UNAM: Entre porros y mafias

2018-09-09 22:47:27

Las imágenes de una turba de provocadores atacando con armas blancas y bombas molotov a una pacífica manifestación de estudiantes frente a la Torre de Rectoría, colocaron en el primer plano el tema de los grupos de interés que se han incrustado en la Universidad Nacional Autónoma de México. En este caso, se trató de una agresión de los denominados porros a un grupo de integrantes del bachillerato de la Máxima Casa de Estudios que generó masivas protestas y movilizaciones de la comunidad universitaria por la tolerancia de las autoridades a estos grupos violentos que existen prácticamente en todos los planteles.

La agresión también exhibió otros problemas —de los que casi nadie habla— que afectan seriamente la vida académica de esa institución y de manera particular, la existencia de mafias académicas autoritarias, clientelares, burocráticas y corruptas. Se trata de grupos que han tomado por asalto las direcciones de institutos, facultades y escuelas, integrados por supuestos académicos que controlan y deciden arbitrariamente sobre el destino de los profesores. Así, promociones, apoyos y estabilidad laboral dependen del capricho de directivos que controlan discrecionalmente a los órganos colegiados a través de incondicionales quienes, teóricamente, deberían representar un contrapeso a las decisiones arbitrarias. Actualmente, existen varios casos grotescos, en diferentes facultades e institutos de investigación donde funcionarios salientes tratan de imponer sucesores a modo.

Destaca por la mediocridad en que se encuentra, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, cuya ­actual directora, la señora Angélica Cuéllar ha propiciado graves tropelías. Es un problema que preocupa a la comunidad universitaria dado que dicha facultad sufre una pronunciada caída en su prestigio académico ya de por sí muy raquítico, derivado de los directivos que literalmente la han asaltado durante los últimos años. Conozco el caso directamente no ­sólo porque soy egresado de esa Facultad, sino también porque hace tiempo fui designado arbitro-dictaminador externo para decidir el otorgamiento del reconocimiento a los programas académicos de excelencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología que recomendó brindar apoyos de posgrado en becas, proyectos de investigación e introducción al Sistema Nacional de Investigadores para la planta docente de dicha escuela. Esto, después de varios dictámenes en sentido negativo que habían sido realizados por distinguidos colegas quienes consideraron a la FCPyS no meritoria de tales distinciones.

Hoy me arrepiento de haber considerado que esa comunidad académica requería apoyos. Entre más conozco de las arbitrariedades cometidas por la actual directora y sus incondicionales, me doy cuenta de la profunda crisis que padece la UNAM en gran parte explicable por un rector ausente que ha permitido el desarrollo de una mafiosa red de complicidades, pero también de autoridades menores que no entienden la función social que estas instituciones deben ­desempeñar.

El surgimiento de las universidades en el siglo XIII representó el hecho cultural más importante de la época. Ellas derivaron de la evolución natural de las antiguas escuelas episcopales y consiguieron un alto grado de autonomía respecto al poder religioso y político vigente, hasta alcanzar su esplendor como centros de excelencia del saber y su difusión. Las instituciones universitarias en nuestro tiempo requieren de una profunda transformación. El hecho de que el próximo presidente López Obrador sea egresado de la FCPyS-UNAM, debe significar algo para renovar ese árbol torcido de nuestra cultura.

 



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