Apoyar y apoyarse en la ciencia, un compromiso ineludible del nuevo gobierno

2018-08-01 22:08:47

Javier Velázquez Moctezuma*

 

Uno de los ámbitos en el que los cambios pueden ser extraordinariamente productivos para el país es la actividad científica. La ciencia y los científicos mexicanos somos una comunidad que por muchos años ha luchado, infructuosamente, por ocupar el lugar que la ciencia tiene en otros países en los que ha sido el motor decisivo del desarrollo y el bienestar para la población. Ejemplos hay muchos, los habituales como el Reino Unido y Alemania entre otros y los mas recientes donde Singapur es de los más destacados.



El pasado 2 de julio, los mexicanos amanecimos en un país diferente, cargado de optimismo, esperanza y confianza en el futuro. Esos buenos augurios, sin embargo, deben empezarse a cristalizar en actos y acciones que modifiquen nuestros quehaceres ancestrales, mismos que hundieron al país y empobrecieron a su población.

¿Porqué en nuestro país la comunidad científica ha estado divorciada de empresa y gobierno? Y ¿Porqué la ciencia ha estado ausente en la toma de decisiones? Fundamentalmente porque estos tres elementos que en otros países generan el desarrollo, léase, empresa, gobierno y academia, en nuestros país están invadidos por la desconfianza y el desconocimiento mutuo. Ni empresa ni gobierno buscan consultar a la comunidad científica nacional para tomar decisiones y el sector académico, por su parte, desprecia el acercamiento con ambos sectores por considerarlo impropio para sus muy nobles objetivos de la búsqueda del conocimiento.

Los escasos intentos de acercamiento han tenido resultados mas bien pobres y erróneos. Dos ejemplos, al nacimiento del siglo, el congreso vota y aprueba que el 1% del PIB debe ir a la ciencia. Desde entonces, año con año, el congreso viola su propia norma y el presupuesto para ciencia se queda en alrededor de 0.45 %. ¿Por qué? Probablemente porque los legisladores lo consideran gasto, en lugar de considerarlo inversión.

Otro ejemplo fallido en esta comunicación entre gobierno y  academia se refiere a la formación de doctores. De pronto, una epifanía gubernamental y la indicación es que el país necesita tener mas doctores. La comunidad académica reacciona presta y se generan nuevos programas de doctorado, muchos de ellos de competencia internacional y, en poco tiempo, nuevos doctores mexicanos empiezan a surgir en cantidades crecientes. Sin embargo, terrible decepción, no tienen dónde trabajar en México. Resultado, en 2018 miles de brillantes y preparados jóvenes mexicanos, trabajan en el extranjero, con muy pocas posibilidades de regresar al país.  Toda la inversión y el trabajo empeñado en esa tarea no beneficia al país, está beneficiando a países donde los científicos son apreciados.

El error común en estas historias, me atrevo a proponer, radica en el desconocimiento de lo que, en otros países, está bien definido como el ecosistema de la ciencia, la tecnología y la innovación. Se entiende que esteecosistema  implica el desarrollo armónico  de cada uno de sus elementos y la adecuada interacción entre ellos. Esto quiere decir que el país debe seguir invirtiendo y apoyando a su comunidad de científicos, que desarrollan lo que se llama ciencia básica, es decir, la generación de conocimiento. El desarrollo tecnológico implica que, basados en la ciencia básica, nuevos actores impulsan nuevas técnicas orientadas a resolver problemas concretos de la sociedad, la industria, el gobierno. Con estos dos eslabones sólidamente desarrollados, podemos aspirar al tercer componente, la innovación que, nuevamente, implica la participación de otros actores, ahora menos parecidos a los científicos, como administradores, financieros, abogados etc. Esta es la vía, ya probada en otros países, para que la academia pueda hacer aportes sólidos al desarrollo del país.

Lo anterior implica una adecuada e intensa interacción entre academia, empresa, gobierno y, debemos agregar, organizaciones de la sociedad civil. Implica también que la comunidad científico académica recibe recursos adecuados para sus actividades y genera el compromiso de aportar conocimiento y experiencia en la toma de decisiones que empresa, sociedad o gobierno tengan qué hacer.

El próximo Congreso nacional tendrá una clara mayoría de legisladores progresistas. Es una oportunidad única para instaurar el inicio de una historia de triunfos nacionales. El nuevo congreso puede iniciar la práctica, hoy común en otros países, de tomar decisiones basados en evidencias, es decir, que la toma de decisiones que han de enfrentar deberá estar plagada de consultas al sector académico, como un mecanismo para garantizar lo viable y adecuado de las decisiones que se tomen.

¿Existirán las condiciones para llevar adelante esta propuesta? Estoy convencido de que sí. En México existe una comunidad científica sólida, consolidada y con amplio reconocimiento internacional. Una comunidad dispuesta, en términos generales, a participar y aportar en la solución de los retos que se le presentan al gobierno, al sector empresarial y a las organizaciones de la sociedad civil.

Los graves y complejos problemas que el país tendrá que  empezar a resolver en el corto plazo, incluyen el agua, los recursos naturales, la energía, la educación, los procesos económicos, sin dejar fuera, por supuesto, a la violencia, la inseguridad, las drogas y un largo etcétera. En todos estos casos, indudablemente existen académicos en el país que han estado estudiando los problemas por años. ¿Vamos a seguir ignorando su opinión? Sería un error seguir dilapidando este valioso recurso. En las universidades y en los centros de investigación existen los grupos de académicos capacitados que pueden colaborar significativamente a resolver problemas. Es hora de empezar a consultarlos.

Así, debemos reiterar, si el nuevo gobierno quiere realmente llevar a cabo la cuarta transformación del país, no puede dejar fuera de la toma de decisiones al sector académico, a la comunidad científica. El acercamiento del gobierno con academia, empresa y sociedad civil organizada seguramente abrirá grandes avenidas por las que transite el desarrollo global del país y las mejoras que deben observarse en la calidad de vida de los mexicanos.¿Habrá la visión, la intención, el compromiso y la voluntad de hacerlo? Los académicos esperamos que sí. El nuevo gobierno tiene la palabra.

 

 

* Profesor-investigador del Departamento de Biología de la Reproducción de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Profesor Distinguido de la UAM y fundador y director de la Clínica de Trastornos del Sueño. jvelazquezmoctezuma@gmail.com

 
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