De nuevo Argentina

2018-09-08 22:45:07

Es una pena, pero Argentina ha caído de nuevo en una de las peores trampas de su historia: la de apostarle—con poco éxito—a un modelo de desarrollo que no parte de la construcción de confianza. No es un problema de en qué partido político está en el poder, pues ya antes lo han enfrentado tanto gobiernos emanados del justicialismo (peronismo) como gobiernos vinculados a la Unión Cívica Radical (Alfonsín) o en los que la UCR es un socio, como ocurrió con De la Rúa a principios de siglo, y ahora con Mauricio Macri.

Y es que mientras el argentino promedio no tenga confianza en la moneda de su país, ya podría bajar Dios mismo en el Obelisco de Buenos Aires, que la tentación de buscar la relativa seguridad del dólar o del euro seguirá haciendo añicos cualquier programa de desarrollo económico.

Ya desde mayo de este año, diversos medios de comunicación daban cuenta de la manera en que la inflación se le salía de control a Macri. A principios de ese mes, la inflación andaba por arriba del 25 por ciento, luego de que el peso había perdido 19 por ciento de su valor frente al dólar. En los últimos cuatro meses la inflación ha continuado creciendo y en los pronósticos más optimistas del gobierno se dice que cerrará el año en 42 por ciento, sin garantía alguna de que así sea, luego de que el mismo gobierno elevó las tasas de interés a 60 por ciento.

La ayuda del Fondo Monetario Internacional tampoco es garantía de cosa alguna. No sólo la ayuda no ha llegado, por lo que Macri ha tenido que hacer llamados públicos a Christine Lagarde para que apresuren la entrega de los fondos prometidos. Mientras tanto, Macri ha debido regresar a recetas ya conocidas: Eliminar algunos de los ministerios, recortar salarios de la burocracia y crear impuestos que ha presentado casi como una súplica a quienes deberán pagarlos a partir de septiembre, pero que abonan poco a la construcción de confianza.

Por si fuera poco, esta situación ha ocurrido luego de que una de las propiedades de la expresidenta y actual senadora Cristina Fernández, ubicada en Buenos Aires, fuera cateada durante varias horas con gran despliegue de los medios leales al actual presidente y sin que quedara claro si era necesario el despliegue, la duración del ejercicio y, sobre todo, las insinuaciones que se hicieron a propósito del asunto que, a su vez, estuvo vinculado con el tema de los llamados “cuadernos de la corrupción” que detallarían cómo se distribuía dinero para garantizar la impunidad de personajes vinculados con las cúpulas del poder.

El hecho es que, si Macri esperaba que los cuadernos le ayudaran de alguna manera, el regreso de los espectros de las altas tasas de interés, la alta inflación y la pulverización del peso argentino en su cotización frente al dólar o el euro, han terminado por convocar los peores recuerdos de los setenta y ochenta del siglo pasado, en momentos en que estamos a poco menos de un año de que se realicen elecciones y en un escenario caldeado que ya cobró la vida de un niño de 13 años.

Macri le apostó a que Argentina sería atractiva para la inversión extranjera. No lo fue; se endeudó para atraer inversión, y lo que logró fue convertirse en víctima de especuladores de corto plazo y ni siquiera los argentinos con recursos en el exterior están dispuestos a repatriarlos, temerosos—como muchos de los que no pueden sacar su dinero del país—de que lo que sigue es un nuevo corralito.

 



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