La fiesta electoral

2018-07-28 22:43:46

En relación con mi última columna, publicada en este mismo medio, existen algunas ideas que es pertinente no dejar en el tintero. Puesto que de concretarse un nuevo cambio en el modelo electoral se deben considerar todas las aristas posibles. Pensando siempre en mejorar aquello que no ha podido funcionar adecuadamente.

Concretamente reitero que el rumbo del nuevo modelo electoral debe estar enfocado en cuatro objetivos: 1) la descentralización de atribuciones; 2) autonomía de los organismos públicos locales; 3) la disminución de los costos de las elecciones, y 4) la despresurización política sobre el Instituto Nacional Electoral (INE).

Pero volviendo al hilo conductor de la causa y efecto. La reforma de 2014, con la experiencia de dos elecciones federales concurrentes, ha mostrado un evidente desgaste, y en algunos aspectos poca funcionalidad. Además de las inconsistencias estructurales del modelo, una deficiencia está en aquellos pequeños detalles técnicos, que al volverlos operacionales complican el ­desarrollo de toda una elección. La mirada debe ser taladradora, sin contemplaciones, sobre lo que ha demostrado ser eficaz y aquello que simplemente no es funcional en estos temas.

1. La Capacitación Electoral es una atribución que la ley le confirió al INE, no obstante, esa misma ley establecía a consideración del Consejo General del INE su delegación a los Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE).

En esta elección el INE no sólo dejó de considerar delegar dichas funciones, sino que sus Consejos Distritales se hicieron cargo no sólo de la Capacitación, sino también del reclutamiento y evaluación del personal que estuvo a cargo y fue pagado por los Institutos locales. Situación que derivó en una saturación de funciones para los órganos desconcentrados.

Sin demeritar el enorme trabajo de cada órgano desconcentrado del INE, el exceso de atribuciones impide una adecuada operación de cada una de las actividades encomendadas. Este tipo de prácticas trastoca, por un lado, las funciones del Instituto y, por otro, atenta contra la muy defendida autonomía constitucional de los institutos locales. Querer asumir el control total de la capacitación puede presentar un riesgo muy grande para toda elección, y a su vez, interfiere con el desarrollo del proceso electoral local, el cual se desenvuelve a otro ritmo y con una dinámica distinta.

El reto entonces es, reconocer el papel que los organismos locales desempeñarán en las elecciones futuras. Voluntad y tacto político son un par de elementos con una presencia tenue en el actuar institucional del INE en su relación con los institutos electorales locales.

2.  Las deficiencias en la operación organizacional aparecieron a flor de tierra durante y al final de la jornada electoral. Prueba de ello es el retraso en la instalación de las casillas, y la gran cantidad de incidentes que se reportaban a la apertura de las mismas. Podemos pensar que fue lo mínimo que se esperaría, sin embargo, el mayor de los problemas llegó a la hora de la realización de los cómputos en casilla.

Me atrevo a decir que un gran porcentaje de esos paquetes que fueron recontados, tuvieron como detalle el mal llenado de las actas. No es responsabilidad de los ciudadanos, los cuales realizaron su mejor esfuerzo, me centro más bien en reflexionar ¿Qué tan efectiva resulta la casilla única? En algunas entidades los funcionarios tuvieron que hacerse cargo del llenado de actas de hasta seis elecciones, eso sin contar el tiempo que toma el traslado de los paquetes electorales.

3. El gasto electoral es otro gran reto de la democracia en general. A nivel federal el gasto electoral se distribuye entre el INE, el Tribunal Electoral del Poder ,­Judicial de la Federación (TEPJF) y los partidos políticos. Según datos presentados por Integralia Consultores, en la elección presidencial de 2012 estas instituciones presentaron gastos por: INE, 13 mil 311. 9 millones pesos; TEPJF, 3 mil 32.8 millones de pesos; y partidos políticos, 6 mil 583.5 millones de pesos. Esa elección tuvo un costo total de 22 mil 928.2 millones de pesos.

Para la elección presidencial de 2018 el comportamiento del gasto quedó de la siguiente manera: INE, 17 mil 426.4 millones de pesos; TEPJF, 3 mil 893.2 millones de pesos, y los partidos políticos, 6 mil 702.9 millones de pesos, esto sin contemplar los gastos de los Candidatos Independientes. Haciendo un gasto total de 28 mil 22.5 millones de pesos para dicha elección. Está pendiente realizar el cálculo sobre la inversión realizada en las entidades federativas en la organización de sus elecciones.

Es evidente que el objetivo de disminuir el costo de la organización de las elecciones planteado en la reforma de 2014, no se cumplió. La centralización electoral contribuyó a incrementar el gasto electoral.

Estos aspectos particulares nos muestran con claridad las debilidades del modelo electoral creado en 2014. Puesto que el sistema electoral es una pieza clave del entramado institucional sin el cual la democracia no puede existir, es necesario repensarlo. Pero este sistema, además de funcionar, debe ser funcional al sistema político. Un sistema es funcional si es capaz de funcionar en condiciones de normalidad o bajo una presión intensa. El modelo creado en 2014 funcionó en estas elecciones porque la distancia entre el ganador y sus competidores fue relevante. Si la competencia por la Presidencia hubiera sido cerrada el sistema hubiera entrado en crisis.

Hoy, para responder a la pregunta de ¿cómo hacer funcional el sistema electoral?, es necesario atender la distribución de competencias de los organismos electorales locales y federales, ya sean administrativos y jurisdiccionales, las obligaciones y el financiamiento a los partidos políticos, y la innovación dirigida a la disminución de los costos globales en la organización de las elecciones.

Reducir el problema de la funcionalidad del sistema electoral a la obligada centralización en una sola institución, al financiamiento público a los partidos políticos, a los salarios de los consejeros del INE o al número de asesores que laboran con ellos sería de un simplismo conspicuo. Sin ser pesimista, no percibo vientos favorables para navegar hacia una consolidación institucional en el ámbito electoral. Aunque es indispensable transitar de la visión de poder, a la visión de Estado.

Consejero Electoral del INE/

Profesor UAM-I

@jsc_santiago

www.javiersantiagocastillo.com

 
Todos los derechos reservados ® cronica.com.mx
Sitio desarrollado por GYL SYSTEMS