Kofi Annan e Integridad electoral

2018-08-19 22:39:35

El sábado por la mañana nos enteramos del fallecimiento de Kofi Annan, quien fuera secretario general de las Naciones Unidas durante 10 años y condecorado con el Premio Nobel de la Paz en el año 2001 por su continuo trabajo en hacer del mundo un lugar más organizado y pacífico. Después de concluir su encargo en la ONU, estableció en 2007 la Kofi Annan Foundation para promover una mejor gobernanza global y fortalecer la capacidad de las personas, gobiernos y países para lograr un mundo más justo. Parte de ese trabajo se consolidó en el concepto de integridad electoral, entendida como una serie de condiciones para que las elecciones en el mundo se lleven a cabo respetando los principios de equidad, transparencia, libres de influencias económicas no permitidas, con libertad de expresión, con oposición genuina y posibilidad de alternancia, así también, sin violencia y siempre asegurando la estabilidad del sistema democrático y sus instituciones.

En ese marco, el pasado 23 de mayo de este año, el Instituto Nacional Electoral invitó a Kofi Annan a impartir la conferencia magistral “Paz y Democracia” antes de las elecciones del primero de julio de nuestro país. En retrospectiva, se hacen más relevantes sus palabras por la necesidad de preservar y fortalecer las instituciones electorales de México, y dado que sabemos que esta conferencia fue una de las últimas intervenciones públicas de este gran hombre.

Uno de los principales mensajes de su conferencia es precisamente la importancia de contar con organismos electorales profesionales e independientes para llevar a cabo las elecciones con integridad, por ende, la credibilidad y capacidad de éstos para atender sus obligaciones no es un asunto menor. Este mensaje no debe subestimarse, principalmente ahora que aún no ha quedado claro cuál será la relación entre el nuevo gobierno y el INE.

El exsecretario nos señaló como un grave riesgo la percepción de falta de resultados de la democracia como forma de gobierno, que se refleja en disminución de la confianza a los políticos o las instituciones electorales, así como la baja membresía de los partidos políticos y de participación en las urnas, y cómo éstos pueden ser terreno fértil para el ascenso de líderes autoritarios. Una de las principales explicaciones de este fenómeno está enraizada en la desigualdad que prevalece en la mayoría de las economías alrededor del mundo, y de la cual México no es excepción, por lo que debemos luchar por una democracia más incluyente. Sin embargo, no se debe entender a la desigualdad como un problema intrínseco a la democracia, sino de los gobiernos que han estado en el poder, de ahí la necesidad de mayor transparencia, rendición de cuentas e incluso la alternancia como mecanismos de control al poder, todos ellos instrumentos democráticos.

Señaló también como riesgo el uso faccioso de la tecnología y de las redes sociales, en las que un abierto intercambio de ideas puede verse sustituido por un aumento de sesgos en la información que permea en estos instrumentos de comunicación, disminuyendo así la oportunidad de un debate sano. En este sentido, no se debe caer en la tentación de creer que lo popular en una red social puede sustituir a los mecanismos de deliberación en una democracia, por ejemplo, en los órganos legislativos o universidades e instituciones de la sociedad.

Concluía con la necesidad de seguir trabajando de forma continua en la democracia, pues desde su punto de vista es el sistema “más adecuado para proteger y para garantizar la paz, el desarrollo, los derechos humanos y el estado de derecho”. Un hombre excepcional, del que nos quedan sus mensajes y reflexiones, no las tiremos en saco roto.



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