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Los resultados obtenidos por nuestro país en el desempeño académico de los estudiantes de 15 años en la prueba PISA 2006 instrumentada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) —que evidencian su bajo rendimiento y colocan a México en los últimos lugares— ciertamente demuestran, como punto de partida, que se requiere un esfuerzo mucho mayor a las once acciones estratégicas anunciadas por la SEP para revertir y mejorar los niveles de calidad en asignaturas básicas (matemáticas, lectura y ciencias), fundamentales para la calidad de la educación de nuestros jóvenes y de nuestras futuras generaciones.
Por supuesto que es importante —diríase elemental— que el gobierno Federal asuma una responsabilidad, pero ésta necesariamente tiene que ser puntual ante estos resultados. Está claro que si México quiere tener una mayor competitividad mundial, es fundamental revertir ese rezago en materias como matemáticas, ciencias y lectura.
Sin embargo, no se puede hacer exclusivamente a la luz de los resultados de las evaluaciones. No podemos dejar que la evaluación en sí misma sea el componente que determine un nuevo modelo educativo que la propia OCDE y los países más desarrollados e importantes sectores del mercado, están requiriendo de México. Para revertir el bajo desempeño de los alumnos mexicanos es indispensable —en todo caso— que se abra un debate nacional en el que todos los actores sociales participen en el mismo, como lo ha reconocido Josefina Vázquez Mota, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Por supuesto que nadie puede estar en desacuerdo con el propósito de elevar la calidad de la educación. Desde distintos frentes, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación a través de su IV Congreso Nacional de Educación, los padres de familia, los medios de comunicación hoy más que nunca atentos al desempeño y el desarrollo del sistema educativo; el sector privado mucho más comprometido con elevar los niveles de calidad educativa en el país y, por supuesto, las autoridades en los tres niveles de gobierno, principalmente en el estatal y el federal, como responsables del modelo educativo, las políticas educativas y el desarrollo del sistema educativo en nuestro país.
De tal forma que, en la ruta que se debe seguir para posibilitar la concepción de una verdadera reforma integral de largo alcance, es necesario que ésta se circunscriba dentro de un marco de un diálogo abierto y transparente. Es obvio y fundamental que la SEP, como los demás actores de la vida educativa en nuestro país, asuman plenamente el compromiso de hacer evaluaciones, de ser evaluados y que este mecanismo se traduzca en una cultura permanente, sistemática y objetiva en el desempeño educativo.
Si bien, los resultados de las evaluaciones son estratégicos en la búsqueda de políticas públicas y pedagógicas que mejoren la equidad en la distribución de oportunidades de aprendizaje, ello no significa que asumamos como país un modelo educativo traído de fuera sin emprender un debate público. Es responsabilidad política de la SEP, definir cuál es la posición institucional con respecto a los modelos educativos que hoy forman parte del diálogo mundial, del que México es parte también.
Es fundamental que se tenga un plan hacia futuro, y en este sentido la autoridad educativa federal tiene que decirnos —a la sociedad— no solamente las metas a las que se aspiraran, sino cómo se pretende llegar a dichos objetivos para no generar falsas expectativas y poner una carga de presión sobre ciertos actores del sistema educativo, por ejemplo los maestros, sin dotarlos de los instrumentos para lograr esas metas. De lo contrario, corremos el riesgo de perder otro sexenio más.
No solamente necesitamos que haya claridad de parte de la SEP en cuanto a cómo, reitero, se piensa lograr esas metas tan ambiciosas en los términos de los resultados de PISA que presentó el presidente Felipe Calderón y que retomó la secretaria de la SEP, Josefina Vázquez Mota. También es muy importante, y no hemos conocido la fecha, que se haga un análisis crítico, a la luz de los resultados de PISA, de lo que ha transcurrido en los últimos años evaluados por PISA.
En este contexto, sería pertinente conocer cuál es la posición de la SEP con respecto a los logros, las limitaciones, los éxitos y los fracasos de la política educativa en los últimos seis años por parte del gobierno federal y de los gobiernos estatales.
Y dado que ese análisis crítico no se conoce, parecería que nosotros estamos en donde PISA nos dice que estamos sin saber cómo llegamos ahí. Falta, entonces, mucho análisis y una posición clara de parte de las autoridades educativas de por qué estamos en los niveles en los que estamos hoy en día y cuál es la responsabilidad de los distintos actores, empezando por el gobierno, que es la máxima autoridad responsable de la educación en nuestro país.
Así, como se reconoce que existen diferentes actores interesados en elevar la calidad de la educación; el análisis crítico debiera comenzar reconociendo también, que la actual situación en la que se encuentra el Sistema Educativo Nacional, se debe a una multiplicidad de factores en distintos niveles del mismo Sistema, y no responsabilizar a un solo actor. Esto sin duda sería el principio de un análisis serio, para la necesaria construcción de la reingeniería del Sistema Educativo en México.
Hoy más que nunca está claro que las políticas educativas son y deben ser de largo plazo porque el desarrollo de un país en materia educativa no va a cambiar bruscamente, ni hacia abajo ni hacia arriba, si no hay políticas de Estado que trasciendan a los ciclos administrativos de gobierno.
Se tienen ya dos administraciones sucesivas de un mismo partido, mismas que se extienden por siete años, más otros cinco años más, con lo que debería ya darse lugar a una política de largo plazo en materia educativa.
¿Quién tiene que hacer un primer análisis objetivo de lo que se hizo bien en los últimos años y qué tiene que cambiar, especialmente si el gobierno del presidente Calderón se ha fijado metas tan ambiciosas en términos de los resultados de PISA para finales de este sexenio?, es la pregunta que habría que plantearse al final de estos doce años de gobiernos encabezados por el PAN.
En el marco de evaluaciones en el que hoy estamos como país, es claro que necesitamos invertir en una mejor formación, capacitación, actualización permanente de los maestros. No se puede dejar de lado el hecho de que en los últimos años ha habido una transformación tecnológica en el ámbito del conocimiento impresionante que impacta definitivamente en el ámbito educativo.
En este sentido, no se le puede exigir al maestro que esté en condiciones de enfrentar las nuevas tecnologías, los nuevos instrumentos del conocimiento, si no se le da por lo menos una capacitación y una formación para los nuevos tiempos.
En todo caso, esa es una de las lecciones a partir de los resultados de PISA y de las evaluaciones en general: no sólo es indispensable la actualización de los maestros para las nuevas condiciones del siglo XXI, sino que —en el establecimiento de un nuevo modelo educativo— se abra el debate en el que, sin exclusiones, se incorporen al debate a todos los sectores de la sociedad.
emilio.zebadua@hotmail.com |