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Mientras Carlos Ahumada dejaba al parecer por un buen tiempo el papel principal en la vengativa obra “Los monólogos de la fajina”, en cuyo elenco fue obligatoriamente colocado por el bejaranismo (aún) gobernante en la ciudad de México, la otra parte de este enredo político-gangsteril-sentimental-videoescandaloso y explosivo, Rosario Robles, iniciaba su vida teatral con “Los monólogos de la vagina”.
Pero quien al perecer más sufrió el carácter monologante de su expresión declarativa fue el jefe del gobierno del DF, Marcelo Ebrard, quien pedaleaba muy contento en su bonita bicicleta cuando por debajo de sus narices se cocinaba la liberación del preso político cuya custodia y confinamiento le fueron encomendados por el líder, quien a estas horas debe sufrir un profundo dolor hepático.
La exoneración de Ahumada prueba muchas cosas, pero la principal de ellas es la forma aleve y corrompida como Andrés López utilizó a la Procuraduría General de Justicia del DF —cuya última muestra de brutalidad fue vista por televisión durante la efímera reaprehensión de Ahumada ayer por la mañana— y el papel tan fracasado del jurista con amnesia, Bernardo Bátiz, hasta la fecha integrante del gobierno legítimo del señor López.
No halla Bátiz sino decir en cuanto se entera de los hechos:
“Ahumada sirvió a los intereses del Gobierno de Fox y por eso lo han protegido, porque les sirvió para golpear al Gobierno del Distrito Federal, que estaba teniendo mucho éxito, y él se prestó, ayudó y colaboró, y por ahí podría ser que le ayudaron, y lo demostraron, por eso reitero que pereciera que otra vez lo están ayudando y por eso salió libre”.
Más allá de la blandura facilota de estas expresiones del “maestro” Bátiz (seguro celebró su día el pasado tres de mayo), una cosa queda en claro en el trasfondo: el carácter político no sólo del origen de todo este enredo, sino la forma como Ahumada fue el único pagador en el estrépito de la vajilla.
Es cierto el golpe dirigido a López desde el gobierno para usar las exacciones sufridas por Ahumada como evidencias de corrupción, pero es igualmente verdadero el oscuro origen de los donativos y su inextricable destino.
René Bejarano fue el autor intelectual y material del fondeo ilegítimo para cuya compensación Ahumada y los delegados del GDF destinaban partidas por obras inexistentes. También es cierto el romance de novela rosa con final de tragedia griega entre Rosario Robles y Carlos Ahumada.
En todo este asunto oscilante entre la telenovela y la conjura, no hay un solo personaje a salvo, ni siquiera quienes le quisieron construir a Ahumada un muro de papel periódico desde el cual pudiera defenderse con un diario supuestamente independiente a su mando y servicio cuyos directores o saltaron del buque en la marejada o quisieron alzarse a fin de cuentas con el santo y la limosna.
Ahumada exonerado es un golpe brutal para López. De sus palabras depende mucho el futuro de muchas cosas en la izquierda, pero es indudable su reticencia a hablar. Lo hará con sus amigos y con aquellos cuyo afán fue verlo en la cárcel y hablar con él para fines de publicación, pero no les va a decir nada. Su vida depende de su silencio, como cuando estaba preso.
La “calentada” final fue ayer por la mañana, cuando una invocada orden de presentación se convirtió en último recordatorio y primera advertencia en este caso.
Más de mil días de injusta prisión. Mil 131 jornadas de vivir en la enfermedad, el miedo y el amago. El apando, la fajina, la fuerza institucional del gobierno de la ciudad al servicio de la vengativa Revolución Democrática en todo su esplendor.
Y lo notable del día: la expresión de sorpresa de Marcelo Ebrard. ¿Cómo? Pues así.
racarsa@hotmail.com |