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El narrador y promotor cultural Teófilo Huerta platica con Crónica acerca de un hecho que a primera vista parece increíble: hoy se van a reunir abogados suyos con representantes de la Editorial Alfaguara para discutir acerca de una posible demanda de plagio en contra del Premio Nobel José Saramago.
Resulta, dice Huerta, que una novela del premio Nobel José Saramago, Las intermitencias de la muerte (2005) parece haber salido de un cuento suyo titulado ¡Últimas noticias!, escrito en 1987 y registrado ante derechos de autor ese mismo año.
Teófilo cuenta que quedó anonadado cuando vio la edición de Alfaguara y que ya con el ánimo sereno planteo tres hipótesis: 1. Que “hayan contratado a un negro para escribir la novela y que Saramago solamente la hay firmado sin conocer el origen de las ideas ahí plasmadas”. 2. Que de uno de los concursos en que participó Teófilo en España, “alguien” le haya dado a Sarmago el escrito de Teófilo sin firma. 3. Que a gente de la editorial se le haya hecho fácil proponer este texto para que lo escribiera el portugués.
El escritor mexicano hizo llegar a este diario lo que él llama “coincidencias” entre su obra y la del lusitano. Son en total 19 párrafos en donde las semejanzas se pueden observar, dice Teófilo.
Comparación entre textos. Ofrecemos algunos párrafos del cuento ¡Ultimas Noticias! (1987) de Teófilo Huerta y de Las intermitencias de la muerte de Saramago (2005). Las negritas y mayúsculas en los textos son del señor Huerta.
Teófilo: “...poco a poco se empezaron a registrar desequilibrios mentales a raíz de la intensa angustia que privaba entre la gente. Los psiquiatras que ya se dedicaban a otras tareas volvieron a ser solicitados por clientes ansiosos de hallar la paz...”
Saramago: “Lo mismo les pasaba a los terapeutas de la mente que el ministerio de la salud, corriendo para imitar las disposiciones terapéuticas de la iglesia, envió para el auxilio de los más desesperados.” (p. 175)
Teófilo: “De pronto, después de quién sabe cuántos días o meses, en una ciudad en la que se construía un edificio, un trabajador, tras caer desde un piso doce, no se levantó de la acera...todos clavaron su mirada en el hombre inmóvil”.
Saramago: “En esa obra tendrá que entrar (la muerte) de aquí a dos semanas para empujar de un andamio a un albañil distraído que no se fijará dónde va a poner el pie...nuestro turno de caer del andamio todavía no ha llegado... ” (p. 242-243)
Teófilo: “Sin manifestaciones de júbilo, pero tampoco de desesperación y llanto, los seres de todos los confines acogieron la vuelta a la normalidad y, más que eso, a la naturalidad.”
Saramago: “...para festejar el ya no esperado regreso a la normalidad, lo que pareciendo ser el cúmulo de la indiferencia y el desprecio por la vida ajena, no era, en resumen, otra cosa que el natural alivio...” (p. 152). |