Sexo, mentiras y dinero

2018-08-18 22:42:55

La semana que recién terminó fue terrible para la Iglesia católica. En un mismo día, el martes 14, en Chile, las autoridades locales allanaron las oficinas de la conferencia de obispos de ese país y la sede de los Hermanos Maristas en Santiago, en búsqueda de evidencia de abusos o encubrimiento. En Australia, el arzobispo­ ­Philip Wilson perdió la apelación de su caso, por lo que la condena a un año de prisión domiciliaria por encubrir abusos, le fue ratificada. En Harrisburgh, la capital de Pennsilvania, se publicó el reporte de un Gran Jurado que investigó lo ocurrido en seis diócesis católicas de ese estado en materia de abusos en los últimos 70 años.

El reporte, disponible en http://bit.ly/RePennsilvania2018, aunque está limitado a las diócesis de Allentown, Erie, Greensburg, Harrisburg, Pittsburgh y Scranton, involucra a otros obispos, diócesis y países. El más notable, el actual arzobispo de Washington, DC, el cardenal Donald Wuerl, quien fue durante 18 años obispo de Pittsburgh. Wuerl es, además, sucesor del también atribulado arzobispo, Theodore McCarrick, quien recientemente renunció a su condición de cardenal cuando se supo que había abusado sexualmente de al menos dos menores de edad.

El reporte es devastador. Describe un modelo de Iglesia marcado por la irresponsabilidad, el derroche para encubrir los abusos de sus jerarcas, así como la mentira. Deja ver que algún avance se logró luego de la adopción en 2002 del prontuario de medidas para prevenir el abuso sexual, pero revela también que Wuerl y el ­actual obispo de esa diócesis, David Zubik, construyeron lo que Wuerl mismo llamó un “círculo de secrecía”, que tuvo como elemento central una red de mentiras y contribuyó a que al menos mil personas fueran víctimas de abuso a manos de 300 sacerdotes.

Y lo más grave del reporte es que probablemente haya más víctimas. Uno de los curas de Pennsilvania, por ejemplo, vivió entre 1969 y 1974 en Argentina. No se sabe si George Parme abusó en Argentina de algún niño o adulto, pero no se puede descartar esa posibilidad.  Otro cura que actuó fuera de las seis diócesis investigadas por las autoridades de Pennsilvania es el argentino Carlos Urrutigoity quien, luego ser educado y ordenado en EU por la tradicionalista Fraternidad Sacerdotal de San Pío X y de cinco años de trabajo en la diócesis de Scranton, llegó a ser vicario general de la diócesis de Ciudad del Este, Paraguay. Esa diócesis fue, en 2014, objeto de la más decidida intervención del papa Francisco en materia de abusos hasta ahora. El papa envió a Paraguay a una comisión de obispos que recomendó la renuncia del obispo Rogelio Plano Livieres y su vicario.

El paso de Urrutigoity por Scranton le costó a esa diócesis tres millones 30 mil dólares. El grueso, dos millones 650 mil dólares, por una deuda para construir una universidad que nunca se concretó y 380 mil para acallar a una de las víctimas de Urrutigoity. El paso de Urrutigoity por Ciudad del Este le costó a Livieres Plano ser destituido, lo que lo sumió en una profunda depresión, que contribuyó a su muerte un año después, y no se ­sabe cuántas víctimas más hay en Paraguay.

Lo peor de esta nueva crisis es que no podemos decir que sea el final. El reporte hace ver, en la página 303, que, aunque las autoridades de EU saben ya cómo opera el encubrimiento por parte de la Iglesia, no saben qué tantos casos se han encubierto en realidad. Debería ­quedar claro ya, que la verdad es el cimiento de una Iglesia que sigue a Cristo.

 



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