Seis aƱos de servicio

2018-08-17 00:00:31

El próximo 1 de septiembre se instalará la LXIV Legislatura del Honorable Congreso de la Unión. Pese a sus limitaciones constitucionales, el Legislativo juega un papel de equilibrio respecto al Ejecutivo y de control junto al Judicial.

El Congreso mexicano es bicameral, sólo durante la presidencia de Benito Juárez y el inicio de la de Sebastián Lerdo de Tejada, en la etapa de Restauración de la República, fue unicameral; Lerdo restauró el Senado, y el sistema bicameral en 1874.

Cuando la Revolución se escindió, entre octubre de 1914 y abril de 1916, hubo una República Parlamentaria que tuvo tres presidentes1 pero el gobierno convencionista no logró imponer su hegemonía y fue desplazado por el triunfante ejército constitucionalista, que volvió al régimen bicameral, aunque la Constitución de 1917 fue votada por un Congreso Constituyente unicameral, que excluyó a las fuerzas sociales y político-militares que no se habían plegado al constitucionalismo y que no tuvo representantes del estado de Morelos.

El Poder Legislativo quedó limitado desde entonces: tiene poco poder y ha perdido una parte de su función principal que es la de iniciar, discutir y aprobar las leyes que rigen la vida social y política de la nación. 

Durante los años del partido “casi único”, es decir, del priismo puro y duro (1946 a 1988) el Legislativo era simplemente una oficialía de partes del Ejecutivo, quien presentaba las leyes que quería que fueran aprobadas a través del partido oficial. Desde luego no había posibilidad de que la escasa oposición legal (PAN) frenara alguna ley o reforma; tampoco de que la oposición “leal” (PPS, PARM) se opusiera. Así que el proceso legislativo era muy simple, la ley o reforma llegaba y se “discutía” sólo para que algunos legisladores pudieran halagar al Señor Presidente, lo que quizá les abría la puerta a otras oportunidades.

Pero, pese a los obstáculos contenidos en las leyes electorales, a la inequidad en los procesos electorales, a la manipulación de los grupos corporativos, y al manejo centralizado de las elecciones en las que el Secretario de Gobernación presidía los órganos electorales; pese a que la mayoría de los partidos y de las organizaciones gremiales eran afines al gobierno; a que quien ocupaba la Secretaría de Gobernación era un cuadro formado y probado por el sistema; a que los partidos de oposición no tenían recursos… pese a todo, y a todas las ventajas que tenía el PRI, por poco pierden la elección. Algo raro ocurrió entre las 6 de la tarde del 6 de julio y la una de la mañana del 7 de julio de 1988: algunos afirman que el sistema de cuenta de votos se cayó (del verbo caer) y el sistema de información se calló (del verbo callar) para que se pudieran hacer algunos ajustes en la cuenta grande de votos.

Así que en la madrugada del 7 de julio el secretario de Gobernación pudo informarle al candidato del PRI: “Señor, ya se arregló todo…” y acto seguido dio a conocer “al pueblo mexicano” que el candidato oficial había ganado la elección.

Pero algo aún más raro pasó después de esas elecciones: la Secretaría de Gobernación perdió el control de los procesos electorales. Se ha dicho que se ciudadanizó la elección; se creó un nuevo organismo electoral, se eligió a un Consejo integrado por algunos notables, se acordó otorgar prerrogativas a los partidos de oposición para que pudieran realizar sus funciones. Algunos de los dirigentes del sistema perdieron sus sillas; algunos cuadros menores también sufrieron castigos. Haya sido como haya sido, el equilibrio político cambió, el Legislativo empezó a cumplir algunas funciones de equilibrio en el sistema político; en 1997, por primera vez en su historia, el PRI no tuvo mayoría en la Cámara de Diputados y desde entonces la oposición ha sido protagonista ocasional.

La elección de 2012, sin embargo, volvió a dejar en manos del PRI el control del Legislativo y una reforma constitucional le abrió la puerta al Presidente de la República para iniciar leyes, rompiendo la lógica constitucional de la división de poderes al permitir al Ejecutivo ser parte del proceso legislativo. Ya veremos qué ocurre en los próximos tres años bajo el control cameral de Morena.

Mi expectativa es que el Congreso de la Unión se convierta en un auténtico Poder que haga efectiva la División de Poderes que establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y que sepa hacerlo responsablemente.

Entretanto me despido de la Legislatura con la esperanza de haber cumplido lo que mis paisanos esperaban de mí al elegirme como senador de la República.

1  Eulalio Gutiérrez,

Roque González Garza y

Francisco Lagos Cházaro.

 

 
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