
|
| Veterano. Kapuscinski es una voz calificada para hablar de la corresponsalía de guerra.
|
|
|
Una labor en decadencia
Antaño ser reportero de guerra era el referente de la profesión, el máximo a cumplir en esta carrera. Ahora mismo las nuevas costumbres han condenado a muerte esta parte del oficio, según el mítico reportero polaco. De hecho, identifica a dos amenazas principales que se ciernen sobre la labor del corresponsal: el papel de los Estados como selectores de la información y la total dependencia de los profesionales a las agencias de comunicación.
Hablan los expertos
Crónica reproduce algunos fragmentos de las entrevistas que el sitio web Periodista Digital hizo a corresponsales de guerra a colación de la denuncia hecha por el reconocido escritor. La mayoría coincide con la tesis, pero también alerta que internet se ha apoderado, a través de los blogs, de ese espacio para dejar que los hechos hablen por sí mismos. Millones de reporteros sin ataduras, que dan su propia percepción de la realidad, y sin censura.
El diario El Mundo entrevistaba hace unos días al connotado periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski. He aquí algunas de las preguntas y la vorágine que desataron sus declaraciones.
—¿Es el periodismo un trabajo peligroso?
—Cierto tipo de periodismo. El de guerra es peligroso por varias razones.
—¿Cómo fueron las guerras de Irak y Afganistán?
—Son otro tipo de guerras, aunque también muchos colegas pierden la vida allí. Pero esas guerras de Irak y Afganistán son diferentes de las africanas: el Estado Mayor de Estados Unidos trata de mantener a los periodistas fuera del campo de batalla. Es una doctrina estadunidense: antes de la acción hay que limpiar el terreno, los bombardeos.
Por eso no permiten a los periodistas investigar antes. Esos periodistas están en hoteles y sólo les dan los comunicados oficiales. Eso no es periodismo. De la guerra de Irak, que fue en la primera en la que se aplicó esa doctrina, me fui, porque eso es el fin del periodismo de guerra. En esas circunstancias, el periodista no puede moverse libremente y se convierte en correo postal de comunicados oficiales.
—¿Cómo debe ser el periodista del siglo XXI?
—Se diferencia del siglo XX en el sentido técnico. Antes el periodista cuando se iba a una guerra tenía libertad para moverse. Dependía mucho de su talento, de su validez. Ahora, como tenemos teléfonos móviles o internet el jefe de redacción sabe mucho más lo que está pasando. El periodista destacado en un lugar sabe lo que ve, mientras que el jefe, que está en Madrid o Roma, tiene la información de varias fuentes. Al final, el periodista, en vez de llevar a cabo sus investigaciones, se dedica a confirmar lo que el jefe le pide desde la redacción. El sentido del trabajo ha cambiado mucho.
Reacciones. Antaño ir a cubrir un conflicto bélico suponía que un reportero se infiltrara en un país, completamente solo, y enviara sus comunicados a las redacciones. Hoy en día las guerras siguen siendo igualmente peligrosas, pero los periodistas van en la mayoría de casos con el ejército. Y no pueden ir todos los que quieran: hay un cupo limitado donde alguien elige a quiénes llevar y proteger.
Muchos de los corresponsales y reporteros de guerra consultados por Periodista Digital coinciden al señalar que el acoso a los periodistas en conflictos bélicos empezó después de Vietnam. EU se dio cuenta de la tremenda repercusión que tuvo la información sobre la opinión pública.
Diego Carcedo, que ha cubierto diferentes conflictos para distintos medios (entre los que destaca RTVE), opina que la decadencia que sufre la figura del reportero de guerra hay que achacarla a los ejércitos y a los gobiernos que se han dado cuenta del peligro de dejar andar libremente a los periodistas por un territorio en conflicto.
Manu Leguineche, veterano de los conflictos declara que “no significa que los corresponsales no mueran como chinches. Los ejércitos no impiden el peligro pero sí que coartan la posibilidad de desarrollar tu trabajo con libertad”.
En efecto, en algunos casos los reporteros de guerra han estado ahí únicamente para suscribir lo que las fuentes oficiales dicen. Y ello, obviamente, sin que deje de ser peligroso; baste recordar a Julio Anguita Parrado y José Couso, muertos en Irak y Afganistán, respectivamente, de forma trágica.
El caso más reciente, ocurrido este lunes cuando el camarógrafo Paul Douglas y el técnico de sonido James Brolan, ambos iban empotrados en una brigada estadunidense y murieron por un bombardeo.
Para el fotógrafo Ángel Colina es fundamental tener en cuenta cómo se dirigen las guerras. “Por ejemplo en Irak tienes dos opciones: o ir empotrado con los de EU o por tu cuenta, lo que es un suicidio. En este sentido ahora hay una inseguridad absoluta”.
Miriam Pedrero reportera de Telecinco que estuvo en las guerras de Kosovo y Guinea. Reconoce que, tal y como ha progresado la técnica hoy en día, “cuando estás en una zona de conflicto tienes menos información de la que llega a la redacción”. Pero no por ello ve que el periodismo de guerra peligre, ya que “tiene una utilidad más allá de la mera información
(...) El buen periodista es un testigo que debe estar pegado a la gente, no a las instituciones”, afirma.
Elemento vital.
Para José Antonio Vera, que dirigió el periódico La Razón, y ha estado en Afganistán y en Irak como informador señala: “Alguno de los procedimientos que se han empleado en los últimos conflictos no me gustan. Yo estoy más con el modelo tradicional del periodista que trabaja para el medio de una manera independiente, al margen de los planteamientos que puedan hacer las partes interesadas en los conflictos. Puede dar la sensación de que trabajan más por una de las partes que por el derecho a la información.
John V. Pavlik, director del Centro de Nuevos Medios de Comunicación de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia (Nueva York), reflexiona sobre el papel de los nuevos medios y el periodismo actual: “Internet desafía a los medios de comunicación tradicionales y obliga a los periodistas a redefinir su función en la sociedad”.
Y va más allá: “Internet no sólo da al periodismo una dimensión más atractiva, sino que permite una mayor participación del público. Ante el control a los periodistas al que someten estados y agencias de información, muchos ciudadanos de a pie han tomado el relevo en la información de primera mano y se han lanzado a contar, libres de ataduras, la guerra en primer plano. Así se conocieron las fotos de los soldados de Estados Unidos en Irak o las torturas en las cárceles de Bagdad”.
(Con información de
Periodista Digital y El Mundo) |