Partidocracia al basurero

2018-08-13 23:07:54

En los días posteriores al 1 de julio se utilizó con insistencia la figura del tsunami para explicar la contundencia del triunfo de AMLO en las urnas. Tal y como sucede con este tipo de fenómenos naturales, el desastre es palpable, pero la dimensión más clara del daño se aprecia en cuanto las aguas comienzan a bajar, justamente es cuando emergen las ruinas de lo que la catástrofe se llevó a su paso.

Dentro de todo aquello que fue destruido por el resultado electoral, sobresale el viejo sistema de partidos. Los otrora tres principales partidos: PRI, PAN y PRD, sin lugar a duda, dejarán de ser lo que en algún momento fueron. Cada uno de ellos encara, por igual, la más humillante derrota de su vida institucional y, paralelamente, viven la peor crisis de sus respectivas historias.

Parece titánico el esfuerzo que demandará remover tanto escombro, ya ni hablar de lo que implicaría la labor de reconstrucción.  Para PRI, PAN y PRD el futuro les es incierto, en principio, están obligados a rehacerse, a repensarse, a recomponerse, empero, no es claro que lo puedan lograr, hay que decir incluso que existe la posibilidad real de que desaparezcan.

Sabíamos que la ciudadanía despreciaba a la partidocracia, que su clase política era bastante impopular, sin embargo, hasta ahora supimos que tan profunda era esa repugnancia. Algunos pensaban que la animadversión se centraba en el tricolor, no obstante, si se revisa la sábana de los resultados se observa que el descalabro fue general y compartido. Esto no fue un mero voto de castigo, sino empujarlos al precipicio del escenario político.

Evidentemente, la peor paliza se la llevó el PRI, será la quinta fuerza en San Lázaro con apenas 44 diputados y ello gracias a los espacios plurinominales que alcanzó (37), de lo contrario, según lo acaba de exponer Lorenzo Córdova, apenas tendría 7 legisladores en esa Cámara. Por su parte, en el Senado tendrá una minibancada de acaso 13 senadores y eso, de nueva cuenta, gracias a los pluris.

Llama la atención que ante tan brutal expresión de rechazo la actual dirigencia del PRI, en lugar de impulsar con seriedad una autentica transformación, se niegue a ver la realidad y reproduzca los mismos esquemas que condujeron al tricolor a su desgracia. No hay más, el autentico responsable de tal estado de cosas en ese partido es Enrique Peña Nieto, pero Claudia Ruiz Massieu, en lugar de empezar por reconocerlo se presta para promover una narrativa descafeinada de la derrota que no toque a su verdadero sepulturero. Para colmo, el gobernador de Campeche, completamente identificado como alfil de Peña Nieto, empieza a ser promovido como el próximo dirigente nacional tricolor. Si es que algún día hubiera condiciones para impulsar la democratización interna del PRI, esto tendría lugar hasta después del 1 de diciembre, la camarilla de Peña se niega a soltar el partido como espacio de influencia.

En otro ejemplo del síndrome de Estocolmo que padecen las dirigencias de los partidos, en la sede nacional del PAN recibieron con aplausos a Ricardo Anaya, quien, con el mismo modelo del PRI, hizo valer su control sobre su Consejo Político para presentar un análisis muy benévolo de su fracaso e ir perfilando a Marko Cortés como su eventual sucesor. El blanquiazul se esta perredizando, parece entrar en la lógica de las tribus, su gobernabilidad se dará a partir de negociaciones entre sus grupos, a modo de seguir usufructuando los espacios de participación y las prerrogativas del INE. De ser así, el grupo de Anaya estaría renunciando por completo a la transformación de gran calado que demanda el PAN y apostando por controlar la burocracia del partido para sacar beneficios particulares.

Hace pocas semanas el electorado mexicano propinó un severo revés a la partidocracia, no obstante, en lugar de encabezar una severa reflexión interna, da la impresión que las dirigencias del PRI y PAN han optado por quedarse con el cascarón, con el mero membrete para seguirle sacando provecho. Es la hora de que sus militancias hablen y expresen si están de acuerdo con el rumbo adoptado. Ambos recorren el camino que hace años emprendió el PRD y que lo condujo a la intrascendencia.

 

 

Wilfrido Perea Curiel

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