
|
| Adiestramiento. Los hombres piensan más en balas y armas.
|
|
|
(Tercera y última parte)
Cuando se veía al espejo, no se le ocurría otra cosa que pensar en incorporarse a la policía. "Anda, ve, tienes buen cuerpo para los porrazos", le decía su hermano.
Pero un día llegó a casa con un anunció inesperado: "Voy a ser guarura"...
Había leído el anuncio en un espacio perdido del periódico con los siguientes requisitos: "Se solicita mujer para servicio de guardaespalda: dinámica, valiente, corpulenta, estatura mínima de 1.68 y 70 kilos de peso. Experiencia no necesaria".
Pensó que la estaban describiendo y no se equivocó. Carola Martínez fue elegida para conformar el staff de escoltas de un prominente banquero en el Distrito Federal y cuenta que en seis años de servicio no ha sido necesario el adiestramiento en uso de armas.
"No disparo ni los chicles", bromea.
Su labor es más estratégica: diseño de rutas, estudio de escenarios y análisis de movimientos.
Esta es la apuesta actual de las empresas de seguridad: la incorporación masiva de mujeres al mundo de la protección personal.
Mario Falcón, presidente de la Sociedad Interamericana de Guardaespaldas (SIAG), ha dejado en su esposa las tareas de planeación y táctica. "Somos un equipo".
"La nueva generación de guardaespaldas necesita de mujeres —dice Julio César García, titular de la Sociedad Mexicana de Guardaespaldas (SMG)—, porque en el caso de la protección de esposas o hijas de ejecutivos, hay lugares donde los hombres no pueden entrar. Y el escolta debe seguir a su protegido hasta en el baño".
García sólo conoce a cinco mujeres guaruras en la capital, que custodian a ejecutivos bancarios o líderes en telefonía. "Todas se ajustan a la etiqueta de feas, pero son más disciplinadas: se dedican a esto porque les gusta, no por obligación. Tres de ellas son cinta negra".
Alberto Covarrubias, presidente de Grupo Haka, compañía dedicada a la seguridad y asesoría en contratación de escoltas, señala que el 99% de esta actividad es trabajo de prevención y planeación, "por eso las mujeres la pueden ejecutar con eficacia y muchas veces mejor que los hombres, pero, especialmente con ellas, los salarios son muy bajos".
Así ocurrió en el caso de Sonia Peralta, elemento de la Agencia de Seguridad Estatal (ASE) del Estado de México. A finales de marzo participó en el proceso de selección de guardaespaldas de los tres hijos del gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto. Estuvo entre las mejor calificadas en los exámenes psicológicos, médicos, pánel de drogas, manejo de vehículos y armas, por lo que fue seleccionada.
—¿Y cuánto voy a ganar? —preguntó.
—Pues los mismos 6 mil pesos que ganas en la corporación —le dijeron.
"Tenía que pasar casi todo el tiempo con los hijos del gobernador, ya no iba a tener vida social. Otra compañera se había salido de ese grupo porque no tenía ningún incentivo, ni para uniformes, así que preferí quedarme donde estaba. Si iba a ganar migajas, ¿para qué exponer la vida?".
Mes y medio después celebró por partida doble su decisión: el 11 de mayo de 2007 cuatro integrantes de ese equipo de escoltas, el de los hijos de Peña Nieto, fueron ejecutados en Veracruz.
A diferencia de ellas, dice el presidente de la SMG, los hombres piensan más en balas y armas: "Hay quien se enfurece porque en los primeros niveles de cursos se entrena con pistolas de gas; desde el primer día quieren usar rifles y metralletas, pero las sociedades de guardaespaldas no estamos para formar gatilleros, sino protectores".
Los filtros. ¿Cómo evitar la formación de sicarios?... Se trata de un fenómeno advertido ya por dirigentes de escuelas y sociedades: delincuentes o matones al servicio de narcos, cuya intención es capacitarse o "refrescarse" (como se dice en el argot guarro) en manejo de armamento o explosivos, cómputo, contrainteligencia, tecnología satelital, identificación de llamadas, rastreo de micrófonos y cámaras IP, aspectos incluidos en actuales programas de adiestramiento.
De ahí la aplicación de filtros y requisitos especiales: carta de no antecedentes penales, credencial del IFE, comprobantes de estudios (cuyo promedio entre los guardaespaldas es de primaria) y domicilio, pasaporte, licencia de conducir y de portación de arma, cartas de recomendación, aprobación de exámenes psicológicos y en el caso de quienes provienen de alguna corporación, documento que lo acredite en el departamento de escoltas.
Pese a los candados aplicados en la SMG y la SIAG, el presidente de Grupo Haka, Alberto Covarrubias, alerta sobre el descontrol en la materia por parte de autoridades.
"La formación de guardaespaldas es una moda, pero pocas compañías abordan el tema con seriedad; hay una bola de empresas patito que no están registradas en ningún lado, ni siquiera en las Secretarías de Seguridad Pública, lo que debería ser indispensable".
Asegura que tan sólo en el DF hay 10 mil empresas de este tipo, pero más del 80% operan en la clandestinidad, "lo que buscan es ganar dinero y lucrar con la demanda pública de seguridad. En estas empresas hay un 150 por ciento anual de rotación entre su personal, no hay un padrón establecido, los supuestos escoltas entran y salen, sin la mínima lealtad. Ya hasta en Conciliación y Arbitraje se abrió una ventanilla especial".
A nivel nacional se calculan 22 mil, pero solo entre el 15 y el 20 por ciento están registradas.
"Hay muy pocos instructores instalados, pagando impuestos —admite Mario Falcón—. La SIAG imparte la capacitación en un complejo con gimnasio para tatami, polígono para tiro con aire, área de simulación, salón de clases con equipo de producción, área para manejo y frenado de emergencia, pero hay otros que adiestran en la calle o en un parque sin la infraestructura necesaria para garantizar la calidad de los elementos".
Aunque las Sociedades Mexicana e Interamericana intentan cerrar el paso a delincuentes, sus cursos son breves: van de 4 a 10 días y cuestan entre 18 y 36 mil pesos.
En la SMG un novato tendría que desembolsar durante seis meses 5 mil pesos. Y los afiliados están obligados a pagar una membresía anual (mil pesos), una cuota mensual (500 pesos), credencial (100 pesos) e inscripción (mil 600 pesos).
"Ya en la práctica —describe Covarrubias—, los guaruras se andan durmiendo, porque están sobretrabajados: sus jornadas son de hasta 16 horas. No tienen vida personal ni tiempo para ejercitarse. Por más rambos que sean, se doblan.
Y viven, dice, endrogados, "porque ven casotas, comidotas, carrazos, tanta opulencia y derroche, que se les antoja y se endeudan hasta las chanclas".
Por eso, recomienda: "Sólo si la persona es una gran y asediada figura pública, o si tiene un trabajo sumamente arriesgado, vale la pena contratar a un guardaespaldas, si no es el caso, para qué farolear. Más vale una vida tranquila que atraer los escándalos que implica el mundo de los guaruras"…
|