normativos en materia electoral.



Profesor UAM-I

@jsc_santiago

www.javiersantiagocastillo.com

 
Todos los derechos reservados ® cronica.com.mx
Sitio desarrollado por GYL SYSTEMS