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Durante su campaña del 2000 en busca de la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador acuñó el lema de “honestidad valiente”.
Y ya como jefe de Gobierno y al mismo tiempo precandidato a la Presidencia de la República, se cobijó en la bandera de “primero los pobres”.
Al paso del tiempo demostró que con su conducta no honró ninguno de los dos lemas y que el segundo de ellos bien podría convertirse en estos momentos en
“primero los perredistas”.
Eso fue lo que demostró durante su accidentada visita a un sector del devastado territorio de Tabasco, su estado natal, para repartir ayuda a los damnificados por las inundaciones.
No se puede hablar de honestidad valiente cuando López Obrador, sin cargo público alguno, presiona a las autoridades del Gobierno del DF para que repartan la ayuda sólo a los damnificados de los municipios gobernados por el PRD.
Las 220 toneladas de enseres que el GDF repartió entre los damnificados perredistas no eran suyas ni eran de López Obrador. Eran producto de la disposición de los ciudadanos capitalinos, que acudieron a los 40 centros de acopio instalados en la ciudad de México.
El reparto de la ayuda sólo en los municipios perredistas de Macuspana, Huimanguillo, Nacajuca, Cárdenas y Jalpa no es honestidad valiente, sino una burla a la buena voluntad de los miles de capitalinos que acudieron a los centros de acopio a donar enseres.
Al pintar de amarillo esa ayuda por instrucciones de López Obrador, el GDF que encabeza Marcelo Ebrard contribuye a darle la razón a muchos capitalinos que se resisten a donar, porque el apoyo que la ciudadanía otorga para los damnificados de desastres, no siempre es usado en forma transparente.
López Obrador se tardó una semana en acudir a su estado para respaldar a sus paisanos, y lo hizo de manera accidentada, en un viaje de ida y vuelta que le valió abucheos cuando intentó realizar un mitin político en medio de la desgracia.
Cuando el pasado 2 de noviembre, la periodista Carmen Aristegui le preguntó por qué no había ido a Tabasco, López Obrador respondió palabras más palabras menos que el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, ya había dispuesto el envío de ayuda para los damnificados.
Con esa respuesta, el ex candidato presidencial dio a entender que Marcelo Ebrard no es más que un subordinado suyo, como lo fue su antecesor, Alejandro Encinas, a quien obligó a respaldar, con recursos públicos, un mega plantón en Paseo de la Reforma que afectó a millones de capitalinos.
López Obrador no es el profeta de los pobres que nos ha querido vender. Con sólo una acción de gobierno, la construcción de los segundos pisos, demostró la falsedad de sus lemas de “honestidad valiente” y “primero los pobres”.
Reservó la información financiera por 10 años, como si los datos sobre quién realizó las obras y cuánto costaron comprometieran la seguridad nacional o la seguridad personal de los gobernantes.
Si se cometieron delitos en torno a la construcción de los segundos pisos lo sabremos dentro de 10 años y quizá para entonces ya habrán prescrito.
“Primero los pobres”. ¿De qué les sirven a los pobres de la ciudad de México unos segundos pisos que supuestamente desahogan el tránsito en la zona sur, que es en donde viven quienes tienen un poder adquisitivo más elevado?
Si había la intención de atender las carencias de los pobres, los recursos gastados en esas obras de relumbrón pudieron haberse invertido en llevar agua a las colonias que carecen de ella.
O se hubieran canalizado a dar mantenimiento al Metro, sistema de transporte colectivo que falla un día sí y el otro también, por el abandono en que lo tuvo el gobierno de López Obrador.
Si al político tabasqueño le hubieran importado los pobres hubiera invertido más recursos en los hospitales que dependen del gobierno capitalino, los cuales se encuentran en una situación de vergüenza debido a un mal aplicado programa de gratuidad.
A López Obrador no le interesan los pobres, le interesa el poder y en su afán de alcanzarlo es capaz de todo, hasta de lucrar descaradamente con la desgracia de Tabasco al partidizar la ayuda que aportaron miles de capitalinos de buena fe.
OFF THE RECORD
La Cámara de Diputados está hecha bolas con la elección de tres consejeros del IFE. El PRI y un sector del PAN pretenden impulsar a Jorge Alcocer como nuevo presidente del Instituto, a lo que se opone el PRD.
Si los perredistas logran bloquear a Jorge Alcocer, quizá los más agradecidos deberían ser los priistas y panistas, porque de poco servirá tener un nuevo presidente del IFE, que sea objeto de cuestionamientos durante todo su mandato por el conflicto de intereses en que incurriría.
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