Trump no respeta a los héroes ni ya muertos

2018-08-28 21:51:59

Cuando el legendario senador John McCain, republicano por Arizona, falleció el sábado a los 81 años víctima de cáncer cerebral, se daba por hecho que el presidente Donald Trump seguiría la tradición de rendir honor a la memoria de un miembro del congreso, en este caso, uno que estuvo en el senado más de tres décadas, un gigante de la política estadunidense, alguien de su mismo partido y quien sobrevivió años como prisionero de guerra en Vietnam. Pero no fue así, por dos días el mandatario se negó públicamente a decir palabra.

Generalmente a la muerte de un senador en activo, las banderas en Washington ondean a media asta desde que se anuncia el fallecimiento hasta que se lleva a cabo el funeral. Pero no en la Casa Blanca de Trump, donde la bandera regresó a su lugar tradicional al día siguiente y ahí hubiera permanecido si no fuera porque influyentes grupos de activistas y veteranos de guerra protestaron. Fue entonces que el ejecutivo, 48 horas despúes, emitió un comunicado, donde sin embargo subraya las diferencias políticas entre él y McCain.

El senador no fue perfecto y su legado es complicado y controversial, sobre todo por su posición a favor de la invasión a Irak, pero el duelo por su muerte es general. Nadie esperaba que el presidente continuaría de pleito con un crítico que ya no está en este mundo. Uno que le retiró su apoyo como candidato cuando se hizo pública la grabación donde Trump habla vulgarmente de las mujeres y sus partes íntimas. “Tengo hijas, tengo amigas, ninguna mujer puede ser degradada de esa manera”, dijo McCain.

Ya antes el senador había fuertemente criticado a Trump por llamar a los inmigrantes mexicanos, violadores y narcotraficantes. A su vez el mandatario, quien nunca hizo servicio militar ni combatió en guerra alguna, en uno de sus muchos ataques contra él, dijo que no se puede considerar que McCain es un héroe “porque los héroes no se dejar capturar”. Esto en referencia a que el avión Skyhawk piloteado por McCain fue derribado por tropas enemigas en Vietnam y pasó los siguientes cinco años y medio como prisionero de guerra en la prisión que pasó a la historia como el Hanoi Hilton, donde fue torturado y de donde se negó a ser dejado libre si no era con sus compañeros. En ese tiempo sufrió quebraduras de ambos brazos y una piernas, que lo marcaron físicamente para siempre.

John McCain nació en 1936 en la base naval de Estados Unidos en el canal de Panamá. Su padre fue Comandante en Jefe de las fuerzas estadunidenses en el Pacífico. Su carrera política se inició en 1982 cuando fue electo a la Cámara baja y en 1986 llegó al Senado donde permaneció 32 años.

Dos veces aspiró  sin éxito a la presidencia, primero compitiendo por la nominación  republicana contra George W. Bush y luego en la elección general contra Barack Obama. Fue crítico acérrimo de los dos.

McCain, que hace un año anunció su enfermedad, acudió por última vez al senado en diciembre pasado ya en silla de ruedas, pero aún desde su lecho de enfermo continúo siendo una figura prominente y de gran influencia en Washington. Su presencia atraía turistas y simpatizantes en busca de la foto con él.

Su muerte ha puesto de relieve una vez más el cáracter del presidente y lo diferentes que son uno del otro: McCain siempre reconoció que Estados Unidos se debe a los inmigrantes, Trump en cambio es considerado un racista y xenófobo. McCain contó entre sus amigos a personajes ilustres, Trump es amigo de malhechores confesos. McCain defendió siempre los Derechos Humanos, Trump elogia cada que puede a Kim Jong-Un. McCain destacaba los cualidades de otros, Trump sólo habla de sí mismo.

Le sobreviven su madre Roberta McCain de 106 años, su segunda esposa, siete hijos, incluso una hija que adoptó en Bangladesh y cinco nietos. Este miércoles su féretro estará frente al público en el Capitolio y será sepultado en la Academia Naval de Annapolis, Maryland, en donde su graduó.

En su pleito con Trump, el senador a final de cuentas tuvo la última palabra: expresamente pidió que el presidente no fuera invitado a le ceremonia luctuosa que en su honor se celebrará el viernes en la Cátedral de Washington, donde, no sólo estarán todos quienes son alguien en el círculo del poder, sino que a petición de McCain, los oradores serán los dos expresidentes que le ganaron la Casa Blanca.

 

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