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Por seguridad nacional México debe blindar su relación migratoria y comercial con EU, país que se derechiza, plantea a Crónica Sergio Aguayo

Francisco Reséndiz | Nacional
Martes 28 de Febrero, 2006 | Hora de creación: 00:00| Ultima modificación: 03:37

Sergio Aguayo, quien hace más de tres décadas comenzó a escudriñar en los temas de la seguridad nacional de México hasta convertirse hoy día en uno de los mayores expertos del país en esta área, toma su tiempo antes de entrar en materia. Para encuadrar su análisis, lo primero que advierte es que México enfrenta el reto de mantener razonablemente blindadas sus relaciones comerciales y migratorias con Estados Unidos. Enseguida, sugiere, México debe apalancarse con Europa y Asia, pero también retomar sus vínculos con América Latina.
Investigador e internacionalista por El Colegio de México, Aguayo es implacable al censurar la estrategia en la esfera de seguridad nacional que sigue el gobierno del presidente, Vicente Fox. “México está viendo más por los intereses de Estados Unidos que por los propios”, establece este experto.
Entrevistado por Crónica, Aguayo advierte en contra de “caer en la tentación” de meter todos los problemas nacionales en la agenda de riesgos para la seguridad nacional y, de plano, propone excluir de ésta los fenómenos del terrorismo y la guerrilla, que él considera asuntos propios de la seguridad pública.
—¿Cuáles son los temas de la agenda de seguridad nacional del Estado mexicano?
—Son aquellos temas que se relacionan con la existencia misma de la nación, entre otros, la preservación del territorio, la defensa contra algún agresor externo o una aparición de enemigos internos que amenazan al Estado mexicano, es el caso del narcotráfico.
—¿Cómo definir los temas que integran la agenda de seguridad nacional?, se ha hablado del narcotráfico y la delincuencia organizada, del agua, de los bosques, del campo...
—Aquí existen criterios, el central es hasta qué punto está siendo amenazado el Estado mexicano.
—¿Cómo ve usted la seguridad nacional de México en este momento?
—Yo tengo una visión amplia que rebasa la dimensión meramente militar, de inteligencia o policiaca. Cuando empecé a estudiar la seguridad de los años 80s, a principios de esa década, la definición oficial estaba muy permeada por la lógica de la Guerra Fría.
En cierto sentido estábamos bastante cerca de la definición que se había utilizado en el Cono Sur, creo que en ese sentido los académicos que nos involucramos en ampliar o combatir la visión ultra conservadora y reaccionaria de la seguridad nacional tuvimos éxito.
Lo que hicimos fue ampliar el espectro de la definición e incluir variables que hace 25 años eran consideradas absolutamente inaceptables por el Estado y que gradualmente se han ido incorporando.
—Por ejemplo...
—El agua. En mi opinión, sí es un asunto que debe estar dentro de la agenda de seguridad nacional porque es tan grave la contaminación y serio el agotamiento de nuestros mantos acuíferos que sí existe el riesgo de que se ponga en peligro la viabilidad de amplias regiones del país, lo cual puede generar una catástrofe para la nación.
En 1990 fui compilador de un libro que, creo que fue el primero que aborda con esta perspectiva amplia de seguridad y ahí, en un trabajo académico, se trataba el asunto del agua y del medio ambiente como amenazas a la seguridad nacional y la autora incluía el caso del caudal del río Colorado.
Ella tomaba estudios para estimar los ciclos de precipitación pluvial en los últimos 140 mil años para pronosticar —eso fue hace casi 16 años— que en algún momento futuro México y Estados Unidos entrarían en conflicto porque se reduciría el caudal del río Colorado lo cual pondría en riesgo, en crisis, toda una zona agrícola muy importante de ambas naciones.
El día de hoy leía que Estados Unidos tiene problemas para cumplir con las cuotas que tiene que entregar por el río Colorado, lo cual confirma ese pronóstico, esa advertencia hecha hace 16 años de que esa agua podría bajar de nivel, por varia razones según los especialistas, pero ahí hay un ejemplo claro de la ampliación del concepto de seguridad nacional.
—¿Y el narcotráfico, la delincuencia organizada?
—Por supuesto que es una amenaza a la seguridad nacional no obstante de que aquí, ya entramos en un diagnóstico más fino y lo que puede uno cuestionar, que es mi caso, de estrategia del gobierno federal sobre el tratamiento del fenómeno de las drogas por considerar que sirve más al interés nacional de Estados Unidos que al mexicano.
Eso forma parte de una discusión de otro tipo, lo primero es definir qué temas entran o cuáles no entran, hace 25 años yo argumentaba que el autoritarismo como sistema era nocivo para la seguridad nacional por la serie de consecuencias que tenía.
—¿Entonces usted coincide con la agenda de riesgos que ha elaborado el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, que comprende el terrorismo, el narcotráfico, el medioambiente, amenazas desde el extranjero, la pobreza?
—En términos generales sí. Ya es notable que el Cisen lo incorpore ahora, cuando su antecesora, la Dirección Federal de Seguridad, en los 70s y 80s, sólo incluía como amenaza a la seguridad nacional a aquéllos que se oponían al gobierno priista. Es una evolución notable.
—¿Doctor, en este momento, me refiero al sexenio del presidente Vicente Fox, ha sido correcta la estrategia federal hacia la agenda de riesgos en conjunto?
—En términos generales suena razonable. Ya tendría uno que hacer una revisión vertiente por vertiente para valorar que tan acertadas son las medidas que está aplicando el gobierno de Fox para reaccionar ante esa agenda de riesgo.
—¿Cuál debe ser la posición del Gobierno de México, ante el extranjero, principalmente hacia Estados Unidos y Centroamérica?
—Tomando en cuenta, primero, los estándares de seguridad deben ser una materia muy flexible, entonces debe estarse adecuando constantemente ante un panorama nacional e internacional, en un flujo rapidísimo, extraordinariamente fluido y en ese sentido creo que los ajustes que se están dando en el hemisferio occidental y en el mundo obligan a un replanteamiento de la policía de México hacia el exterior.
No quiero caer en la tentación de ponerme a dar recetas porque creo que son asuntos extraordinariamente complejos pero, me parece que, como vecinos de Estados Unidos tenemos en este momento el reto de mantener razonablemente blindadas y aisladas las relaciones comerciales y migratorias, mientras que nuestra política exterior pone una sana distancia con Estados Unidos y se acerca a América Latina y se apalanca con Europa y Asia.
—¿Cuál sería la razón?
—Las razones son muy de fondo. Estados Unidos se está derechizando. Ha entrado en uno de esos ciclos que periódicamente tiene de conservadurismo exaltado y eso significa que está empezando a tener un distanciamiento cada vez mayor con América Latina, con Europa y con Canadá. Desde esa perspectiva, valga el interés nacional de México, o forma parte de esta búsqueda de aumentar los márgenes de nuestra seguridad es poner una cierta distancia y apalancarse con otros actores internacionales y en la medida de lo posible redefinir algunos aspectos de la relación bilateral.
—¿Como cuáles?
—Menciono uno, el narcotráfico. La estrategia mexicana —y esto vengo años insistiendo— tuvo sentido en los años 60 y 70 porque está muy acorde con lo que Estados Unidos necesita. Para Estados Unidos lo importante es evitar que lleguen drogas a su territorio y ese es el imperativo que los llevó en 1969 a cerrar la frontera con México para obligar a México a involucrar más activamente al Ejército para erradicar los plantíos de mariguana y amapola.
Y desde entonces, hace casi cuatro décadas de esa política, está orientada a erradicar plantíos y frenar el tráfico de narcóticos hacia Estados Unidos. Hace casi diez años vengo insistiendo que hay un error fundamental porque el consumo ha estado desatendido.
Y si uno observa las cantidades que dedica el gobierno mexicano para frenar el tráfico o la producción de droga para el consumo es ridículo. En el 2000 aproximadamente el gobierno mexicano dedicaba 850 millones de dólares para combatir producción y tráfico y sólo 26 millones de dólares a combatir el consumo.
En Estados Unidos aproximadamente la mitad de los recursos se destina a combatir consumo y la otra a combatir tráfico y algo de producción que tiene. Estas cifras duras muestran que el Estado mexicano ha identificado correctamente a la droga como amenaza a la seguridad nacional pero ha errado en poner el acento en buscar una política más equilibrada.
Apenas con Daniel cabeza de Vaca se ha empezado a tomar conciencia de que el narcomenudeo, que es el consumo, es una amenaza igualmente grave, las encuestas nacionales de adicciones de cada 5 años, muestras que se va duplicando el número de adictos a drogas duras.
Es un problema monumental, mayúsculo, que no recibe la atención debida porque México está más preocupado por atender o por seguir las estrategias de Estados Unidos que por atender o diseñar una estrategia pensada en la sociedad mexicana.
—¿Este replanteamiento de México hacia el mundo también se deriva de la situación global ante el terrorismo?
—Influye, pero evidentemente creo que el Estado mexicano tiene que comprometerse en el combate al terrorismo, de hecho ya lo hace, pero realmente para nosotros ese es un tema marginal, y no entra en la agenda de riesgo y no hay motivo para que entre en la agenda de riesgo.
Ahora, el terrorismo sí tiene que formar parte de una visión global, vamos, el reto para nosotros como vecino de Estados Unidos es mantener buenas relaciones en los temas que nos convienen y poner distancia. En fin, hay tres puntos básicos: aislar los temas como comercio y migración, redefinir la relación en otros temas como drogas o migración y simultáneamente poner distancia de Estados Unidos involucrándose en todo lo que pasa en el hemisferio y en el mundo.
—Usted recordara que se planteó la formación de un comando para América del Norte, el cual se conformaría con los ejércitos de México, Estados Unidos y Canadá ¿es una solución para la región?
—No lo creo porque nosotros no somos una potencia. Nuestra presencia en el mundo depende de otros factores y no de la presencia militar y nuestro Ejército está pensado más bien para funciones internas que externas. Se ha mencionado de vez en cuando esa idea, pero yo no la veo ni viable, ni necesaria ni que nos aportaría ningún beneficio significativo.
—Doctor, una última vertiente: La seguridad nacional desde el punto de vista interno. El asunto de la migración, de quienes nos llegan de Centroamérica, vemos a los maras, la porosidad de la frontera sur y de sus costas. ¿Qué hacer?, dicen algunos legisladores que México le hace el trabajo sucio a Estados Unidos al detener ese flujo migratorio. ¿Cómo ve este punto?
—Mire, ahí en la frontera sur, salvo el narcotráfico, el flujo de personas no lo veo como un asunto de seguridad nacional, incluso los maras tampoco los consideraría en esa categoría. Hay que resistir la tentación de meter todo en la canasta de la seguridad nacional porque hay problemas que no son de seguridad nacional.
La guerrilla en México, si tiene que ver con un tema de seguridad, pero no de seguridad nacional, por tanto no puede meterse en esa categoría. Ese es mi punto de vista, aunque hay gente que argumenta que la guerrilla que sí, que debe ser erradicada.
—¿Por qué?
—Regreso al punto de partida, en la medida en que se mete un tema bajo los parámetros de seguridad se justifica todo para combatirla y entonces ya no es la Policía Preventiva quien debe atender el asunto de los maras, sino que es la PGR o la PFP, lo que en mi opinión no se justifica, pero esa es otra historia.
—Una última, la presencia de agentes extranjeros en territorio nacional ¿sería viable permitir que estos agentes, ya se del FBI, de la DEA, de países europeos, trabajen de manera abierta en México?
—Trabajan en México. El FBI desde 1939 tiene oficinas en México, fue Lázaro Cárdenas quien autorizó su presencia. Corresponde al Congreso que se sepa el enorme tejido de relaciones que tienen las dependencias mexicanas que están dedicadas a la seguridad e inteligencia con el mundo, en particular con Estados Unidos.
En la medida en que tengamos información ya podrá determinarse cuáles relaciones se justifican y cuáles absolutamente no se justifican. Antes de dar una información sobre este terreno debemos tener mucha más información.
—¿Corresponde al Congreso definir este tema?
—Debe ser tarea tanto del Congreso como de la sociedad. Enterarse qué demonios pasa con la DEA, el FBI, con la inteligencia cubana, con todos los organismos de inteligencia que de una manera u otra trabajan en México. Nuestro país sólo tiene unas cuantas oficinas en el exterior, pero, digamos, tenemos que enterarnos mejor.

Biografía
Sergio Aguayo Quezada nació en La Rivera, Jalisco, el 10 de septiembre de 1947. Es profesor-investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México desde 1977 y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
Licenciatura en El Colegio de México. Maestría, Doctorado y Estudios Post-Doctorales en la Escuela de Altos Estudios Internacionales de la Universidad Johns Hopkins. Ha escrito docenas de libros y artículos académicos sobre seguridad nacional, política exterior de Estados Unidos, relaciones México-EU, refugiados, derechos humanos y democratización.
Entre sus libros, figuran: México a la Mano, (2003); La Charola; Una historia de los servicios de inteligencia en México, (2001); El Almanaque Mexicano, (2000);
El Panteón de los Mitos: Estados Unidos y el Nacionalismo Mexicano, (1998) (hay versión en inglés); 1968: Los Archivos de la Violencia, (1998).

 
 
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