Atorada la entrega-recepciĆ³n

2018-08-03 22:29:56

El tortuguismo en la realización del cómputo final y la calificación de la elección del 1 de julio, así como en la entrega de la constancia de mayoría y la declaratoria de Presidente Electo, a favor del candidato triunfante, entorpece el proceso administrativo de entrega-recepción y, por consiguiente, contribuye a la opacidad en el cambio de gobierno.

En un relevo que no ocurre entre integrantes de un mismo partido y ni siquiera de las mismas fuerzas que en los últimos sexenios han gobernado el país, la demora ya suscita toda clase de suspicacias, inconvenientes para la buena marcha del gobierno y de la función pública en general.

¿Entregará el equipo saliente la información completa y clara, sin sesgos ni apartados ocultos, y le dirá al entrante las cosas como son, en términos de deudas y compromisos económicos y políticos, de modo que éste pueda saber dónde está parado y con qué cuenta y con qué no?

En una elección cuyo abrumador resultado sorprendió a muchos y ha sido comparado con el paso de un tráiler, una locomotora, un tsunami y hasta una bomba atómica, ¿han tenido que trabajar horas extra los hombres del gobierno peñista para cuadrar cifras, ajustar contratos, extender tiempos y, en fin, hacer las adecuaciones impuestas por la imprevisión?

A la lentitud en el trabajo del Tribunal Electoral añádanse las imprudentes ansias de novillero del ganador de la contienda, que en un mes ha presentado medio centenar de lineamientos para conseguir ahorros y combatir la corrupción y la impunidad, y anunciado un conjunto de  iniciativas de ley, decretos, reglamentos y hasta una Constitución Moral, con los que se propone cambiarle hasta el modito de andar a nuestro país.

Se trata de un cúmulo de propuestas, de las cuales pocas han sido afinadas y la mayoría están apenas esbozadas; pero, en todo caso, muchas denotan voluntarismo. Anuncios de inversión, costos de insumos, plazos de terminación de obras, beneficiarios potenciales y hasta precios a futuro de productos y servicios…

Se impone, a modo de ejemplo, preguntar, por el grado de precisión y fiabilidad de la información para anticipar la construcción, rediseño y rehabilitación de refinerías; la producción de petróleo, la entrega del tren interurbano a Toluca —ya encarecido 55 por ciento y sin para cuando—, el equipamiento de hospitales y otros muchos planes y proyectos.

En este amasijo de cambios adelantados al proceso de entrega-recepción y, por lo mismo, con base en información limitada y no pública ni trasparente, el futuro mandatario recibió vigoroso espaldarazo de Carlos Slim, en el proyecto del nuevo aeropuerto.

El poderoso empresario habló de la factibilidad de ahorros hasta por cerca de mil millones de dólares con la simple decisión de prescindir de materiales importados, algo que los legos ciudadanos comunes dábamos por descontado.

Pues, ¿que no las grandes obras de infraestructura y la obra pública en general tiene entre sus objetivos primordiales propiciar la derrama de dinero en nuestro país, no en el extranjero?

Como parte de la muy anticipada exposición de propuestas con pocos detalles adicionales en comparación con lo conocido en las campañas, el nuevo gobierno adelantó condonación de deudas en el servicio de energía eléctrica, sin que hasta el momento se conozca bien a bien el alcance de la medida.

De este errático lance lo único que quedó en claro es la animadversión — ¿real o acicateada?—que genera la resurrección de Manuel Bartlett en el Ejecutivo,  indicio de que algo, y algo muy delicado, conoce el poblano como resultado de su dilatado paso por los meandros del poder priista.

Conviene, por todo ello, acelerar la calificación de unos comicios de los cuales —lo dicen y reafirman a diario consejeros del INE, líderes de partidos, legisladores, ministros de la Corte y el Jefe del Estado— emergió un ganador con abismal margen de diferencia, superior a 30 puntos, respecto a su más cercano competidor.  

Reconocer el triunfo del tabasqueño, sin demoras y con todas las de la ley, permitiría darle continuidad a las siguientes fases del ejercicio democrático de renovación del gobierno nacional, en particular el inicio de un proceso administrativo de entrega-recepción enteramente que se presume complejo.

Provisto de su constancia de mayoría, Andrés Manuel López Obrador podrá —tal como fue anunciado— reunirse con el Presidente Peña Nieto para proceder a la integración de equipos de trabajo con acceso a información precisa, clara, sin distorsiones, o en todo caso, oficialmente entregada, y que pueda ser recibida con o sin reservas, pero con oportunidad.

Concretar el proceso de entrega-recepción es importante, entre muchas cosas,  para determinar, más allá de las ocurrencias, en cuáles áreas de la administración será necesaria la continuidad de acciones, y en cuáles otras se impone realizar rectificaciones, ya sean leves o de plano volantazos, bien por razones ideológicas o puramente administrativas.

Con información oficial y pública será factible prevenir que el deber de una administración no pretenda, mañosamente, ser adjudicado a otra. Y hasta evitaría situaciones como el error de diciembre, histórico descalabro nacional con relación al cual dos presidentes olímpicamente emulan a Pilatos.

Y se evitaría dar insumos para la grilla, el reciclaje político y la perpetuación de nefastos cacicazgos, tal como ya ocurre en la burocracia, gremio en el que Joel Ayala ha recibido una bocanada de oxígeno puro. Tal como también ha ocurrido con Carlos Romero Deschamps.

El dirigente de los trabajadores del Estado, de quien durante su largo paso por el Congreso no se ha conocido discurso alguno respecto a la violencia atroz que ahoga al país, ya atravesó el argumento de la inseguridad y la violencia en el camino de la descentralización.

Es recomendable, por todo ello, tramitar sin pereza ni revanchismos la calificación de la elección, con la fecha legal como límite máximo que no impide la celeridad tratándose de unos comicios resueltos con holgura.

 



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