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La noticia es que la Comisión Antimonopolios envió ésta semana una carta a las mil empresas cableras del país para que le informen si Cablevisión —la empresa subsidiaria de Televisa que ofrece televisión de paga por cable— les está permitiendo acceder a su programación e infraestructura libremente y sin obstáculos.
Pero el peligro subyacente es que si Televisa no está cumpliendo con las condiciones que le impuso la Comisión Antimonopolios ésta no autorizará la compra de Cablemás y eventualmente de Bestel.
Esta última tiene una enorme importancia estratégica para Cablevisión porque Bestel tiene más de 8 mil kilómetros de fibra óptica que fortalecerían a la empresa de Televisa para participar en el negocio del triple play.
Por lo pronto, la Comisión Federal de Competencia, que preside Eduardo Pérez Motta, está tomando sus previsiones para conocer de viva voz por parte de los involucrados en el negocio de la televisión por cable, si Cablevisión está cumpliendo con las condiciones que le impuso el organismo para procurar una mayor competencia en ese mercado.
Hay que recordar que recientemente Televisa solicitó autorización al zar antimonopolios para la compra por parte de Cablevisión de dos empresas cableras: TVI y Cablemás.
Más recientemente anunció la intención de compra de Bestel, aunque ésta todavía no la notifica —por lo menos hasta ayer— a la Comisión Federal de Competencia.
La CFC advirtió que autorizaría las operaciones de compra de TVI y Cablemás, siempre y cuando Cablevisión cumpliera con lo que en la jerga técnica de las telecomunicaciones denominan como: must carry, must offer y must give.
Sin embargo, a pesar de que la Comisión Federal de Competencia extendió un plazo de 90 días a Cablevisión para que cumpliera e informara del cumplimiento de estas condiciones al organismo, la compañía de televisión por cable todavía no informa del cumplimiento de las mismas.
Por eso es que el semáforo de la Comisión Antimonopolios está en amarillo y a punto de pasar a rojo para el caso de Televisa y su intención de comprar Cablemás.
Por la misma razón está en peligro la autorización también de la CFC para que Cablevisión compre otra compañía denominada Bestel, como recientemente lo anunció y en la que invertirá poco más de 300 millones de dólares.
Y es que la empresa de Emilio Azcárraga Jean todavía no comprueba que está cumpliendo con las exigencias de la Comisión Federal de Competencia de ofrecer su programación a todas las empresas cableras y subir la programación de aquellos que lo deseen a Cablevisión.
Al zar antimonopolios, en términos generales, le parece adecuado que se esté consolidando la atomizada industria de la televisión por cable, que a la fecha está integrada por alrededor de mil empresas.
Le parece bien que se integren dos o tres grupos de cableras que puedan competir con Telmex, para participar en el negocio del triple play, aquél en el que una sola empresa puede ofrecer servicios de voz, telefonía y datos.
Sin embargo, la CFC tiene claro que es necesario primero que Cablevisión cumpla con las condiciones de fomento a la competencia y abra sus contenidos e infraestructura para el resto de sus competidores.
Lo que pretende la Comisión Antimonopolios es que Televisa no utilice su dominancia en materia de contenidos y distribución para discriminar y obstaculizar el acceso a otros participantes.
Lo cierto, dice Pérez Motta es que a la fecha existen muchas quejas ante la CFC en torno a la negación de contenidos y a la práctica de empaquetar los mismos por parte de las empresas de Azcárraga Jean.
Por eso será importante la respuesta de los cableros, a los que ya les envió una carta para pedirles información respecto del comportamiento que está teniendo Cablevisión en la materia.
El plazo de 90 días que tiene Cablevisión para comprobar su buen comportamiento en materia de competencia vence a fines del próximo mes noviembre.
WI-MAX, NI TELMEX NI CABLERAS PODRÁN PARTICIPAR. Para la Comisión Federal de Competencia, en el negocio de Wi-Max, no podrán participar ni Teléfonos de México ni las cableras.
Quienes participen en ese negocio tendrán que ser empresas independientes.
Es decir deberán ser redes independientes y sin propiedades cruzadas.
Tal y como ocurrió en el caso de la Convergencia Tecnológica que separó la propiedad de negocios de telecomunicaciones y obligó a Carlos Slim a salir del consejo de administración de Televisa, así será en el caso del negocio de Wi-Max.
En el diseño de las bases de licitación de Wi-Max deberá participar la Comisión Federal de Competencia.
Y aunque le corresponde a la SCT decidir sobre la política de licitaciones, es a la Comisión Federal de Telecomunicaciones a la que le corresponde ejecutarlas.
ANECDOTARIO. Por cierto que en el mundo de las telecomunicaciones se rumora que la familia que encabeza Joaquín Vargas se apresta a concretar una alianza internacional, precisamente para entrar al negocio del Wi-Max. ¿Con quién firmarán los Vargas, con melón o con sandía? Por lo pronto suenan dos poderosas compañías: Comcast y Dish. Al tiempo.
marcomares@prodigy.net.mx |