Cambio de gobierno, no de régimen

2018-08-24 00:30:47

El próximo 1 de septiembre dará inicio la LXIV Legislatura del Congreso de la Unión que en ambas Cámaras tendrá una mayoría legislativa producto del triunfo electoral obtenido por la coalición “Juntos haremos historia”, conformada por los partidos políticos Morena, Encuentro Social y del Trabajo. Comenzarán las funciones de la nueva composición del Poder Legislativo a nivel federal, que se advierte desde ya no será el poder que contrapese al próximo Ejecutivo Federal, por el contrario, la omnipresencia del hiperpresidencialismo que se avecina se hará sentir tanto en San Lázaro como en el edificio de Reforma e Insurgentes, sede del Senado de la República.

El 1 de diciembre se efectuará el cambio del titular del Poder Ejecutivo. Como hemos visto, el ahora presidente electo Andrés Manuel López Obrador ejercerá la Presidencia de la República con el mayor poder de los últimos cuatro sexenios. El triunfo de Morena y sus aliados, tanto en la elección para legisladores como para presidente, no representará un cambio de régimen como ellos pregonan, será un cambio de gobierno que acrecentará el poder unipersonal del presidente en detrimento del sistema de pesos y contrapesos que precariamente se había desarrollado en la transición democrática mexicana.

Desde el Poder Legislativo, Andrés Manuel tendrá un brazo ejecutor a través de su coalición de partidos que sin chistar ni cuestionar las ordenes del nuevo Jefe Máximo, aprobará todas las modificaciones a leyes y artículos de la Constitución que sean necesarias para cumplir con la estrategia que se dicte desde Palacio Nacional. Por lo tanto, lejos de acotar el persistente y contraproducente poder presidencial existente, éste será cada vez más fuerte y menos cuestionado, erosionando el sistema de partidos políticos como consecuencia colateral.

Por lo tanto, habrá cambio de gobierno sin que hasta ahora se vislumbre un cambio de régimen político, dicho de otro modo, se dará un retroceso para reestablecer la forma más centralista y vertical del poder desde el Ejecutivo. El cambio de régimen evoca una reforma del poder para ejercerlo de forma diferente, remplazando a todas o a una parte de las instituciones que conforma al Estado, a su aparato administrativo y a su burocracia; haciendo cambios en las formas de relación entre los poderes, entre el gobierno, la sociedad y los “poderes fácticos” externos e internos, llegando incluso a realizar cambios sobre la ideología dominante. Esto último puede ocurrir, pero tomará tiempo para apreciar su nueva forma.

La tarea del siglo XXI para la izquierda mexicana es contribuir a una efectiva redistribución de la riqueza y una reforma autentica del poder político. Por una parte, la excesiva concentración de la riqueza y los fenómenos de pobreza, desigualdad y marginación que trae consigo, han socavado por décadas la estructura social de nuestro país y descompuesto su tejido, provocado una serie de fenómenos colaterales como la corrupción, la inseguridad y la violencia. Por otra parte, el régimen presidencialista ahora fortalecido, ha reforzado el ejercicio despótico, antidemocrático e impune del poder público como sus elementos característicos y atributos relevantes, la muestra palpable es el sexenio que está por concluir.

Desde la oposición, el PRD tiene, ahora sí, su última oportunidad para adquirir un perfil de izquierda bien definido, ofrecer propuestas tangibles y alternativas viables para el desarrollo social, económico y político del México. Serán tres años de esfuerzo titánico para redefinirse hasta llegar al proceso electoral de 2021 e intentar retener y convencer al electorado que hoy lo apoyó y ampliarlo. Es duro decirlo, pero si el PRD no hace este esfuerzo de redefinición, serán tres años de larga y penosa agonía hasta su desaparición formal.

 

Senador de la República

Twitter: @SenLuisSanchez

 
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