El futuro de la conservación de las islas

2018-08-31 21:49:12

* Horacio de la Cueva

Las islas son parte importante de nuestro imaginario. En éste, algunas albergan tesoros y piratas, otras son paraísos vacacionales y otras más guaridas de seres fantásticos. La realidad supera a la imaginación. Hay islas tan grandes como Australia y las consideramos continentes, o tan pequeñas y someras que sólo emergen en el momento de la marea más baja del año. Algunas, como isla del Carmen, están tan cercanas al continente que las hemos unido con puentes y olvidamos que son islas. Las islas son tan diferentes unas de otras que lo único que tienen en común es su aislamiento.

Las islas han sido un atractivo y una fuente de inspiración para naturalistas y biólogos. La teoría del origen de las especies por selección natural fue concebida por el trabajo de Darwin que culminó con sus conclusiones sobre los cuitlacoches de las islas Galápagos y las reflexiones de Russell en el archipiélago malayo que se convirtieron en el escrito de Sarawak. En el siglo XX, el trabajo seminal de MacArthur y Wilson sobre biogeografía de islas definió la investigación sobre cuántas especies caben y cuántas hay en una isla.

Por su origen, las islas más alejadas de los continentes, las oceánicas, tienen menos especies que un área equivalente en el continente. Sus ecosistemas son menos redundantes, menos especies cumplen papeles iguales, y complejos, por lo tanto, son más frágiles a cambios naturales o intervenciones humanas. Por la misma razón, son lugares cuyo estudio, además de ser importante por sí mismo, también puede iluminar los procesos e interacciones más complejos de las tierras continentales.

El aislamiento oceánico ha impedido que los grandes depredadores hayan podido llegar de manera natural a las islas, por lo tanto, los animales que habitan las islas han perdido sus mecanismos de defensa contra tales cazadores. Cuando un depredador exótico es introducido intencional o accidentalmente, éste diezma a las poblaciones nativas llevándolas a la extinción.

El aislamiento ha permitido que las especies isleñas hayan evolucionado en nuevas especies dada la competencia entre ellas, junto con la falta de depredadores. Algunas de estas islas,  terminan por tener un número de especies arriba del esperado en el área y son consideradas hot spots  que requieren ser conservados.

Es claro que las islas son lugares especiales y únicos. Por eso en México la mayoría, en particular las que contienen mayor riqueza de especies, están protegidas por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

Las Áreas Naturales Protegidas (ANP) de México han tenido diferentes orígenes, desde caprichos políticos y estudios profundos hasta decisiones serendípicas. También han recibido diferentes niveles de atención administrativa y política de acuerdo con los caprichos, presupuestos e intereses del momento. A partir de la creación de la SEMARNAP, con la maestra Julia Carabias, empezó a funcionar la Unidad de Áreas Naturales Protegidas; se empezó a regularizar y estandarizar la administración de las áreas.

A diferencia del pasado, cuando un decreto presidencial bastaba, hoy crear y mantener una ANP no se hace por plumazo o capricho. Detrás de una ANP hay ideas; sugerencias; estudios previos justificativos; decisiones biológicas, de conservación, de factibilidad, de impacto y de aceptación social y política.

Las ANP de México deben reflejar la biodiversidad del país y mantener los procesos biológicos y ecosistémicos. Los planes actuales de la formación de nuevas áreas protegidas se ven limitados no sólo por topes presupuestales de la Conanp, sino también por la aceptación social que pueden tener. La mayoría de los ciudadanos ven a las ANP como territorios de prohibición y no como fuente de riqueza y áreas adecuadas para el desarrollo sustentable. La Conanp, la academia y las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) que apoyan y trabajan en las ANP tienen que hacer de la sustentabilidad no parte de un programa de manejo poco realista, sino una realidad para las poblaciones adyacentes.

El establecimiento y manejo de una ANP no debe ser una empresa quijotesca. Hay ecosistemas, procesos biológicos y ecológicos y especies que proteger mientras se mantiene o aumenta el bienestar de las comunidades que han dependido del área. El establecimiento debe ser un esfuerzo consensuado por todos: usuarios del área que desean aprovecharla comercial o estéticamente, autoridades de conservación, los interesados en el mantenimiento de la biodiversidad y los procesos evolutivos, amantes de la naturaleza y hasta aquellos individuos u OSC que buscan la fama y el reconocimiento al asociar su nombre con éxitos de la conservación. Sean éstos ciertos o no.

La resistencia social a nuevas ANP derivada de las necesidades primarias de la población se confrontan con la responsabilidad de mantener sitios naturales representativos de la biodiversidad y fuentes de riqueza natural. Esta confrontación ha llevado a crear ANP en lugares de bajo conflicto social y diversidad biológica variada. Las islas de México cumplen con estas características de poca resistencia social y atributos biológicos únicos, agregando que en ellas puede haber especies endémicas, haciéndolas atractivas políticamente para crear nuevas ANP. Este aislamiento y poco conocimiento ha permitido a los grupos más esforzados en promoverse aparecer como protagónicos o actores únicos en la conservación, control de especies exóticas y desarrollo sustentable de las islas.

No debemos caer en la trampa fatal de que la conservación de islas quede en manos de un solo actor sin supervisión externa. Un proceso rico en actores y supervisión es una forma de asegurar la conservación y el desarrollo sustentable de las islas. La ecología y la evolución nos demuestran que la redundancia, la competencia y la depredación (como símil de la supervisión) producen ecosistemas menos frágiles, más resilientes y con mayor capacidad adaptativa ante un futuro incierto. Las administraciones previas han adjudicado responsabilidades fuera de la ley y han dejado de supervisar adecuadamente a una OSC en particular asociada a la conservación y cuidado de las islas. Esto ha resultado en graves impactos a la vida silvestre de varias ­islas y ha puesto en riesgo la integridad ecosistémica de las propias islas que se quiere proteger. Es urgente y necesario que la Conanp abra sus ­oídos y puertas a todos los actores académicos, OSC interesadas, a los habitantes de las islas y que considere la capacidad técnica, jurídica y la experiencia de cada uno para que cese la hegemonía de un ­actor único en los ecosistemas insulares mexicanos.

Las islas de México son patrimonio y responsabilidad de todos los mexicanos, no podemos dejarlas cada vez en menos manos.

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Investigador en la División de Biología Experimental y Aplicada, CICESE

cuevas@cicese.mx

 
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