Más aforismos

2018-08-24 23:31:04

Cuando tengo dinero compro libros,

si me sobra compro pan.

Erasmo de Rotterdam

 

El tema de la semana pasada dio lugar a reclamos, sugerencias y aportaciones de algunos lectores.

Entre los primeros estuvo el de Mangel que pidió que, aunque ya se había citado al autor de su interés en otro momento, tratándose de aforismos no podía quedar fuera el ciclista Porfirio Remigio con su famoso juicio de vigencia inmarcesible: “Para mí que todos son ojetes”.

Francisco Báez sugirió no dejar de lado a Fidel Velázquez, el cretásico líder sindical.

De él, una de sus frases más conocida es “El que se mueve no sale en la foto”, sentencia dedicada a contener los ímpetus de los suspirantes a los cargos de “elección” popular, especialmente para la máxima magistratura. Recordemos que el dirigente de la CTM era una especie de destapador oficial de los candidatos a la presidencia.

Con este dicho de Velázquez, me viene a la memoria otro del mismo corte, éste de un personaje conocido como El Tlacuache. César Garizurieta fue un abogado, diplomático y escritor de la primera mitad del siglo XX. Su aforismo ha dejado una huella que no ha pasado de moda a pesar de todo lo que ha cambiado el país: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Otra de sus frases es “Una embajada no se agradece, se acepta”, que pergeñó en los vericuetos de su vida diplomática.

De tenor más cínico es el que nos recuerda Bertha Hernández de la autoría del cacique potosino y asesino confeso Gonzalo N. Santos: “La moral es un árbol que da moras” . Famosa también fue su fórmula de los tres “ierros” contra sus enemigos: “Encierro, destierro o entierro”.

Sigamos con los políticos mexicanos. Del profesor Carlos Hank González es “Un político pobre es un pobre político”.

Marielena Hoyo recordó  uno de Jesús Reyes Heroles que no incluí en la pasada entrega, pero debe figurar con méritos propios; “En política, la forma es fondo”. Acota la autora de “Animalidades” que  el aforismo tiene aplicación en más ámbitos que la política. Concuerdo plenamente.

Ella también nos proporciona otro del filósofo de Guémez: “Lo caliente es calientito”, que bien podría figurar entre las obras de Perogrullo.

Del periodista Gerardo Galarza, un poco fuerte pero eficaz para “motivar” a los reporteros: “No le piensen, ¡chínguenle!”.

Pável Luna nos recuerda a Joaquín Sabina con sus “Treinta aforismos de verano”: “Aforismo: la píldora de sabiduría barata al alcance de cualquier idiota”.

Esto nos lleva a las redes sociales que, asegura Umberto Eco, “le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Y este otro: “Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad”.

Salvador Elizondo decía que “los aforismos más ciertos son siempre los aforismos menos brillantes”.

En la misma línea, para Francisco Sosa “Los que presumen de no escribir sino frases lapidarias, acaban por lapidarnos con ellas”.

Otro, de Andrés Ortiz, que define el tema: “Aforismos: máximas mínimas”.

Carmen Leñero hace una reflexión interesante para ponernos a pensar: “En estas líneas breves no quiero decir nada. Nada de nada, absolutamente y decididamente nada. Y aun así fracaso”.

Ya aparecieron las voces femeninas. Veamos más.

Sor Juana no necesita presentación y siempre me quedaré corto al citarla: “Sin claridad no hay voz de sabiduría” y “No estudio por saber más, sino por ignorar menos”.

Otro de la Leñero, que emociona: “La cara perpleja de un niño ¿es ya filosofía?”

Esther Seligson nos dice: “Dios aprieta pero no ahoga. Y también afloja, pero no suelta”.

“Si se quiere viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”, nos dice la poeta Emily Dickinson.

La escritora Anaïs Nin apunta que “No vemos las cosas como son realmente, sino que más bien las vemos como somos nosotros”.

La actriz Mae West era prolífica en frases provocadoras, siempre destacaban.  Creo que entre sus más famosas está “Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor”. Y, por si queda alguna duda, afirmaba: “Las chicas buenas van al cielo, las malas a todas partes”.

Un poco en esta línea, Paco Báez sugirió incluir a Groucho Marx, y vendrá, pero de camino, sobre otro Marx, les pongo éste de José de la Colina: “Todavía hay escritores que escriben los rollos del Marx muerto, pero van de Marx a menos”.

Groucho tiene vasta obra, así que me resultó difícil la selección, pues además hay muchos apócrifos. Aquí están éstos, a ver si no fallo: “Tengo la intención de vivir para siempre, o morir en el intento”. “El matrimonio es la principal causa de divorcio”. “Éstos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros”.

“Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer”.

Éste no gustará a los veganos: “Yo no soy vegetariano, pero como animales que sí lo son”.

Y éste otro puede no caerle bien a algunas... personas: “¡Brindemos por nuestras novias y nuestras esposas!… ¡Que no se encuentren nunca!”.

Entre los más conocidos está el del club “Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo”.

Parece que el famoso epitafio (“Disculpe que no me levante”) es falso.

Para rematar usaré dos citas de Les Luthiers: “De cada diez personas que ven la televisión, cinco son la mitad” y “La caída del muro de Berlín, ¿fue error de los burócratas?, ¿error de la doctrina?, ¿error del arquitecto?”

 

* * *

 

Un dicho breve y sentencioso de autoría de algún personaje ilustre, parónimo del término que describe a la recta que va del centro de un polígono a cualquiera de sus lados y que en México asociamos con uno de los más célebres de nuestros próceres, fue la petición de El Arca de Arena.

Es el apotegma. Respondieron Bertha Hernández, Juan Ramón, Francisco Báez, Luz Rodríguez, Miguel Ángel Castañeda, Luis Demetrio Flores y Marielena Hoyo.

Es “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Miguel Ángel nos explica que don Benito Juárez lo incluyó en “en su manifiesto a la nación, el 15 de julio de 1867 expedido poco después de entrar triunfante en la Ciudad de México, tras la derrota y fusilamiento de Maximiliano I de Habsburgo y el derrocamiento del Segundo Imperio Mexicano”.

Doña Marielena nos cuenta: “Encontré que (...) describen como el apotegma judicial por excelencia a uno de otro de nuestros grandes como es José Ma. Morelos y Pavón, con lo siguiente:  “Que todo el que se queje con justicia, tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el arbitrario”.

Hay una máxima jurídica que significa fuera de lugar, algo totalmente ajeno al tema. El término proviene de una epístola de San Pablo. En latín son dos palabras. En español, por lo  menos desde el siglo XVI, es una. Para nosotros es algo monstruoso, deforme, feo, pero para el Diccionario de la lengua española también es persona o cosa ridícula, extravagante, además de despropósito, disparate, extravagancia.

El Arca de Arena espera.

 



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