┬┐Uber o taxi en la CDMX?

2018-08-14 23:02:53

“Lo único que es seguro en la industria

de la tecnología, es el cambio”.

Marc Benioff

 

El taxi es fundamental para las ciudades. Este servicio ha existido desde hace siglos, pero no se sabe con certeza cuándo rodó el primer taxi tal como lo concebimos hoy. En la historia del transporte público moderno, el taxi es el primer vehículo de alquiler, se dice que en el año 1640 el francés Nicolas Sauvage, cochero de carruajes, abrió la primera empresa de taxis en la Calle San Martín en París.

El término taxi surgió del invento del taxímetro por el ingeniero alemán Wilhelm Bruhn en 1891. Tradicionalmente el taxi es un vehículo popular, la gente de todos los estratos sociales históricamente lo ha utilizado, a veces para pasar inadvertida, ha sido tanto lugar de encuentro para muchas citas y amores secretos, como el refugio para protección de los lances y aventuras amorosas, ha servido tambien para asuntos turbios.

En la CDMX los taxis datan de hace más de un siglo. En 1906 se inauguró el primer sitio de taxis a través de carruajes tirados por caballos y en 1911 ya contaban con un aparato de medición parecido al taxímetro; a partir de los cincuenta, con el gran desarrollo de la industria automotriz tuvieron gran auge y desde entonces han sido parte de la imagen pública y la identidad de la Ciudad de México; son emblemáticos los taxis corales, los cocodrilos, las cotorras y los vochitos.

Actualmente se ha dado una importante evolución y expansión del taxi en México y en las ciudades del mundo se utilizan cada vez vehículos más modernos y cómodos, buscando satisfacer las necesidades de todo tipo de usuarios. Hoy tenemos taxis adaptados para personas con discapacidad, taxis de carga ligera, taxis con habitáculo para mascotas; así como propulsados por electricidad, a gas e híbridos.

Además de su función principal de traslado de personas, los taxis han sido testigos de los grandes cambios que ha experimentado la CDMX; pero lo más importante, es que representan un espacio de seguridad, privacidad y convivencia entre las parejas, familias, turistas, amigos y personas que se trasladan en ellos. Sin embargo, como todo proceso evolutivo, en la última década los taxistas entraron en un escenario de confort que no solo permitió, sino propició la aparición de otras modalidades de servicio.

De esta manera aparecieron en la Ciudad de México las Empresas de Redes de Transporte mejor conocidas como ERT, se trata compañías que ofrecen servicio ejecutivo de transporte a través de aplicaciones tecnológicas y dispositivos móviles, cuya actividad consiste en vincular a quienes necesitan transportarse, con choferes de vehículos privados que bajo condiciones de mayor comodidad y seguridad pueden trasladarlos.

La diferencia principal es que los usuarios contratan el servicio por medio de una aplicación en sus teléfonos móviles, mediante la cual obtienen información de las tarifas, identificación y tiempos de llegada del chofer, seguimiento virtual del recorrido en un mapa; así como otros beneficios respecto a la imagen, estado físico y confort del vehículo que prestará el servicio, además de mejor atención por parte del conductor y la posibilidad de calificarlo, lo cual no sucede regularmente en un taxi convencional.

En el año 2013 apareció UBER en la CDMX y a mediados del 2014 los taxistas iniciaron un proceso de inconformidad que fue subiendo de intensidad en los meses posteriores. Como Secretario de Movilidad en turno, me correspondió afrontar los embates de un gremio caracterizado por su beligerancia, se unió para defender sus intereses, lo cual hicieron a través de denuncias penales, paros, manifestaciones y bloqueos en las zonas más importantes de la ciudad.

Después de casi un año de negociación y manejo del conflicto, la Secretaría de Movilidad a mi cargo, con la aprobación del entonces Jefe de Gobierno del Distrito Federal y del Gabinete en su conjunto, tomó la determinación de regular las ERT, una noticia que le dio la vuelta al mundo al imponer regulaciones y contribuciones a UBER, Cabify y demás compañías que operan en la capital del país. 

La decisión se materializó después de un debate público realizado conjuntamente con el Laboratorio de la Ciudad, transmitido en vivo a través de internet, que se convirtió en tendencia mundial en redes sociales. La capital de la República Mexicana “tomó el toro por los cuernos” y el 15 de julio de 2015 expidió un Acuerdo firmado por el Secretario de Movilidad, imponiendo obligaciones, un esquema de control y contribuciones a las ERT.

Se estableció que las ERT deben aportar el 1.5% de cada servicio, al Fondo para el Taxi, la Movilidad y el Peatón, destinado a la mejora del servicio de taxis de la capital mexicana, así como el pago de un derecho por cada vehículo, especificaciones diferentes respecto al tipo de vehículos autorizados y la prohibición de pagos en efectivo.

Se impuso además como condición la revista de las unidades para corroborar su estado físico y la obligación de proporcionar a la Secretaría de Movilidad, un software espejo para verificar, en tiempo real, tanto las unidades como los conductores registrados.

A decir de expertos, la capital de México, que es una de las ciudades más complejas del mundo, tiene una regulación con visión de futuro que logró el equilibrio entre el derecho de los usuarios a contar con mejores servicios (los cuales contribuyen a la movilidad alternativa, mitigación del tráfico y disminución de accidentes) y los derechos de los taxistas de realizar su actividad en un ámbito de competencia legítima.

Sin duda lo que logró CDMX a pesar de todas las presiones del gremio, es un precedente para muchos países y ciudades mexicanas que están en la difícil tarea de regular las controvertidas ERT. Lo hicimos bajo tres principios: 1) Los gobiernos deben hacer ciudades para la gente y es la ciudad quien debe adaptarse a las necesidades de las personas, no las personas a las ciudades; 2) nadie puede estar por encima de la tecnología y las mejoras en la calidad de vida que ésta representa, y 3) las autoridades de Movilidad deben actuar de cara a los usuarios, reconociendo el derecho a decidir cómo y con quién quieren trasladarse en su ciudad.

Finalmente el tamaño del servicio responde a lo que dicta el mercado y la demanda actúa como la válvula de regulación. Tal vez sea ésta la mayor contribución de la ­CDMX para el mundo.

 

Rufino H León Tovar

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